Los Panchos hace una década

Ya que hablábamos ayer del amor a distancia, no podemos dejar a un lado el sexo telefónico y vía Webcam. Jamás sustituirá al presencial, al menos en una persona con las tuercas bien puestas en el cerebro pero a muchos emociona esa sensación de adrenalina compartida. Es obvio que dadas las circunstancias más que sexo es una masturbación compartida y motivada con las palabras y descripciones de la contraparte. En ningún caso podemos elucubrar en la idea de que realmente hay una conexión real. Está simplemente aderezado de fantasía. En ocasiones no queda de otra. ¿Lo han intentado? ¿Al menos vía Messenger? Una ocasión le recomendé a una amiga que hiciera esto con su otoñal ligue español con el que pasaba horas al teléfono. No tenía Webcams así que le recomendé el Messenger. Yo lo he usado una que otra vez para decirle cosas calenturientas al Sr. Elsy pero nunca ha pasado de decirnos frases de deseo muy al estilo ‘dirty-talk’. Y más que excitante, resulta divertido. Aunque no hemos llegado a ya tener ‘la relación’ por esta vía. La cosa es que mi amiga lo hizo, ella sí pensaba describir tecla a tecla lo que iba haciendo y sintiendo. Y su interlocutor enamorado igualmente le relataba la parte del cuerpo que supuestamente le tocaba y ella (quien debía con propia mano ejecutar lo que él solicitaba) narraba las sensaciones y viceversa. Un buen día el amable forastero le confesó que en realidad sólo escribía, nunca se tocaba cuando era su turno y ella se sintió la más babosa del mundo recordando su performance a solas.

Triste es. Pero hay quienes se ocupan de dar soluciones. Una empresa británica está buscando parejas como conejillos de indias para probar un invento que permite el sexo a distancia. Mediante cámaras, luces artificiales y computadoras, dos personas pueden tocarse y acariciarse a distancia. El inventor de este complejo sistema, bautizado por su responsable como ‘Mutsugoto’, es el artista contemporáneo japonés Tomoko Hayashi. Inspirado, sin duda, por el espíritu multidisciplinar de Leonardo da Vinci, la obra del señor Hayashi se presentará el próximo mes de agosto en el Festival de Edimburgo y funciona de la siguiente manera: las parejas, separadas y recostadas encima de dos camas, deben colocarse en los dedos unos anillos que son detectados por una cámara que sigue los movimientos de la mano acariciando el cuerpo. A continuación, estos movimientos se transmiten y se proyectan en forma de rayos lumínicos sobre el cuerpo de la otra persona. Una cosa realmente extraña, vean el video

Mutsugoto from Distance Lab on Vimeo.

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