Desde que la adopción por parte de parejas homosexuales comenzó a vislumbrarse en muchos países, muchos de ellos reclamaron el derecho de tener hijos de su carne y de su sangre. Proyecto: hijo. Ya sea cobijados por la ley u otros ‘métodos’. ¿Sucederá este fenómeno en México en algún momento?
En países como Estados Unidos e Inglaterra se ha convertido en una carrera, en el modus vivendi donde la única materia prima es un cuerpo sano. Las ‘surrogate mothers’ prestan su vientre a parejas heterosexuales con problemas de procreación o bien a homosexuales. Aquellos en búsqueda de rentar un vientre, pueden recurrir a agencias especializadas o hacerlo de manera particular. Center for Surrogate Parenting, la agencia privada más grande y con mayor experiencia en el mundo, con sede en California; por primera vez proveyó un hijo biológico a una pareja gay en 1989.
Para ellos la base de pensamiento radica en que el óptimo desarrollo de un niño depende de las relaciones entre padres e hijo y de ambos como pareja sin importar la orientación sexual de éstos. Incluso, subrayan las opiniones de la Academia Americana de Pediatría sobre las similitudes en el desarrollo psicológico de los hijos de heterosexuales y homosexuales. Por otro lado, en la actualidad entre seis y catorce millones de niños viven con al menos un padre homosexual en Estados Unidos.
El proceso de esta cigüeña empresarial –que ha creado más de 1000 bebés en vientres alquilados- comienza por reuniones con especialistas, incluidos abogados y psicólogos; se definen las opciones gestacionales y de donaciones de espermas y/u óvulos según sea el caso. Se determinan las características de la madre de alquiler, el tipo de contacto que se tendrá con ella y el asunto legal y financiero.
La selección de la surrogate mother es minuciosa; la agencia suele aceptar sólo entre seis y ocho mujeres entre cerca de 400 aspirantes. Exigen que deben ser mayores de 28 años, madres (deben haber vivido un embarazo al menos una vez), casadas y haber sido sometidas a exhaustivas pruebas psicológicas y médicas. Posterior a esto, la pareja elige entre el exclusivo catálogo a su madre ideal.
La fecundación se realiza ya sea por inseminación artificial o por desarrollo in vitro. La pareja se mantiene en contacto con la madre, participan en las consultas médicas y presencian el nacimiento de su hijo para después llevárselo a casa. La legalidad que circunda todo el evento impide que ella pueda reclamar la maternidad del bebé y deberá conformarse con recibir cartas o fotografías bajo el consentimiento de los padres legales.
Los costos totales ascienden a 65,000 dólares donde la madre recibe poco más de 20,000 y el resto se destina a médicos, seguros, abogados y claro, la comisión de la agencia. En el caso de haber elegido el modo tradicional o de inseminación artificial, la surrogate mother se convierte además en donante de óvulo, la mitad del hijo; por lo que sus honorarios ascienden a 30,000. Dados los costos y el procedimiento muchos optan por conseguir un vientre de alquiler de manera privada. Aquí comienza el lado oscuro, el laberinto de la ilegalidad, los fraudes y los abusos.
Pero ¿qué pasa al margen de la ley? ¿Qué pasa cuando no se tiene esa cantidad de lana? Volveremos en otro post con eso.
posted Martes, Enero 12th, 2010 at 1:04 en Investigaciones/Estudios, Mundo Gay. Commentarios RSS 2.0.
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