26
Micromachismos, lo sutil de la manipulación
No podemos negar que aún prevalecemos en una cultura que ha legitimado la creencia de una necesidad de protección como parte del ensamblarnos como pareja. En este se integra una supuesta necesaria posición superior de una de las partes, del protector. Quien, hemos aprendido que debe ser cubierta por el hombre: el poder personal, la autoafirmación, es el rasgo masculino por antonomasia. La cultura androcéntrica niega ese derecho a las mujeres, que deberán entonces (si pueden y tienen con qué), conquistarlo. A través de la socialización, esto deviene en la creencia generalizada de que los varones tienen derecho a tomar decisiones o expresar incluso de manera sutil pero violenta (en la violencia hay más sutileza de la que concientizamos) exigencias a las que las mujeres se sienten obligadas, por encima de todo, buscando la aprobación y por ende, protección, de quien a ellas les exige. Y se da esta especie de ecuación inevitable que pocas veces detectamos, la protección por poder y la obediencia por protección. Y con esto no es necesario que nos vayamos a evocar imágenes de la Adelita caminando detrás de su macho a caballo. Todas podemos llevar una adormilada Adelita interna que acepta o hasta celebra decisiones que su pareja ha tomado por ella, por ‘su bien’ y que contienen enormes cantidades de control, de manipulación, dosificadas por medio del ‘Te amor, es lo mejor para ambos’.
Los micromachismos, son las prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, precisamente cimentadas en la sutileza social/cultural como diría Foucault, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. Mismos que ejerce hasta el hombre autodenominado ‘menos machista del mundo’, cuyo estilo de vida de primera mano pudiera parecer muy lejano del modelo masculino de las décadas pasadas. Y no es que este represente en sí mismo una amenaza. Su bagaje, la conciencia (o subconciencia) de proveer, proteger, ser ‘la cabeza’, lo llevan a aplicar los micromachismos en un contexto que parece benévolo porque es tan cotidiano que parece benévolo. Nosotras, por lo tanto también lo alimentamos a través de esa Cenicienta que no terminamos de exiliar de nuestra cabezota: el machismo es un invento convenientemente femenino.
Estas conductas pueden traer consigo otras como la microviolencia, casi invisible. De primera mano parecieran no dañinas, incluso parte de las vivencias de roles y del a identidad de género. Mas, su poder, devastador a veces, se ejerce por la reiteración a través del tiempo.
En la sexualidad también pueden darse profundos micromachismos, por encima de todo, concebidos por creencias limitantes y socialmente aceptadas con respecto a una mayor necesidad masculina de placer, diversificación, eyaculaciones o amantes. Y por las obvias como una casi ‘obligación’ femenina de –al ser protegida por su amante por su razón de género- debe ser descubierta por él, guiada en sus mapas de respuestas erótico-sexuales, como si él trajera un manual bajo el brazo al tiempo que debe estar satisfecha con cualesquiera que sean los estímulos (y como él se los provea) y, además, debe saber complacerlo con base en el instinto casi casi, porque la experiencia previa; el haber tenido otros amantes ‘de práctica’ tampoco es lo más ajustado a las necesidades emocionales de él. Venga, que la cosa es compleja. ¿No creen?
Este post es presentado por la Píldora de la Libélula . Búscalos en Face facebook.com/libelulaSOS y mantente enterada de sus propuestas e investigaciones. Ya es hora de que todas dominemos la anticoncepción de emergencia. Y si andas en esas emergencias, llama al 01 800 00 MI SOS donde expertas en la salud te sacarán de todas tus dudas, antes y después de haber tomado la Píldora de la Libélula, los cambios posteriores posibles en tu ciclo, desajustes hormonales que pudieron provocarse, todo!
Da clic en la imagen
16
Relaciones abiertas VS Swinging

La monogamia parece cada vez menos factible entre muchas parejas. Diversos estudios desde empíricos hasta los más formales realizados por grandes universidades han pasado décadas tratando de demostrar que el ser humano no está diseñado para vivir con una sola persona por el resto de sus días. Ni copular (odio esa palabra) con una sola persona for ever. Siempre habrá puntos de vista. En definitiva la máxima de los cuentos de hadas ‘Y vivieron felices para siempre’, está a años luz de la realidad. Sin embargo, aún en la necesidad de nutrimento y enorme esfuerzo, trabajo personal y conjunto que requiere el vivir en pareja, la monogamia sí es posible. Si no de por vida, al menos por periodos más o menos extensos. Cada cabeza en su propio universo decide qué es prolongado. Claro, los seres humanos cambiamos y evolucionamos y por ende en muchas ocasiones volteamos a ver a la pareja con la que jurábamos llegar hasta que tuviéramos que usar pañal para adulto y resulta que no, que nuestros planes de vida, deseos y hasta calenturas están muy lejanos. Y, definitivamente válido, reinventarnos: crear una nueva pareja, con todas las vicisitudes que esto implica. En ocasiones hasta pereza de comenzar de nuevo. Quizás la idea más desechable sea esa de ‘Y hasta que la muerte los separe’. Habrían de cambiarla por ‘Y hasta que la muerte del amor los separe’. Porque de que muere esta energía, claro que muere o bueno, se transforma.
Pero para todos hay estilos de vida y muchos, cada vez destapándose más, optan por las relaciones abiertas o bien el SW. Que no son lo mismo, que quede muy claro. Quizás los ortodoxos o con ideologías más conservadoras (porque quizás en el fondo no comprenden el contexto), dirán que entre esas personas ya no hay amor, simplemente hay una conveniencia o codependencia y en vez de tener los tanates para separarse, optan por hacerse swingers o declararse abiertos a otras relaciones. Este último, esá basado en el ‘espíritu’ de dos personas que se aman, que pueden o no vivir bajo el mismo techo pero se reconocen y sinceran como seres que requieren de otras parejas con quienes puedan tener contacto erótico o sexual pero nunca emocional. Ahí está basada la lealtad o fidelidad del asunto. Es decir, ambas partes pueden andar ligoteando, teniendo sexo o coqueteos con otros, la otra persona lo sabe pero no deben dejarse ‘tocar’ emocionalmente. Muchos menos procrear.
Esto de las relaciones abiertas no es la clásica costumbre machista y milenaria de que el hombre puede andar de pica colas por todos lados y la mujer tanto lo sabe como lo tolera o bien aunque se le haga cachitos la panza de a corajes, se hace de la vista gorda porque entonces quién le va a mantener a los hijos. No, esta ‘ola’ o estilo de vida es otro boleto. Ambos saben que ambos tienen sus queveres con otros, quizás se lo cuentan, quizas se lo guardan pero hay este intercambio de complicidades, supuestamente basados en el amor y en la confianza al paso que ambos -de nuevo- se quitan de encima el yugo de la fidelidad que socialmente exige el tener una relación formal.
Por su lado los swingers, comparten, de manera literal hay una dinámica en la que ambos se fomentan el intercambio sexual con otros. Por lo regular tiene su parte voyeurista y exhibicionista ya que el placer se produce al saber y ver a la pareja disfrutando con otros y otras o varios o en trío o cuartetos o sexo grupal y cuarto oscuro y todos los etcéteras. Algunas parejas -casi siempre de inicio- lo que desean es sólo ver cómo otros hacen gozar a su pareja, a quien -al igual que en las relaciones abiertas- aman y con quienes desean pasar su vida o un lapso de esta. Otros, lo que gustan es verse uno al otro siendo penetrados o estimulados por otros. Algunos más encuentran el placer no en ver pero sí saber que ambos están teniendo contacto sexual con otros. O bien, haciendo tríos, intercambiando parejas de manera bilateral, etc. Y además hay una constante comunicación y complicidad al respecto. Ambos acuden de la mano a buscar esas aventuras sexuales y se impulsan uno al otro. De acuerdo a los estudiosos del tema, el ingrediente básico del asunto es precisamente el AMOR. Ya que no es el bálsamo que necesitan las parejas que están a dos de la ruptura, es necesario que precisamente haya solidez.
Cada cabeza un mundo. Demasiada honestidad, valor y aceptación de fantasías y deseos. ¿Consecuencias? Muchas, muchas pero harrrrrtas.
Pero nos queda la pregunta clave ¿Son más honestos que quienes decidimos vivir en monogamia y lealtad; quienes encontramos la paz en sabernos con una sola persona y saberla (sin dudas ni sospechas) que sólo y sólo está con nosotros tanto afectiva como eróticamente?
A ver…
2
Comunicación sexual y de pareja no sólo es hablar. Entiende
Para comenzar este año, además de nuestros enormes deseos porque todos comencemos a ejecutar una verdadera erótica de vida (de la cual platicamos en el podcast de esta semana), quiero despegar con otro concepto básico que soporta toneladas de realidad y que puede ser tan sutil, tan invisible que pensamos que está presente en nuestra vida de pareja, cuando quizás ya lo exiliamos hace años. La comunicación sexual pasiva. Que aunque suene ilógico es mucho más activa de lo que creemos.
Esa base de comunicación ‘pasiva’ consiste en escuchar y entender. Escuchar tanto como sea necesario hasta comprender a la contraparte. Por lo regular tenemos un concepto de comunicación sexual basado en hablar, en expresar y todo tipo de literatura nos insta a abrir la boca, desde cómo comenzar y cómo elegir el lugar y momento idóneos para dejar correr nuestro verbo (que cabe recordar que en términos de asuntos de cama, esta misma es el escenario menos adecuado. Principalmente antes o después de tener sexo). Sin embargo, no comprendemos que los cimientos de la expresión sexual verbal está en prestar todo oído, todo tímpano y atención consciente al sentir, desear o temer de nuestra pareja o compañero sexual. Damos por hecho que aquello que a nosotros nos angustia, o causa placer encaja con las percepciones de él/ella.
Entonces aquí vamos con la jodida dinámica pre establecida a intentar comprendernos como amantes. A hablar, y decir, extender frases y palabras hasta que creemos que ya está y que con esa letanía iremos hacia un mejor rumbo en nuestro diseño amatorio. “Yo ya se lo dije, se lo he pedido de todas las maneras pero seguimos con las mismas fallas”, ¿cuántas veces no hemos dicho eso? O, ya fastidiados de esas numerosas ocasiones un día nos cachamos diciendo “Así es y no va a cambiar. O lo/la amo como es o me busco otr@. Ya está”. Nos llenamos la boca diciendo, “Yo me comunico”. Lo cierto es que ahí nunca ha habido comunicación porque ninguno de los dos prestó sus orejas, sólo su expresión verbal. Porque es la parte más complicada.
Obvio, como todo circuito requerirá que uno hable pero se genera un cambio vertebral cuando decides ENTENDER. Esa, es otra, no sólo dejar hablar sino de verdad querer entender como si trataras de revelarte el silogismo más complejo de la historia. Como si sus palabras fueran un axioma, es real y edvidente porque es lo que siente. El que no compartas su opinión no quiere decir que su verdad no tenga validez, o que sea falsa. Si está ahí, en su cabezota o emociones, existe. Trata de entenderlo. Y haz preguntas con la misma compasión con la que le pedirías a un niño que te explique la razón de su enojo o de su miedo. Porque todos nos convertimos en niños cuando hablamos de sexo. Necesitamos la misma protección. Y no te defiendas, no te victimices. Tal vez tu pareja sexual dirá cosas que te vulneren pero trata de entender qué es lo que siente, no lo que te está haciendo sentir con sus palabras. Y tómate tanto tiempo para entender como sea necesario. No salgas de la plática hasta que tengas claras sus expectativas.
Comprendo, estás abiert@ a escuchar, pero la otra parte es una tumba. Ok, de nuevo, compasión como si fuera un niño. Haz preguntas simples con respecto a eso que estás detectando que no está funcionando en su vida sexual. ¿Qué sientes? ¿Qué necesitas? ¿Qué puedo hacer? Da soluciones. No comiences a plantear un conflicto, nunca comiences con “Creo que esto no está funcionando, ¿qué hacemos?”. Nunca. Es probable que se defienda y diga que todo está bien y que si el que se queja eres tú, la bronca es tuya. De nuevo, compasión.
Y si eres tú quien habla, comienza por hacerte responsable. No sólo porque cada quien es responsable de su propio placer, de su erótica y de su capacidad para orgasmar (siento decirles que nadie tiene porqué hacer esto por ustedes). Sino porque en ese orden podrás hacerte escuchar y crear complicidad está la INTIMIDAD.
Simple. Bases pero sin ellas, todo lo de arriba se tambaleará hasta caer como una torre de jenga. Escuchen, sentido del oído, sentido de erótica. Escuchar es erotismo y cuando nos sentimos entendidos aunque nuestro discurso haya comenzado como una bola de confusiones, terminamos por entendernos en ese camino de hablar y saber a la otra parte dispuesta hasta entender. Eso es dar.
Y aplica no sólo a los asuntos amatorios en términos sexuales sino a cualquier conflicto de la ‘carrera’ de ser pareja.
Ahí les encargo sus orejas y su mente abierta.
“APRENDE A ESUCHAR. DEBAJO DE CADA PALABRA, HAY OTRAS PALABRAS”. Alejandro Jodorowsky
Este post es presentado por la Píldora de la Libélula . Búscalos en Face facebook.com/libelulaSOS y mantente enterada de sus propuestas e investigaciones. Ya es hora de que todas dominemos la anticoncepción de emergencia. Y si andas en esas emergencias, llama al 01 800 00 MI SOS donde expertas en la salud te sacarán de todas tus dudas, antes y después de haber tomado la Píldora de la Libélula, los cambios posteriores posibles en tu ciclo, desajustes hormonales que pudieron provocarse, todo!
Da clic en la imagen
23
Las cougars y sus conflictos
Cada vez es más frecuente encontrar mujeres con parejas mucho más jóvenes. Por desgracia, casi siempre provocan reacciones de crítica: ya saben, ‘lo mantiene’, ‘es su chichifo’, ‘él sólo está con ella por el dinero o por un provecho profesional’. Hora de que evolucionemos los clichés, ¿no creen? No podemos presumir de una sociedad homogénea, cada caso posee diversidad. Debemos ser diversos.
Mujeres de treinta y tantos, casi cuarenta y más años con poder adquisitivo, con una conciencia clara de saberse merecedoras de tener la relación que deseen. Y, deciden involucrarse emocional, erótica o sexualmente con un hombre a quien le llevan una buena cantidad de años. Por lo regular, él está en sus veintes. Así nacen las COUGARS. Y no podemos llamarlo una ‘moda’, es un hecho social, producto de una conducta social. Originado por una generación -cada vez mayor- de mujeres que en dichas décadas se encuentran solteras o tras relaciones terminadas y que encuentran mayor interés en involucrarse con chavos u hombres jóvenes, que por lo regular le resultan más atractivos, frescos, promotores de dinámicas más divertidas o -en algunos casos- que les permiten percibirse a sí mismas más jóvenes emulando épocas anteriores pero, con la experiencia y la plenitud sexual y económica que su historia les ha dejado. Por lo regular son atractivas y parte de su estilo de vida cubre tratamientos de belleza, cirugías, botox y demás herramientas para hacerlas lucir en su mejor momento.
El origen del término ‘Cougar’ se ha discutido bastante pero entre los más aceptados están, la referencia al libro de Valerie Gibson de 2001 , “Cougar: A Guide for Older Women Dating Younger Men,” otro, que la palabra alude tanto al felino del mismo nombre (el puma) así como a la ropa con estampado de animales (animal print) que se reconoce como un gusto común en dichas mujeres y su significado de agresividad sexual, relacionando esto con ‘el salir de caza’, como hembras puma, sólo que en este caso, las presas son chavos. Igualmente, otra búsqueda lexicográfica propone que surgió de un artículo de marzo 2001, en el Globe and Mail de Toronto, que relataba la actividad de un sitio web canadiense llamado Cougardate.com, el cual fue creado en 1999 con el fin de que mujeres de más de 35 años en búsqueda de hombres jóvenes se dieran cita. Hoy ya es una palabra prácticamente generalizada y significante, y, ha perdido su carácter peyorativo gracias tanto a su común ‘práctica’ como a su diseminación en los medios como en la serie televisiva ‘Cougar Town’ de la cadena ABC.
Ahora, vienen algunos bemoles. Como cualquier relación, independientemente de la diferencia de edad o del sexo género, el éxito o fracaso depende de múltiples factores como la inteligencia emocional de ambos, el estilo de vida, el compromiso adquirido o no, la búsqueda simultánea de la dinámica en la relación, planes, valores personales, etc. El hecho de que ella sea mucho mayor no implica que necesariamente haya una relación de intercambio económico – sexual. Sin embargo, sí hay, producto de este hecho social, grupos generacionales de hombres jóvenes que encuentran un magnífico nicho en ellas cuando desean sacar provecho. Porque -volvamos a deshacernos de los clichés- no es imperativo que dicha mujer esté sola, abandonada y hambreada de amor y por lo tanto sea presa fácil de estos cazadores de cougars. Pero, pasa y no por la falta de autoestima en ellas sino por un factor crucial: el deseo sexual cegador, vulgarmente llamado ‘enculamiento’. Eso sí puede ser común, sobre todo cuando ella no únicamente busca involucrarse sexual o eróticamente sino ir más allá. Por supuesto que pueden tener relaciones equilibradas y sanas, dependerá de ambos y de la pre negociación que planteen sobre lo que cada uno busca, sin andar jugando al ‘noviecito’ cuando lo que quieren es desde un provecho hasta contar simplemente con la experiencia de vida pero sin que la cosa se ponga ‘seria’.
Asimismo, puede generar cierta ansiedad en ellas. La necesidad urgente de lucir lo más jóvenes posible, atractivas, divertidas, frescas. Llevar el ritmo, todo dependiendo del grado de control que tengan de la relación. Y, otro hecho social, muchas de ellas pueden descuidar aspectos de vida como los hijos (si los hubo producto de relaciones pasadas) y un desbalance emocional porque no siempre les es fácil ‘hablar el mismo idioma’.
¿Que opinan ustedes? ¿Casos cercanos?
20
Comunicación sexual real y efectiva
‘Tiene derecho a guardar silencio…o todo lo que diga será usado en su contra’. Si hiciéramos un manual sobre cómo muchas parejas evitan conflictos de cama, esa frase sería una de sus máximas. Considerada de mal gusto, pecaminosa o demostrativa de liviandad, la expresión sexual emocional (vamos, decir lo que uno desea sentir eróticamente; entre otros conceptos) por años exigió ser emancipada. No lo ha logrado por completo.
Quizás ahora nos tranquilice que el hacerlo no nos llevará ante un tribunal de la Santa Inquisición pero sí a la silla del inconforme, del verdugo ante su pareja. ¿Cuántos no han terminado arrojándose la loza porque una de las partes atreviose a decir ‘No me gusta cuando me haces tal’ o ‘Quisiera que probáramos algo nuevo’? Son simples expresiones pero se transforman en veneno para el autoestima del otro, en un motor para hacerlo elucubrar terribles fantasías que lo hieren. Entonces la siguiente vez apretamos los labios, no sea que se escape otra petición/ruego.
De acuerdo a La Asociación Mundial de Sexología, en su Declaración de Derechos Sexuales inherentes a todo ser humano, el derecho a la expresión sexual emocional enuncia ‘Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto y el amor’. Salvo excepciones, casi siempre nos quedan claros los dos últimos. Sin embargo, ¿la comunicación? ¿La ejercemos como derecho?
En pareja la honestidad completa no siempre es fácil, mucho menos cuando hablamos de sexo; área que se ha vuelto delicada porque nos lo hemos permitido. Tal vez necesitemos comenzar a desarrollar nuestra capacidad de expresarnos sin alterar nuestras vulnerabilidades.
El placer por la boca vive
La sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano basada en el sexo. Es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y espirituales o religiosos. Es necesario solicitar el respeto a cada uno de ellos pero sobre todo promover que cada práctica sea coadyuvante a nuestra satisfacción y disfrute, a la creación del placer. De acuerdo a documentos de la Sociedad de Estudios Científicos sobre Sexualidad, el placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es una fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual. Gin Ogden, terapeuta sexual de la Universidad de Cambridge, afirma que la expresión sexual es la base del placer y la plenitud. No ejercerla, puede provocar falta de compatibilidad sexual en una pareja, disfunciones como la dificultad para alcanzar el orgasmo, la excitación o la respuesta sexual (como la lubricación vaginal o la erección masculina); así como coitos dolorosos, frustración, insatisfacción, enojo, miedo, bloqueos emocionales, indiferencia hacia el contacto sexual y hasta la incapacidad para reproducirse. Todo debido a que no nos sentimos libres de hablar con quien compartimos el colchón.
Desde comentar que el aliento de la pareja nos está triturando las fosas nasales, que ciertas acciones nos extirpan toda líbido; exponer los propios planes reproductivos hasta proponer incluir a un tercero en un encuentro sexual requiere del sutil arte de la diplomacia. Aquí las reglas del amante diplomático.
En el pedir está el dar
>Al inicio de una relación nueva, plantea si no estás dispuesto a tener sexo en un tiempo considerable ya sea por mantenerte virgen o por dar tiempo a que la relación madure. Pero nunca te victimices, bases en viejas experiencias o muestres desconfianza.
>Antes de pasar al ámbito sexual, exige usar un método de protección y anticoncepción. Tienes que sentirte seguro y cómodo con el método que hayan negociado. (Fuera del condón, todo contraceptivo requiere de la recomendación del ginecólogo)
>Reconoce cuando una práctica sexual o el modo en que tu pareja la aplica está comenzando a crearte insatisfacción física y/o emocional.
>Habla con naturalidad y amor, no te muestres miedoso o dudes. Pero recuerda, las solicitudes de cama nunca se hacen en la cama; jamás antes, durante o después del acto sexual.
>Aunque hayas llegado al límite del hartazgo sobre un asunto sexual nunca lo expreses con gritos, majaderías o haciendo referencia a los defectos de la otra parte. Tampoco hagas un tango, llores o pongas ultimátums.
>Ve a tu ritmo. Antes de llegar a cualquier práctica determina si es tu momento y comunícalo con tacto.
>Ábrete. Si recibes solicitudes de integrar nuevos ingredientes a su vida sexual, considéralo; siempre respetando tus valores personales e ideologías. Nunca critiques los del otro, respeta su autonomía.
>Si algo te desagrada como ser estimulado en ciertas zonas usa el lenguaje no verbal, desplaza sus manos o propón otro movimiento. Si el mensaje no es claro, utiliza las palabras.
>Si ya quieres procrear, hazlo saber a la otra parte y planéenlo juntos. Si no comparten la decisión, nunca traigas a la cigüeña sin su consentimiento.
>Ponle su nombre a cada cosa, desde a los genitales hasta a la experiencia. Sé contundente.
>Usa la confianza y el humor. Si comparten la cama, deben tener la capacidad mutua de expresarse hasta con algo de comicidad sin ofender. Es su vida sexual, algo que deben tratar coloquialmente, como cualquier otra área.
5
Mexicanos al grito de sexo, la identidad sexual mexicana que nació herida, violada
Mexicanidad sexual como un mapa de quienes somos. ¿Con qué o con quiénes nos identificamos los mexicanos? Podríamos llenar anales con esa respuesta de acuerdo a las diversas perspectivas. Bien dijo Álvaro Vargas Llosa en El Manual Del Perfecto Idiota Latinoamericano, ‘[…] no nos hemos puesto de acuerdo en quienes somos pero tampoco en quienes queremos ser’. Otros más alentadores rescatan nuestras riquezas: el folclor, los colores y la alegría, una creatividad e inventivas peculiares cuyo génesis obvio ha sido la necesidad. Puntualmente la necesidad de crear bajo el concepto de mexicanidad- una identidad distinta a la hispanidad. Complejo decidir qué es ser mexicano.
Mucho hay en la construcción de la sexualidad de un pueblo para descifrarlo. Justamente el mexicano sexual, su mapa erótico e identidad nos revelan nuestros aciertos y tumbos como nación. Sobre todo, porque hay muchos Méxicos.
La identidad nacional se edifica sobre los hechos, se crean identidades colectivas sobre la historia sexual. No es ningún secreto que la nuestra surgió de un mestizaje doloroso. Bajo la visión del vencido que tanto exploró León Portilla; donde no sólo la virilidad del conquistado fue aplastada porque fracasó como guerrero, vio en muchas de sus mujeres sembrarse el esperma de los conquistadores a través de la violación.
La ira provocada por ese traumatismo en que el sometimiento surge como un recurso ante el exterminio quedó tan plasmada -tanto en nuestras células y códigos como en herencias culturales- que la identidad sexual (no la identidad de género) del mexicano nació lastimada.
La sexualidad sagrada prehispánica desapareció, la magia creadora de la diosa y su fertilidad. Y el placer como parte del viaje de la unión cosmogónica de ambas semillas. El mismo escudo nacional es una escenificación sexual prehispánica. El fenómeno quetzalcóatl –un ser de ambos géneros: la serpiente (el hombre), es elevado a través del águila (el útero o la nave) y es llevado al lugar donde la materia se une con el espíritu a través del éxtasis o la alquimia sexual; la unión del cielo y la tierra. Todo muere con la evangelización y sus conceptos sexofóbicos. La identidad sexual mexicana surgió sexofóbica.
Es así que nace el ‘macho’: el hombre herido y urgido por demostrar que es capaz también de someter. Incluso de castigar a quienes fueron vejadas y a sus hijos, los escuincles, por el significado que ambos tenían. Porque en el fondo, él, el mexicano también fue violado. Fue vencido, fue a quien ‘se la metieron’, a quien ‘se cogieron’ en sentido metafórico. E inconcientemente se crea el concepto de que aquel que es penetrado vale menos, todo lo femenino, todo receptáculo es digno de rechazo y surgen la misoginia y la homofobia. Pero aún más valioso, aprendimos, que los extranjeros suelen ser más viriles y capaces de penetrarnos y eso se ve hasta en el futbol. Esto, aunado a la minimización de la mujer heredada de los conquistadores, dio como resultado décadas de una feminidad aislada del poder pero sobre todo, de su poder sexual.
Los mexicanos hoy nos debatimos entre siglos de aprendizajes donde la mujer y su vagina sólo eran un hueco donde un pene se masturbaba con el fin de continuar el linaje de una macho a quien se le exigía esta calidad (pero a quien nadie la había enseñado cómo sostenerla), y una tendencia por ambos recuperar el derecho al placer, la libertad sexual y la plenitud (como cada quien la concibe). Nos siguen atacando las reminiscencias del macho herido y la ‘malinche’ objeto sexual, al tiempo que escuchamos diversas instancias a revelarnos contra toda ideología y/o religión que nos exhorte a nulificar nuestros genitales.
Es así que en muchas sociedades (aunque no las más), el hombre –ya no macho- mexicano descubre que ser vulnerable y desposeído de la obligación de mostrarse impenetrable lo hace más seguro. La mexicana se manifiesta restituida en su calidad de ser sexual, no sólo de madre. Y si bien aún no logramos divorciarnos del heterocentrismo, tenemos las primeras piedras de una construcción cultural más incluyente y diversa. Y comenzamos a celebrar las libertades bajo una urgencia de responsabilizarnos de nuestras fantasías, deseos, orgasmos, procreación: la eyaculación de la culpa y la mochería, para dar vida, para parir, el disfrute de todo objeto de deseo. Y nos estamos reconstruyendo, siglos después.
Texto Bullet Sexo por Elsy Reyes, Conozca Más sept 2010














