Mucho hemos escuchado sobre los supuestos antojos durante el embarazo. Sobre si no son más que una conducta social aprendida que da rienda suelta al paladar de las embarazadas (y que en muchos casos las hace subir más kilos de los que deberían), pero se ha estado investigando sobre la factibilidad de éstos. Se han explorado desde perspectivas psicológicas hasta endocrinológicas.

De acuerdo al estudio Food cravings and aversions during pregnancy de la escuela de Biopsicología de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, hay tres correlaciones: los antojos suelen representar la desviación de situaciones de ansiedad, miedo o necesidad, que se reflejan en la avidez por alimentos. La segunda refiere el aumento de tres hormonas: prolactina (influye en la lactancia), el cortisol (relacionada con el estrés) –por lo que se le relaciona con la anterior- y el estradiol (refleja los cambios en el aparato reproductor), provocando esta necesidad por sabores específicos que también experimentamos las mujeres cuando estamos previas a menstruar o pasamos por estados de melancolía, enojo, etc. En este mismo estudio, se observó que los hombres parejas de las embarazadas igualmente mantenían niveles de dichas hormonas más elevados y del mismo modo experimentaban antojos. Muchos de ellos, entre esa parte de selección de alimentos o rechazo de otros, sentían náuseas incluso con el olor de la cerveza (y eso debe ser un dilema para ellos, jaja). Y en la tercera correlación está la asociación de sabores con olores que percibieron durante las náuseas o los estados de bienestar durante el primer trimestre. Lo cual les creó rechazo a éstos incluso después del embarazo. Algunas mujeres de hecho tuvieron que pedirle a sus maridos que dejaran de usar loción, porque el aroma del perfume les resultaba insoportable, cuando antes las excitaba. Miren que la cosa se puede poner rara.

¿Qué tal? ¿Los han sentido, ustedes o las chavas que conocen que ya tuvieron chamacos? Yo tengo una amiga que no podía parar de comer sardinas, de esas en aceite, y se las empacaba en pan de caja, como sandwich. Ahora nos las puede ni ver. Y había días que no soportaba el antojo de papas a la francesa de McDonalds, remojadas en helado!, asco. Por cierto aumentó como 25 kilos. Y su marido podía acabarseen un día  una barra de mantequilla en donde pudiera untarla. Ok , espero que no en ella, la imagen no me es necesaria, jaja ¿Cuál ha sido el antojo más extravaganate que han escuchado?

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