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Accidentes y hechos dolorosos en genitales (Parte 3) Automanipulación
Autoerotizarse puede parecer de las prácticas más inofensivas. No siempre lo es cuando se me ponen muy creativos mijos chulos. Son muy comunes las emergencias médicas y caseras cuando se quieren poner muy imaginativos en el arte del onanismo, y ¡ay señores! Sonado fue el caso del chamaco que solía masturbarse con la aspiradora, y se rejodió el pene, al grado de que tuvo que estar hospitalizado un buen rato. En ciertos casos quedan secuelas en su funcionamiento. Ni qué contar con quienes también colocan su bello falo en cosas que pueden crear vacíos y ya cuando quieren zafarse pues están atorados, las sustancia son otro caso complejo, irritaciones por usar gel para el cabello, alimentos, etc. también son de conocimiento popular. Así como el no uso de lubricación, causante de rozaduras y hasta costras. Un urólogo con el que platiqué hace tiempo me contó de pacientes suyos que -como buenos hombres que no se lavan las manos- tras comer algo con salsa o chile, luego van a hacer pipí o se rascan y se enchilan literalmente el pene. Él recomienda lavar muy bien con sólo agua y colocar un trapo con hielo, mismo que al irse derritiendo enjuaga el chile del pene y aligera el ardor. También es común que lleguen con cositas ensartadas en el ano o vagina que ya luego o se les perdió dentro o no pueden sacar, mucho cuidado con su cuerpecito reyes. O bien, nunca falla el mancharse accidentalmente con pinturas, dependiendo de la sustancia, deberán llamar a su doctor para que les sugiera cómo limpiarse. Ya sean genitales masculinos o femeninos, como esta chicuela que se puso creativa con un plumón.
No abusen de su imaginación.
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Diviértanse como ‘onanos’. Autoerotismo compartido
Durante el siglo XVIII se afirmaba que masturbarse causaba daño mental, perversiones, enfermedades genitales y condenaba el alma. Entonces, se idearon muchos métodos para evitarla: usar guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, colocar ortigas en las partes privadas o extirparlas quirúrgicamente. Con decirles, que el sólo término proviene del latín manus stuprare (violar con la mano). Aunque estos pensamientos han perdido fuerza, algunas culturas aún castigan con severidad a los niños y adolescentes que son descubiertos manipulándose con fines sexuales.
Ahora, ya no sólo nos quitamos el ‘calzón de castigo’, sabemos los beneficios. Además de ser una herramienta infalible contra el estrés y el insomnio; en julio de 2003, un equipo de investigación, dirigido por Graham Giles, del Cancer Council Australia, dedujo que los hombres que se masturban con frecuencia son menos propensos a desarrollar cáncer de próstata además de que representa una opción de eyaculación sin coito, lo que evita enfermedades de transmisión sexual. Aunado a estos puntos de salud, yo siempre he dicho que masturbarse provee de información. En una relación sexual, ¿cómo vas a saber qué es lo que te gusta si no lo has descubierto por ti mismo/a? En caso de las mujeres, se ha comprobado que aquellas que tienen dificultad para llegar al orgasmo o siquiera saber cuáles son sus puntos de mayor erotización, nunca practicaron el autoerotismo.
Pocas mujeres afirman que se excitarían viendo a su hombre masturbándose. Sin embargo, muchos hombres se prenden como polvorín con una mujer acariciándose y estimulándose los genitales. Otros, nunca falta, se sienten desplazados o tienen ideas machistas por lo que ven como una ofensa que su mujer se autosatisfaga. Pero si a ti ustedes el concepto de verla les anima la libido, deben pedírselo con mucha delicadeza. No se lo planteen como una fantasía si no como un juego de mutua confianza donde ambos podrán estimularse a sí mismos e intercambiar el proceso para tener un nuevo estilo de relación antes del coito o para sustituirlo. Si tú mismo(a) no te sientes cómodo(a) al mostrarle lo que haces a solas porque te parece que es algo muy tuyo, entonces opta por ‘guiar’ a tu pareja y estimularte a través de ella: pon tus manos sobre las suyas y haz que te acaricie del modo en que tú lo harías. Lo mismo en su caso. A veces, nos resulta intimidante comenzar a tocarnos frente al otro sin más ni más. Así que inicia acariciando muy lentamente, mientras besas y después lleva sus manos hacia esta zona y continúa el movimiento hasta que lo haga sola. Entretanto, tus manos ya deben estar ‘ocupadas’ en otra parte de su cuerpo. Esto nos desinhibirá y cuando menos lo pensemos estaremos masturbándonos. Posiciones como el 69 –que está claramente diseñada para dar y recibir sexo oral– también se aplica al caso de la estimulación manual mutua. Puedes buscar tu propia postura donde ambos intercambien sus manos y se estimulen al tiempo que puedan besarse y rozar sus cuerpos.
Tal vez, ante tanta excitación tengas demasiadas ganas de llegar al coito pero les recomiendo que aplacen lo más posible esto y descubrirán la gran satisfacción que se logra ya que el proceso eyaculatorio se hará más largo y sus orgasmos se hagan más intensos.
Otra buena técnica que también está abarcada en este campo es la del frotamiento genital. Acostados uno sobre el otro –no importa quién encima de quién–, deslicen sus cuerpos mientras permiten que sus genitales se rocen. Puedes estimularla en el clítoris con la punta de tu pene (que muevas con las manos) e ir bajando para tocar también la entrada de su vagina y los labios menores. En este caso, se recomienda uso de condón ya que si llegas a dejar algo de tu lubricante dentro de su vagina, puedes embarazarla. Hay intercambio de fluidos y todo lo que esto implica.
Una posición útil dentro de ésta práctica es la de la silla humana: sentado en la cama, recargado en la cabecera, pídele que se siente encima de tu pelvis con las piernas extendidas sobre las tuyas, de tal modo que tu pene quede libre frente a su vagina. Desde ahí ella podrá manipular tu pene al tiempo que dicho movimiento estimulará su zona genital; puede mover la cadera o ayudarse con las manos. Usen su imaginación y podrán darse cuenta de que el coito no es la única opción para lograr relaciones de éxtasis. Por algo los dúos tanto en las películas como en los deportes se hacen tan famosos: dos pares de manos, hacen maravillas
Disfruten.
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Dos mitos sexuales que nos rompen la dinámica
En esta era de evolución en verdad urge -porque todos lo merecemos- reestructurar ciertas dinámicas sexuales: que venimos cargando desde hace siglos, de manera literal. Hoy, enfoquémonos a dos mitos (que se vuelven muchos) que precisamente están generando dichas dinámicas.
El primero tiene que ver con la forma de penetrar, con los embates que el pene le da a la vagina cuando a bien hacen tener un bonito encuentro. Cuano el Sr. Pene visita a la vagina. El 99.99999 por ciento de los hombres -y porque es obvio- al iniciarse en las artes amatorias buscó información sobre cómo debía embatir a una mujer, penetrarla. Claro, también pudo hacerle caso a su instinto y aquí vamos. Mucha de esa información provino de los amigos, del Don Juan en potencia que creyéndose un experto amante y que le transfirió sus deficiencias y claro, vino el porno (desde las versiones beta hasta el pornotube) y Mongo, nuestro querido aprendiz, comprendió, mamó, registró en su cabezota que un hombre debe penetrar cuanto antes a la chica (en la porno se ve que apenas lo ve y ella se derrite por ser penetrada), y una vez pene dentro debe empujar y salir reiterativamente como perrito en parque. Rapidito y cuanta más fuerza le metiera, más vigoroso se mostraría. Ella, con seguridad debía responder como la estrella porno, es decir, gritar como desaforada de placer, poner ojo de huevo cocido y tener un orgasmo instantáneo por el mero poder de su varita mágica, dígase pene. Y -jouli god- que eso no sucede. A la hora de las realidades, ella, que quizás también aprendió que en cuanto sintiera un pene dentro de su vagina la subsecuente reacción que surgiría de ella naturalmente eran justo esos gritos y ojo volteado así como un orgasmo avasallador. Y pues resulta que no.
Entonces vienen las complicaciones, él, no sabe qué hizo mal. A base de estar dando embates constantes, fuertes y sin la menor erótica, termina o sea del verbo eyacular y en poco tiempo. Y además le queda la enorme duda ¿por qué ella no llegó al orgasmo? ¿Es malo, hay algo mal en él, es normaaaal?
¿Saben qué fue lo que hizo Mongo? Simple, se masturbó con la vagina de su chava. Piensa que hizo el amor, o que tuvo sexo -emociones aparte- pero no, se masturbó con una vagina.
Luego ella, tampoco se explica qué pasó, por qué no surgieron de manera automática esos gemidos placenteros y retorcidas de éxtasis. Comienza también a pensar que algo está mal en ella, que no es normal. Ella lo único que sintió fue un pedazo de carne dentro de su cavidad vaginal que entraba y salía e incluso hubo dolor, al menos un poco. Y así dicha chava, puede llegar a señora con hijos jurando que así es el sexo, que así se hace el amor y no comprende porqué ella nunca lo disfruta o como que le gusta, como que a veces siente ‘alguito’ pero no bien. Fin de su historia sexual. Incluso, esa es la causa por la que muchas mujeres se creen anorgásmicas y llegan a una terapia sexual y dicen ‘no puedo tener orgasmos’; sin saber que tiene todo el potencial pero nunca ha hecho el amor, toda la vida se han masturbado con su vagina. Aquí el segundo mito.
Mongo, tal vez pudo no haber tenido acceso al porno pero sí -obvio- como única guía a su instinto y en efecto, la excitación masculina puede llegar a ser tan súbita que los lleva a querer penetrar y no parar no parar hasta conseguir la dichosa eyaculación, la cual -concedido- llega casi siempre en unos cuantos minutillos. Y eso, claro, soportado además en su pobrísima capacidad auto erótica, porque igual en casa y solo, lo único que hace es tirar de su pene frenéticamente y claro, a los dos, tres minutos, va pa afuera.
Entonces, rediseñemos. Ya estuvo bueno de tumbos. Para empezar ninguno de los dos tiene la obligación de saber cómo, ni cómo funciona el otro ni de descubririlo ni de enseñarle quién es y lo que DEBE de gustarle. Es responsabilidad de cada quien explorarse, reconocer sus mapas de reflejos eróticos y sus puntos de placer. Ninguna vagina es igual, ni en forma ni en zonas sensibles. Ningún cuerpo es igual. Y no hay videntes sexuales, que te ven e ipso facto saben lo que te va a gustar. Claro, hay puntos de convergencia y el primero y más importante es que una mujer requiere de muchos estímulos previos, de caricias, de erotismo de besos y de acuosidad en su boca para tener la lubricación ideal, para preparar su cuerpo para recibir al pene. Por otro lado, ella no tiene el clítoris en la entrada de la vagina ni en el interior. El órgano que le permite llegar al orgasmo es el clítoris y con una simple penetración no va a lograrlo. Necesita ser estimulado ya sea por el roce de la pelvis o manualmente. Y, claro, oralmente. Por eso la erótica es tan importante, imprescindible: acompasar las respiraciones, comunicarse (y no necesariamente con palabras), tomar un ritmo en común, saborearse. De esa forma, además él logra la maestría para administrar sus tiempos, para recibir placer no sólo genitalizado. Para aprender a ser acariciado (cosa que quizás nunca aprendió en casa), a ser estimulado también en el pene manual u oralmente y descubrir que en ese miembro hay zonas específicas de placer. Entonces sí, cómo no, proceder a penetrar. Y ella, con pleno conocimiento de su cuerpo, puede indicarle qué tan lentos, profundos, rápidos o no requiere los embates. Muchas mujeres sienten mucho más placer al recibir una penetración poco profunda, apenas en el vestíbulo, varios, lentos, y después ser penetradas a mayor profundidad. Y repetir, casi retirar el pene, masajear el glande en la entrada de la vagina y profundizar. Su vagina va despertando, se va activando y el pene descubre la multidimensión que hay en ese entrar y salir. Si eso además va acompañado de caricias clitoriales, besos, posturas distintas, ¿creen que no van a lograr los deseados jadeos y ojos de huevo cocido? No se trata de ser estrellas porno sino de ser amantes. De sentir. Simple. Y no importa si vas empezando tu vida sexual o ya la tienes más que estrenada. Hay que rediseñar y encontrarán muchas respuestas.
Este post es presentado por la Píldora de la Libélula. Otra forma más de generar dinámicas positivas en pareja: la seguridad de que aunque se te haya roto un condón, no tendrán que preocuparse por un embarazo no planicado. Búscalos en Face facebook.com/libelulaSOS y mantente enterada de sus propuestas e investigaciones. Ya es hora de que todas dominemos la anticoncepción de emergencia. Da clic en la imagen
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Autofelados: sexo oral para uno
Muchos se preguntan si en realidad es posible autofelarse. Es decir, que un hombre se provea de sexo oral a sí mismo. Alfred Kinsey realizó estudios en 1948 donde descubrió que la autofelación es un modo de masturbación común entre los macacos, mandriles, chimpancés y está muy extendido entre los mamíferos de otros grupos. Pero para la gran mayoría de los humanos es casi imposible. Kinsey entrevistó a muchos hombres que habían hecho actos dignos del ‘Circo del Sol’ para doblarse el pene y llegar hasta ahí y sólo dos o tres entre mil admitieron que fueron capaces de felarse. Más por capacidad de doblar su cuerpo que por el largo de su pene. Afirma que la forma más sencilla es la de tumbarse de espaldas y pasar las piernas por encima de la cabeza. Gary Griffin, en su libro The Art of Auto-Fellatio, afirma que Kinsey subestimó el número ya que muchos más que dos entre mil son capaces. Finalmente, la respuesta es sí, es posible pero tampoco muy común por cuestiones de capacidades físicas. El famoso Ron Jeremy, estrella porno, dio muestra de ello en uno de sus filmes. De hecho precisamente el libro de Griffin (The Art of Auto-Fellatio. Oral Sex for One. Editorial Reviews), es una especie de guía. Jaja, ya los veo haciendo el malabar. Cuidado niños no se me vayan a desnucar. Digo yo, ¿para qué complicar tanto el sano momento del autoerotismo? ¿Lo intentarían?
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San Valentín y ¿sol@?

Preocupación de algunos, motivo para no celebrar de otros: un 14 de febrero sin pareja. Ese día en que la cursilería hace de las suyas y todo el mundo parece disfrazarse de chocolatito caliente, puede resultar incómodo o hacer senitr inadecuados a quienes no le dan la menor importancia. O bien, se la dan, y quisieran sentir ese llamado pintado de corazones pero sencillamente no tienen en quién descargar los ímpetus valentinos.
En general nuestra sociedad es bastante presionante con el asunto de la soltería. Pareciera que el nivel de éxito de una persona de cualquier edad (en edad de ‘merecer’) se sostiene en su capacidad para tener novi@, esposa@, amante, llegando a denominar a los solteros como bichos raros. Sin afán de hembrismo, dicha presión suele ser mucho más pujante hacia el sexo femenino. ¿No tiene la damisela con quién ir a un compromiso o cualquier otra dinámica social? Nombre, ‘pobre de ella’. Y muchos suelen inconscientemente pensar que ‘algo está mal’ con dicha persona porque ‘por aaaalgo’ no tiene quien le ‘encante las carnes’. Una vez, una amiga con ciertas limitaciones ideológicas le preguntó a otra del mismo grupo -quien lleva soltera mucho tiempo, con algunos ligues estacionales- si no le daba PENA ir sola a todas las bodas a las que ese año nos invitaban (fue uno de esos años en que la mayoría del grupo se casó). WTF? ¿Pena? Y sí, así piensa mucha gente, presiona . Y ni hablar de las familias que ‘se preocupan’ porque el retoño nomás no agarra novia o novio. Todo este bagaje, que se presenta en todo tipo de nimiedades, promociones comerciales (paquetes para parejas) y en general en un mundo que pareciera eximir a la soltería como un estado muy disfrutable, impacta a muchos. Justo en días como San Valentín les puede abrir un poco más la herida.
Pues bien, más allá de analizar el objetivo comercial del 14 de febrero o sus orígenes, dejémoslo en que -si quieres celebrarlo- finalmente es una fecha para recordar el amor. Mismo que está en todos lados. No sólo entre dos personas del género opuesto o del mismo que se aman, atraen eroticamente o tienen un involucramiento emocional. Tienes familia, amigos (solteros o cuyas parejas ese día no están por alguna razón), gente con la que disfrutas pasar un buen rato. Bien, ármate un plan desde ver una película en tu casa con tu mamá (a quien probablemente le harás el día cuando le digas que quieres celebrar lo mucho que la quieres), ir al teatro (ese día justo por la fecha hay muchas obras que dan función), armarte una noche de xBox con tu súper carnal, jugar algo, en fin. Ahora, ok, todo el mundo está ocupado, nadie puede o trabajan al otro día. ¿Y tú? ¿No eres la persona a la que deberías amar con toda incondicionalidad antes que a nadie? Regálate el día, o la noche. Para ti. Para hacer algo que te encante, desde masajearte las patas con una cremita, ver la serie que te encanta, leer, servirte unos tragos y beberlos relajado escuchando música, cocinarte o pedir algo rico. ¿Autoerotismo? Ok. En ocasiones tenemos un concepto muy equivocado del erotismo y por lo tanto del autoertotismo. Pensamos que erotismo es igual a sexo. La Erótica comprende sensaciones, experiencias sensoriales, placer y no sólo genitalización. El hecho de que como mujer (o claro hombre) te regales una noche en que te des un laaargo baño, te pongas algo que te encanta, perfumes tu cuerpo, te pongas una crema que huele delicioso, te cepilles el cabello hasta que cabecees, te relajes, comas cosas que maravillan a tu paladar, eso es autoerotismo. Claro, si además quieres regalarte una buena sesión de autoexploración y estimulación de zonas erógenas y genitales, venga. Disfrútate. Eso es regalarse un día, ponerse en contacto con uno mismo.
Si no te quieres quedar en casa, vete a cenar solo ¿qué tiene de malo? O a un bar, al cine, en fin. No vas a ser el único soltero o la única soltera en el lugar. Celébrate. Cómprate algo que hace mucho quieres tener y no sientas culpa, nada pasará si tomas un poco de tus ahorros. Te lo mereces.
Hay mil formas de celebrar, la cosa está en quitarse el estigma mental de ‘ando cual perro sin dueño’. Foméntense, no sólo ese día, siempre, el contacto con ustedes. No hay mejor compañía. Así que aquellos a quienes les estaba haciendo ruidito que ese día iban a andar solos piensen que tendrán unas horas sin interrupciones y sin contratiempos para dedicárselo a sus sensaciones. Y feliz día del amor.
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Masaje pélvico ‘de rana’ y adiós dolor coital
Múltiples mujeres y hombres comentan que en ocasiones aisladas o muy continuas, una vez que va a comenzar el aquelarre sexual, desde que se excitan o cuando penetran o son penetrad@s sienten mucho dolor. Al grado de que la excitación se les va de vacaciones y gacho. Muchos incluso ya fueron al médico, éste descartó por completo infecciones o traumatismos. Del mismo modo, no hay dispareunia ‘clínica’ producida por factores emocionales. El mentado dolor parece desaparecer y luego otro día sin previo aviso regresa.
Ok, es muy común que haya mucha tensión en la zona pélvica, en el grupo de músculos pélvicos, el suelo pélvico y hasta las nalgas. Al haber tal tensión, cuando se excitan y se envía sangre a esa zona y posteriormente se pone ‘a trabajar’, la somenten a esfuerzo, obvio va a provocarse dolor. Es como poner a hacer pesas a un bícep que está contraído, tenso. habrá dolor. A pesar de que movemos esta zona al caminar, los músculos de la entrepierna no se activan tan fácilmente.
Apliquen el -llamado por mí- Masaje de la rana. Es muy simple, da mucho alivio y puede ser hasta placentero. Semirecostados, con la espalda recargada en almohadas (pueden estar viendo la tele si gustan) tanto hombres como mujeres abran las piernas como rana, es decir, dejándolas caer lateralmente quedando sus tobillos cerca uno del otro. Como las ancas de rana que amablemente se embuten en los restaurantes franceses. Coloquen sus manos en las entrepiernas dejando el dedo pulgar justos en la zona donde la pierna deja de ser pierna para convertirse en labios mayores o testículos. Ahí masajeen circularmente con el pulgar, de maner relajada, hagan presiones y con los dedos-que quedaron en la mera entrepierna- igualmente den presiones relajantes. Esto distendirá el grupo de músculo y si lo hacen de manera regular, verán que ese famoso dolor inexplicable va desapareciendo. Es mero estrés ahí acumulado, cuando tienen un día de presiones o angustias ahí envían mucha de la energía contenida y tensan de manera inconciente. También pueden acostarse por completo y elevar las piernas mientras dan masaje, después tomarse de los pies o tobillos abriendo el ángulo de las rodillas lo más que puedan para estirarlas. Y por las mañanas, cuando se den el estirón de siempre antes de levantarse estiren las piernas aún acostados en la cama tensándolas lo más que puedan y relajándolas, elévenlas de nuevo como rana tomándose los tobillos y comenzarán el día con menos estrés pélvico. Hacer yoga también contribuye muchísimo, es una maravilla. Verán. Sentirán muy rico y ya si ‘en el camino’ gustan masajearse genitales y nalagas (a solas o en pareja) pues bienvenido el erotismo. A trabajar sus manecitas!















