Los afrodisíacos se han buscado desde tiempos ancestrales en plantas, raíces y frutos. En realidad en sus inicio el uso de estos no se enfocaba a ponerse más horny o ser más potente y duradero en la cama. Surgieron como métodos curativos contra la disfunción eréctil o para quienes sufrían de un descenso de apetito sexual, para motivar la fertilidad y procrear más chamacos o para disminuirla porque en tiempos de guerra, las mujeres embarazadas eran difíciles de transportar y cuidar. Todos al estar relacionados con la sexualidad, tomaban el nombre de remedios afrodisíacos (obviamente por Afrodita).

Ahora lo que se busca con ellos es rebasar los límites naturales del placer sexual. Y los podemos ‘clasificar’ como los que actúan sobre la mente o sobre el cuerpo. Los primeros son los conocidos por todos y que no han encontrado aceptación científica ya que en su composición no hay sustancias que actúen directamente sobre la excitación o el funcionamiento de los genitales; tales como los ostiones o el chocolate y claro los fetiches o los perfumes. Y los físicos, son sustancias más bien peligrosas y que JAMÁS se recomiendan como la yohimbina (protagonista de mil leyendas urbanas como la de la chamaca a la que le pusieron la sustancia en la bebida y se mató por perforarse con el palo de una escoba desde la vagina). La yohimbina es un alcaloide proveniente de un árbol llamado Yohimba y es un excitante pero actúa directamente sobre el sistema nervioso central y puede causar la muerte. Hay un polvo llamado ‘polvo de las Cantáridas’ que sacan de ciertos insectos y que se utilizaba en las comunidades amazónicas. Las raíces de Omoburo también se usan desde en medievo. La raíz de Mandrágora que sorprende además por su enorme parecido con el pene, la zarzaparrilla que consumían los algunos grupos indígenas de nuestro país y de la que en la actualidad se extrae testosterona, etc . Y claro, está el éxtasis, los poppers, la cocaína; que más que afrodisíacos, son vasodilatadores y excitantes nerviosos. Y NO, NUNCA  se les ocurra consumirlos.

En realidad el poder está en la mente, los ostiones tienen su fama porque recuerdan y asemejan una vulva y la mucosa vaginal, los pepinos y plátanos, un pene pero en realidad todo está en lo que uno se proponga provocar en el otro y lo sensual o viril que se sienta. Ese es el verdadero afrdisíaco.

Pero chútense por ahora un video sobre el supuesto poder de la comida. Muy gracioso

A los mexicanos nos pasa igual pero sin perdices, sólo basta estar hasta las chanclas

Share Button