Y de regalo… ¡un vibrador!
Pasé hace un rato a la oficina de una amiga a recoger unas carpetas que necesito. Bajamos a que la pobre se fumara un cigarro porque ya se le cocían las habas. En el elevador, nos encontramos con una mujer que me odia, me odió desde la despedida de soltera de mi amiga. A decir verdad, ésta última estaba muy nerviosa el ese día porque no estaba segura si era buena idea mezclar su grupo de amigas, carnalas de la vida (o sea mis amigas y yo) con el de su oficina y las invitadas de a huevo como las hermanas y primas del novio. Pero la cosa es que todas nos juntamos, yo ignoraba que ahí estaría su runfla de amigas y futuras parientas ñoñas. A la mentada hora de la entrega de regalitos, que si las cazuelas, que si el tostador, que si el jueguito de baño, etc. pues a mí se me ocurrió hacer entrega de una hermosa caja dorada que poco a poco fue abriendo mi amiga hasta descubrir que era un vibrador. Sí, ella me había dicho que le gustaría usar uno, y que voy y que se lo compro. Además, no era la primera vez que regalaba uno y siempre habían sido muy bien recibidos. Pues ella se puso de todos colores cuando lo descubrió y empezaron las risitas y el ¡ooooh! Pues ya pasó la cosa y después de la entregadera de presentes, continuó la cena, ñoña, ñoña. Y ahí deglutiendo no sé que manjares, la tipa del elevador de hoy, le comentó a otra chava (igualmente estirada y anorgásmica), ‘Oye qué mal gusto de la tipa esa que le trajo un vibrador’. Yo claro, escuchando y junto a mis amigas que son todas unas fieras, me di la vuelta y le pregunté ‘¿Por qué mal gusto? Es un vibrador bastante caro y de buena marca’. Y ella, medio escupiendo el bocadillo y con el ojo pelón, contestó ‘Porque se va a casar, ¿cómo le das eso? Además es de mala educación’. Pregunté, ‘¿Para quién? ¿Para ti? Además el que se vaya a casara no la priva de algún día querer masturbarse pero por encima de todo, créeme que le va a servir en su luna de miel. Ya verás lo bien que se la pasa con su marido y él, vibrador en mano’. Ya no contestó.
La popularización y normalización del uso de los juguetes sexuales como complemento en las relaciones está provocando que ya no sea motivo de mosqueo el hecho de que se utilicen como objeto de regalo, aunque los haya que sigan reaccionando ante estos artilugios con la misma alegría que cuando tu pareja te dice “tenemos que hablar”. “¿Para qué diablos necesitaré yo un estimulador del punto G?”, “¿tan necesitado se me ve?” o “esto no me lo meto ni loca” suenan en más de una cabeza, llegado el momento. En otros ambientes, en cambio, estos regalos suelen ser muy celebrados. Pero nunca falta la metiche que no es ni siquiera a la que se le da el regalo y se ofende como si lo fuera. Eso hizo que la mujer esta hoy no pudiera ni siquiera saludarme. Digo, ¿Por qué el trauma?
posted Miércoles, Enero 28th, 2009 at 18:42 en Juguetes y Artículos eróticos. Commentarios RSS 2.0.
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