Dícese de aquellos hombres y mujeres cuyo placer sexual reside en que su pareja disfrute. El propio placer y gozo puede pasar a segundo término: el verdadero orgasmo es ver que el otro lo logra.

Todos (o casi todos) tenemos algo de altruistas sexuales. Nos encanta ver que la otra parte está con el ojo de huevo cocido por nuestras maniobras y hermosos cuerpos (todos lo son). Y es uno de los actos más generosos que se pueden dar en la dinámica de intimidad. No está mal de repente ‘sacrificar’ el propio clímax, el dolor de mano, mandíbula o pubis por no cortarle el momento mágico a nuestro novio, esposa, amante, etc. sea cual sea su orientación sexual. Pero vivir constantemente así debe ser una jo-da. Y hay quienes más que altruistas sexuales se han convertido en la bacinica del otro o en su maniquí. Nada sano, no mijitos.

Incontables las mujeres que dicen que nunca llegan al orgasmo mientras encuentro a encuentro ven con envidia a su sudoroso hombre con la sonrisa en la boca. Por desgracia -y no es sexismo- esa parte es más común que se dé en las mujeres. Por los tiempos. Casi siempre él les gana con su eyaculación y traduce en su cabeza (y su cuerpo obedece) a que ya porque terminaron es ‘game over’. Y ¡no! ¿Ya no tienen erección? Reyes, tienen manos, lengua y cuerpo. No se echen, enciendan en cigarrito y salgan al refri por una chela si ven que ella está a kilómetros de llegar a la mínima satisfacción. Ella podrá ser altruista pero ¡no es Teresa de Calcuta! Y un día va a decir ‘¿ya para qué?’ Una buena receta es buscar que ella tenga un primer orgasmo por estimulación (la que gusten) y proceder a la penetración una vez que está o muy cerca o tras la obtención del mismo. Además, su vagina, como saben, estará mucho más ‘comfortable’ y lista para que AMBOS lo pasen bomba.

Y qué me dicen de los orgasmos fingidos, esos altruistas maravillosos. Uno sabe que por más que le haga, aquello no va a llegar y ni modo, se avienta un performance divino con tal de que el otro/otra no se quede con apachurramiento. Conceder una postura sexual es otro modo de ser generoso. Hay algunas, que no les niego, que nos hacen sentir que nos está atravesando un tubo del metro pero uno ve la cara de él y decide DE VEZ EN CUANDO aguantar. Ya se sabe que unas horas estaremos poniéndonos fomentos de agua tibia pero pensamos ¿qué me cuesta? (Siempre y cuando no represente un daño a su salud o emociones ¡ojo!)

¿De qué otra forma han sido altruistas sexuales? Cuéntenme sus historias.

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