El término asfixia erótica fue acuñado por J. Money para definir una forma de obtener satisfacción sexual a través de la pérdida de la respiración durante el orgasmo. Esta práctica parece remontarse varios siglos, está registrada entre los esquimales y los asiáticos. Supuestamente fue introducida en Europa por los soldados de la Legión francesa cuando volvieron de la guerra de Indochina, parece ser que estas prácticas la empleaban en los prostíbulos de extremos Oriente para aumentar la sensación del orgasmo. Este tipo de práctica formaba parte del guión de la bellísima película japonesa “El Imperio de los sentidos”, misma que les recomiendo.

También hay quien utiliza el método durante el autoerotismo con el nombre de asfixia autoerótica, por ahí hay varios casos famosos de artistas, como Michael Hutchence que se presume dejaron este mundo por no medirle el agua a los tamales durante dicho ejercicio de su autoerotismo.

Hay todo un debate con respecto a este gusto. Claro, la dependencia de perder el aliento durante el orgasmo se considera una parafilia, ya que consiste en un daño hacia la propia persona; sobre todo porque estamos hablando de una dependencia, de una búsqueda imperiosa. No obstante, algunos especialista afirman que realizado con cuidados, de una manera ligera y sin posible peligro, es una práctica más que puede darle un toque especial al erotismo a solas o en compañía. Una vez estaba en una conferencia sobre diversos debates en cuanto a prácticas sexuales y un sexólogo afirmó que él lo consideraba no dañino siempre y cuando no se dependiera de ello y a la hora del coffee brake, escuché a otro especialista criticándolo, diciendo ‘Lo que pasa es que debe gustarle a él y por eso lo defiende’. Jaja, entre especialistas te veas. En fin, desde mi punto de vista, el peligro radica en la posibilidad de perder la mesura cuando resulta demasiado placentero, bajo el calor de la libido elevada y dentro de esa pausa mental que se crea durante el orgasmo. Y justo en ese desenfoque la coa puede ponerse muy fea, al grado de perder el conocimiento, o incluso morir. Prácticas y prácticas, es complicado que se discierna en ese momento. ¿Ustedes lo encontrarían excitante? La explicación más o menos científica es que ese simulacro de asfixia potencializa la falta de aliento que normalmente experimentamos durante el clímax y se crea una ilusión sensorial de que dicho orgasmo es más intenso.

Aquí un ejemplo de la práctica en la película ‘Killing me softly’. ¡Ojo! No lo intenten en casa. Ya los veo mañana en ‘La Parisina’ comprando sus diez metros de tela y colocando clavos en la chimenea. Recuerden que es una pe-lí-cu-la y no dudo que por ahí algunos imitadores ya se hayan sacado un buen susto.

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