Se sabe realmente poco sobre la adicción sexual femenina. Evidentemente porque se considera ‘irreal’. La ciencia integra pocas veces en sus investigaciones y búsqueda de ayuda a las mujeres que simplemente no pueden parar de tener actividades sexuales o relativas a ellas. Y es un punto de salud definitivo. La dificultad mayor es hablar de ello. En una sociedad en la que una mujer alcohólica o farmacodependiente es tildada de lo peor y a veces se les escucha con bastante desgano y reticencia, ¿qué puede esperar alguna que a pesar de estar en un grito desesperado hable de su adicción al sexo?

Si hablaran, muy probablemente se darían cuenta de que no están solas en ese problema. Existen mujeres que se masturban compulsivamente, usan pornografía al por mayor sin poder detenerse, participan en actividades sexuales a través de Internet a lo largo de todo el día –a veces hasta pierden trabajos y estudios por esa dependencia-  tienen aventuras sexuales de ocasión con una cantidad exorbitante de parejas e incluso pueden mostrar conductas parafílicas. Pueden además utilizar una gran cantidad de objetos y juguetes eróticos de los cuales ya no pueden prescindir. Algunas incluso cuentan con aficiones zoofílicas. Pero ¿quién se detiene a estudiarlo?

Buscan y buscan imperiosamente parejas o ‘víctimas’ ya que por lo regular tienen la necesidad de implicar a alguien, realmente los estudios muestran que pocas se reducen a la masturbación crónica exclusivamente. Y lo peor es que la mayoría lo disfraza de amor, juran enamorarse de los tres, veinte, ochocientos tipos con los que se acuestan.
Algunas incluso, viven en pareja y su hombre no tiene ni idea de las actividades secretas que tienen con hasta el plomero. Es como la típica ama de casa que ese esconde para beber vodka mientras sus hijos y esposo juran que es una mujer común y corriente.

Las consecuencias emocionales son infinitas, se vive como cualquier otra adicción, con un sentimiento de culpa, síndrome de abstinencia, aumento excesivo de la cantidad u objeto de deseo, hasta que la vida entera gira alrededor de ello. Sin contar con las ETS, embarazos, abortos, problemas legales o sociales, etc.
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El repudio familiar y social por su adicción al sexo suele ser mayor en el caso de las féminas. Cuando hay hijos, pueden enfrentarse a diversas situaciones de riesgo con las múltiples parejas de su madre, en fin. Demasiados son los factores. Tuvieron que pasar muchos años –y faltan- para que, por ejemplo, el alcoholismo femenino fuera visto con el mismo ‘respeto’ que con el que se ve el de los hombres, ¿pasará eso alguna vez con la adicción al sexo? Porque, la de los hombres se disfraza de ‘es un casanova, un conquistador, etc’ pero ¿la de las mujeres?

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