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¿Bolas chinas o tailandesas?
En cuanto a estos jugietes sexuales, hay algunas confusiones. Las bolas chinas o Ben Wa aunque suene extraño surgieron en el Japón Feudal, no en China. Se utilizaban para preparar a las concubinas y solían ser metálicas o de vidrio. Actualmente se fabrican de silicona. Pueden o no estar unidas por un cordel y su fin es generar vibraciones cinéticas en la vagina con el movimiento, entrenando los músculos vaginales y promoviendo contracciones placenteras que los hombres perciben cuando te penetran. Algunas traen vibradores y pueden utilizarse como juguetes también en la zona anal.
Las tailandesas son exclusivamente anales, son más pequeñas y constan de una línea larga de cuentas esféricas de diferentes tamaños que se introducen al ano y al momento del orgasmo se tira de ellas provocando un masaje. Lo ideal es coordinar su salida con las contracciones del suelo pélvico producidas por el orgasmo, para intensificar el placer. Es indispensable el lubricante artificial. Se los encargo, usen el Soft Lube de su preferencia.
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Sqweel, el cunnilingus automatizado
Bueno, bueno que ya no saben qué inventar. Por un lado me gusta la idea de que la tecnología esté al servicio del placer y del descubrimiento de sensaciones pero hay cosas que dan entre lástima y risa. Hasta hace poco la opción para simular con algún aparatejo un cunnilingus era dada por succionadores y masajeadores clitoriales pero miren nada más…
Este amiguito está dotado de 10 lenguas que giran dando golpecillos a la vulva. No dudo quien le encuentre el gusto. Aunque en realidad en la mayoría de reportes y estudios así como en disciplinas milenearias se ha expuesto que el verdadero éxito de un cunnilingus está en la textura de la lengua, la humedad, la habilidad de masajear suavemente, en direcciones distintas, circulares y elípticas; pero sobre todo en combinarlo con ligeras succiones y soplidos. Erróneamente algunos hombres o mujeres gay piensan que llevar a su pareja al quinto cielo consiste en mover la lengua a miles de lenguetazos por segundo como Gene Simmons en pleno performance. Pero si se les antoja, aquí un videíto que explica la cosa.
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Sueños eróticos y humedades sospechosas
El mundo de los sueños sigue y seguirá siendo un misterio para la psiquiatría y toda rama relacionada. Pueden dejarnos un suave sabor culposo en la boca cuando en estos aparece un personaje prohibido o incluso insospechado que nos regala placer al grado de provocar reacciones físicas estando dormidos. Despertar con tremenda erección (que no tiene nada que ver con las erecciones involuntarias parte de los reflejos de todo pene sano), o con la sensación inminente de casi eyacular; en el caso de las mujeres, te pueden despertar los espasmos o el ‘casi ya’, dada la experiencia. En ocasiones hay casos misteriosos donde no podemos recordar qué o con quién soñábamos. Pese a eso, es gratificante.
Deseos reprimidos, miedos que asaltan, o llanamente inexplicables, esas escenas oníricas son tan humanas como las flatulencias (aunque ambas incomoden). Cuando se vive en pareja y en plena madrugada notamos que la pareja está en pleno episodio sexua en sueños no podemos dejar de preguntarnos quién demonios es el protagonista de tal. Cuestionar directamente es tonto, la repuesta será ‘¡Por supuesto que tú!’. Lo claro es que no debemos sentirnos celosos estúpidamente ni empezar a hacernos el hara-kiri mental. ¿Qué caso tiene? En los sueños somos tan libres que corromper la de otro es un delito sexual. El sueño no habla de nada, no quiere decir que desee engañarnos. Obvio, siempre hay aristas, si la del sueño es la secretaria con la que aún despierto fantasea, quizás sí haya un deseo por ahí. Pero nadie dice que lo hará, que se atreverá. La confianza no es más que un enorme clavado a la nada. Hay que tenerla, no queda más; por salud propia.
Por otro lado, el despertar húmeda de los genitales o en el caso de los hombres con una pulucion nocturna que deja su huella en las sábanas, no es prueba de sueño erótico necesariamente. Son reacciones anatómicas normales, necesarias, biológicas. Y tampoco tienen que crear culpa. Nunca falta el que se apena consigo mismo por tener pensamientos sexuales. Déjenlos salir, es parte de su desarrollo psicosexual y éste no termina hasta que morimos.Es parte del autoerotismo. Punto.
En fin, ¿con qué y con quién sueñan? ¿No amanecen grandiosos?
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Casado no es igual a auto abandonado
El autoerotismo es una práctica necesaria, la primera y quizás más importante en el desarrollo psicosexual. No obstante, se relaciona siempre con la adolescencia o con la soltería. No tienen idea la de broncas que tienen muchos matrimonios porque -por lo regular- él sigue dándose dichos momentos de auto placer y ella se pone como loca, saca conclusiones tontas como que no lo satisface, el tipo no tiene llenadera, está loco, es un pervertido, etc. No, no y no señoras mías, el tener una pareja, estar casado o incluso llevar una vda sexual muy activa y 100% satisfactoria no nos exime de querer darnos este apapacho que además nos permite seguir conociéndonos; el cuerpo nunca termina de conocerse. Es un derecho y una necesidad, ¿quién dijo que es sustitutivo del o la amante? ¡Carambas! Por otro lado, si lo quieren ver desde un punto de vista menos sexual, aquellos que se masturban con frecuencia (sin hablar de abuso de dicha práctica) suelen tener una mejor conciencia de su cuerpo, notan fácilmente si hay cambios que deben reportar al médico, y sus genitales tienden a estar más sanos y ejercitados.
Dejen de armar la súper hecatombe si sorprenden a su novi@, espos@, marido, canchanchán(a) en pleno uso de su mano amiga y en vez de eso sugieran ‘¿Necesitas una mano?’.
Siempre y cuando no se caiga en dinámicas complejas como preferir masturbarse al contacto íntimo (lo cual habla de probables problemas en la relación, de una imposibilidad para intimar o un concepto erróneo de la sexualidad, maturbarse con todas sus letras es sano, hermoso y parte de la vida.
¿Estamos?
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Fantasear con ser destrozada
De acuerdo a multiples psicoanalistas como Danielle Knafo (autora de harto artículo interesante), las mujeres somos más tendenciosas a fantasear eróticamente con escenas donde somos golpeadas, violadas, magulladas, sacudidas, etc. que los hombres. Y no, no quiere decir que tengamos mayor inclinación hacia gustos masoquistas, todo se traduce en culpa. Así, según su teoría (Guilt-reduction theory), en dichas fantasías, nuestro ‘violador-madreador’ actúa como un reductor de culpa, parte de un autocastigo que creemos que merecemos por andar pensando en ‘cochinadas’. Así, al tiempo que el ente ilusorio que creamos (que por lo regular tiene la cara de Brad Pittito), nos lleva a los mares del placer (cumpliendo su objetivo), nos lastima para ‘recordarnos’ que eso está mal. Claro, de acuerdo a las castrantes ideas sociales, el puritanismo y demás merde du monde; porque de que fantasear es sano y necesario, lo es. Es parte del autoerotismo.
¿Cómo ven? Hasta en las méndigas ensoñaciones cargamos con culpas sexuales. Ay señoras, ya es hora de quitarnos esa lápida del lomo, ¿no creen?
¿En sus fantasías alguna vez se han visto lastimadas, forzadas o hasta violadas? Cuénten. Y ustedes hombres santos, ¿han llegado a la violencia sexual onírica? Por lo regular los hombres dan otro sentido a verse ‘maltratados’ por una mujerona de fantasía. Pero de acuerdo a otros estudios, ellos no lo hacen por culpa sino por necesidad de ser controlados. ¿Será?
Venga, ¿qué opinan?












