Todos somos algo territoriales. Eso incluye nuestra defensa por los grupos de amigos. Son parte de tu mundo y en ocasiones no quieres compartirlos con tu pareja; mucho menos si eso se presta a que salgan a la luz todos esos secretos que -se supone- deberían quedar entre ustedes. Sin embargo, integrarla tiene sus beneficios. Tu pareja, desea que convivas con los suyos y seas parte. Algunos optan por hacer un solo grupo, un licuado de los de allá y los de acá. No siempre resulta. ¿Y cuando todo termina? ¿Quién se queda con ellos? O quizás, buscando darle gusto, acabes por alejarte de tu clan. Varias ventajas y bemoles de ser más que un ‘colaborador externo’ en las amistades de tu novia/o.

Es importante que trates de empatar con los amigos de tu pareja y viceversa. Pero si por algo no se da por diferencias en ideología o costumbres, pese a que se haga un esfuerzo, no debes obligar la situación. Sólo se crearán conflictos. No presiones para que se sume a tu liga, sobre todo si tiene razones. Escucha. Cuando de plano no ‘se caen’,  aún más.

Si por el contrario, parece que tus amigos y él/ella se acoplan y tú con los suyos, eso puede fortalecer su relación. Pero no confundan.  Respectivamente son los de cada uno. Romper ese límite se presta a malas interpretaciones, a que se tomen partidos y hasta a que termines enemistado con los tuyos cuando crean que no estás manejando bien tu relación. Tampoco se unan al grado de que como ‘consejo tribal’, todos se sientan con el poder de opinar sobre las relaciones de cada uno. Se pierde privacidad como pareja. No es sano.

Por otro lado, puedes llegar a intimar  tanto con los amigos de tu amorsote que terminas por dejar de fomentar a los tuyos. Cuando la relación acaba, claro, muchos de tus amigos dirán que ‘ora sí verdad, ahí vienes a buscar cuando les diste la patada en el trasero’. Mantente en contacto con tus amigos. El que a él/ella no le gusten, no implica que debas dejarlos. Tampoco lo hagas a escondidas como si escaparas de tu mamá. Si desde un inicio no dejas claro que mereces salidas con tu grupo, con el tiempo no habrá cómo dar marcha atrás.

Si cometiste el error y ya ni te acuerdas lo que es tener compromisos propios, repáralo. Llama a tus amistades y queda de verte. A veces ni se necesitan explicaciones, quizás sólo te hagan bromas al respecto. Pero ahí estarán.

Si estás en medio de un conflicto de tu pareja vs tus amigos, deberás apoyar a quien objetivamente te parezca que posee la razón. O bien, declararte neutral tanto como sea posible. Mientras no se arreglen, no trates de juntarlos.

Cuando son los de tu pareja
No abuses. Es fácil encender sus celos si de pronto eres tan cercano a sus amigos que puede prestarse a malos pensamientos. Convertirte en su salvador, paño de lágrimas o compañero de parranda es un riesgo que debes evitar.

Evítate incomodidades. Si tu pareja es quien de pronto pasa el día en casa de tu mejor amigo porque hicieron un ‘clic’ perfecto y eso te molesta, detecta la causa. Puede ser territorialidad pero si  ya nada más falta que se saluden de beso en la boca, aclara que no te parece correcto. Y explícale que aunque sabes que no están haciendo nada ‘malo’ (eso esperas) hay una condición: ‘Debe respetar tu espacio en esa relación’. Y hazlo antes de que ambos se ofendan.

Delimita compromisos o reuniones en donde tu pareja realmente encaje.
Las mujeres somos dadas a querer que nuestra pareja esté presente hasta en las salidas entre mujeres. Si ella insiste en que la acompañes, explícale que sólo incomodarás sus charlas. Y por supuesto, ella requiere espacio. No insistas en ir por inseguridad o creencia de que esas noches libres ella ‘se porta mal’. Si no confías en ella ¿qué haces ahí?

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