Miren que nos encanta crear artificialmente las sensaciones que un cuerpo real nos ofrece. Pues ahí tienen a un trío de parias, Lull Mengesha, Nic McGrue, Troy Tsuchikawa- quienes un buen día  -basados en la experiencia de confort que un copioso trasero de  mujer provee al recostarse en él- lanzaron las Booty Pillows. Realmente hilarante pero útil. Que para ser honestos no me parece el invento más peculiar y sorprendente del mercado.

La dichosa almohada, como verán en su página y en las imágenes de este post, tiene un diseño que emula un derriere profundo (el cual no siempre se encuentra a la vuelta de la esquina) y un par de nalgas esponjosas que dan soporte a la cabeza. Claro cada quién la aplicará en su postura de descanso favorita.

Lo que uno no puede dejar de pensar es en los usos alternativos -más allá de echar la pereza- que pudieran ofrecer. Se me ocurre una herramienta útil para ciertas posiciones sexuales. Por ejemplo en aquellas que permiten elevar la pelvis en la mujer para una penetración más profunda, o para sostener el peso de las caderas en la posiciones de cuatro puntos o el perrito, chivito al precipicio y otras conocidas vulgarmente de este modo. O qué tal, para proveer de mayor acolchonamiento al tronco en posturas de mujer totalmente recostada hacia abajo y que by the way, permiten un roce más intenso al pene. Hasta en un simple misionero, como mujer u hombre, claro -orientaciones aparte- colocas la espalda sobre el trasero de la almohada, la pelvis en su derriere y viola! Mucho mejor.

Nadie negaremos que en muchas ocasiones la cosa no es el rendimiento sexual potencial que poseemos sino el cansancio en ciertos músculos, lo que nos hace tirar la toalla. Ya cuando el bracito, los muslos o las rodillas empiezan a temblar como flan, una dice, ‘Chale, pero gracias’. Fortalecer en prácticas de yoga u otras formas de ejercicios, será beneficioso pero nunca está de más una manita, en este caso, unas nalguitas extra. Y claro, la forma de trasero con tanga le puede dar un ingrediente visual erótico.

Por otro lado, no hay que olvidar las interminables encuestas de muchos centros de investigación con respecto a las mil una formas en que los hombres se autoerotizan. Muy común que utilicen ayudas, no sólo jueguetes sexuales sino todo tipo de artefactos caseros que su creatividad les permite. Y pues dada la forma, es probable que alguien lo utilice para ciertos frotamientos pélvicos justo a ras del trasero afelpado en cuestión. Ya lo veo hasta dotando a la almohada de cavidades.

En fin, la cosa es que no están muy baratitos y habrá que ver qué tan fino es el material, en promedio el precio está de 300 a 400 pesos mexicanos. ¿Se comprarían uno? Y chequen el video, en verdad da risa que siempre los infomerciales tengan la misma fórmula sobada de ‘Mi vida era  terrible hasta que descubrí ¡esto! y… Oh Dios, cambió mi vida’. ¿Quién se compraría una?

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