Mujeres explícitas
Por muchos siglos a las mujeres se no prohibió socialmente hablar de sexo, se consideraba inapropiado, pecaminoso, muestra de una mala reputación, una pésima educación y poca clase. Y aunque siempre nos las arreglamos aún en las épocas más remotas, es hasta ahora que realmente nos sentimos en completa libertad de relatar nuestras experiencias ya sean de una noche o de una relación de años y en ocasiones con tantos puntos y señas que todas conocemos a la perfección el tamaño de pene, desempeño sexual, gustos y aficiones de cada uno de los hombres con los que andan nuestras amigas (o con los que se han encamado).
Por obvias razones a mí me llega más información, sobre todo de manera privada ya que entre amigas aunque estemos en la tertulia más íntima y platicando a ‘calzón quitado’, pocas serán las que destapen lo que ellas consideran una disfunción o problema importante en sus genitales y los de su pareja, así como en el desempeño de ambos. Es así que estoy tan acostumbrada que ya no me causa el menor empacho y donde obviamente trato de dar una opinión más que de amiga, de profesional.
No obstante, eso me ha llevado obviamente a tener pláticas igualmente explícitas con hombres y les juro que les cuesta más trabajo expresarse. Además, te das cuenta que entre ellos no se cuentan tan detalladamente las cosas. Tal vez digan o mientan que se acostaron con alguna chava y que si le hizo tal o tal pero las mujeres, entre mujeres, no saben cómo podemos llegar a ser detallistas con cada paso a paso de la relación. Incluso, exaltando de más algún ‘poder’ del hombre en cuestión o dejando a nivel de la caca sus genitales o sus prácticas. Y a veces, pese a dedicarme a lo que me dedico, no puedo evitar ver al chavo de alguna amiga con otra perspectiva una vez que sé sus múltiples pros y contras en la cama.
Y justo aquí es donde entra un debate “Los hombres que hablan de sus experiencias sexuales con otras mujeres por lo general se les considera patanes, ojetes… y se recalca que ‘un caballero no debe tener memoria’, debe guardar lo más posible la prudencia antes de atreverse a manchar la reputación de una dama” Pero, peeeeeeero ¿Qué hay de las mujeres que dan fe -con toda minuciosidad- de los ‘quehaceres’ de un hombre en la cama? Ellas también pueden afectar su reputación, lastimarlos en su autoestima, dejarles una huella nada grata. ¿Cómo podemos llamarlas?
No negaré que entre amigas es una plática que se disfruta, que nos da interminables horas de risas y sensación de confidencialidad pero ¿hasta qué grado podemos afectar a alguno de nuestros protagonistas de relato?
posted Lunes, Junio 29th, 2009 at 13:28 en Chismógrafo de la comunidad. Commentarios RSS 2.0.
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