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Archive for the ‘Complejidades/parafilias sexuales’ Category

Bueno que la crisis a todos aguza la inteligencia. En muchas ocasiones en favor de las fantasías ajenas. Los misofílicos están hallando todo un mercado que les evita la pena de andarse robando las prendas íntimas usadas en lavanderías, tendederos y hasta en los cestos de ropa sucia de amigos que visitan. Esta expresión de la sexualidad o expresión comportamental de la sexualidad o parafilia (en lo que se ponen de acuerdo las grandes autoridades de la sexualidad humana a nivel mundial) consiste en la excitación a través de manipular pero sobre todo oler los humores, sudores y demás fluidos que quedan impregnados en la ropa y lencería. Y aclaro lo de parafilia o expresión (comportamental) de la sexualidad, dado que siguen en debate algunas de éstas que se consideran inofensivas o que no implican riesgo a la integridad de otros sino son conductores de excitación y fantaseo. Y bueno, vamos de acuerdo en que no afectará nunca del mismo modo el que una persona y muy de acuerdo con su pareja se excite con ciertos fetiches que, por ejemplo, las prácticas de un necrogílico. Dado eso hay quien opta por llamarlas parafilias menores y otros discuten porque no se les considere desorden sexual. Vaya, en esto de los términos andamos.

En fin, volviendo a estos amantes de los olores ajenos, pues mamá Internet nuevamente se pone al servicio. En países como Japón, ya es todo un negocio, incluso no sólo virtual. Las Buruseras son tiendas donde las chavalas de ojito rasgado pueden ir a vender su ropa interior sucia, y mientras más, mejor para que los mismísimos caballeros o claro, damas que requieren de sus olores para excitarse acudan a comprarlas. Por otro lado, las namaseras (nama quiere decir fresco), son otra vertiente pero en ésta las chicas están ahí, de manera presencial y el cliente elige y acto seguido ante sus ojos se quitan la ropa para que él se las lleve bien metidas en una bolsa ziploc para que no se le escape la escencia en el camino a casa. Hay chones, tangas y demás rondando de los 5000 a los 10, 000 yens, lo que nos da, al tipo de cambio del día de hoy, entre 730 a 1400 pesos.Y el precio casi siempre radica en la cantidad de días que la usuaria lo trajo puesto. Y pueden incluir la foto de la misma, digo por aquello de las imágenes mentales.

Y claro, aunque en México no tenemos esos establecimientos clandestinos al menos no de modo muy conocido, hay quien se anuncia en la red. Me encontré esta compradora y esta vendedora. Miren lo que son las cosas.

¿Cómo lo ven? Nombre pues déjense el mismo chon unos quince días y en una de esas lo subastan a precio millonario. Jajaja, no es cierto, pero resulta interesante, ¿no creen? Todos unos ropavejeros del sexo.

Estoy haciendo una investigación sobre un caso para un artículo sobre la pederastia, específicamente sobre los ciber pederastas. Realmente se abren demasiadas interrogantes sobre el origen de esta conducta, es decir, la pedofilia. De acuerdo a algunas gacetas, estudios y cuadernos de sexología, es un verdadero sufrir padecer pedofilia. Que no es lo mismo que pederastia.

La pederastia se refiere a las relaciones sexuales entre un adulto y un menor, es reconocido como abuso sexual. Por su lado, la pedofilia, es la inclinación por parte de adultos a sentir una atracción sexual primaria hacia niños o adolescentes.

Desde el año 2002 se ha debatido la posibilidad de sacar la pedofilia del apartado de parafilias del Manual DSM IV (Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) debido a que es ajeno a la voluntad del sujeto. A causa de su naturaleza, existen dudas sobre si debe ser considerada no una parafilia o, como ahora se le busca reconocer, expresiones de la sexualidad, sino un trastorno mental, como la esquizofrenia y muchos otros. Algunos investigadores del Instituto en Estudios Avanzados de Sexualidad Humana en San Francisco afirman que el pedófilo es una víctima lo lleva a ser victimario (pederasta).

Realmente complejo porque el ser peófilo no conlleva un delito pero sí cuando la misma filia te hace buscar el objeto de deseo y por lo tanto incurrir en abuso.Hay casos de verdad dolorosos, gente que narra su calvario al sentir dichas inclinaciones sexuales y saber que está mal, que es un delito. Prácticamente es imposible de frenar el proceso. ¿Qué puede hacerse con estas personas más allá de la terapia?, misma que no garantiza que no vayan a sucumbir a sus deseos y por lo tanto no salgan en busca de niñ@s. No hay medicamentos que controlen, por un tiempo se propuso -babosamente- la castración química, impidiéndolos de mantener erecciones pero el cerebro no se puede ‘castrar’ y el pene no es el único miembro con el que se puede abusar sexualmente de un niño. Es claro de acuerdo a la mayoría de los psicoanalistas que hay heridas profundas de la infancia y bla bla bla que lleva a dichas personas a desear contacto sexual con menores pero ¿hasta dónde hay respuestas en estos casos? No se le puede privar de los derechos básicos a un pedófilo. Mientras tanto ¿cómo mantener salvos a los niños? De acuerdo a diversas estadísticas la mayoría de los niños que han sufrido abuso, ha sido por parte de familiares, maestros, amigos o hasta los sacerdotes de su iglesia. Por lo regular se da en un ambiente de absoluta confianza y donde menos se imagina. Realmente complejo. ¿Qué opinan?

El término ‘dogging’ es un eufemismo británico para nombrar al sexo en un lugar público o semipúblico. Como aquello de encontrar excitante el sexo en un parque, el cine, la famosa biblioteca de la universidad (uy, qué tiempo aquellos jajaja). No obstante pese a que múltiples personas lejanas a padecer una parafilia lo encuentran excitante, el jogging como práctica de subcultura llega mucho más allá. En dichos ‘extremos’, con frecuencia se cuenta con la presencia  —tan sólo mirando o participando activamente— de más de dos personas. De hecho, puede generarse una situación de sexo grupal. La práctica del ‘dogging’ en algunas ocasiones se traduce al castellano como ‘cancaneo’. Y alude —directa e indirectamente— a la práctica del exhibicionismo y del voyeurismo.

Un punto complejo de los encuentros de ‘dogging’ es que a menudo se convocan a través de Internet y se arma la ‘horchata’ u ‘orchata’ con todos los riesgos que esta implica.

Originalmente, el término ‘dogging’, mismo que surgió en Gran Bretaña, se usaba para referirse a la práctica o actividad en la que alguien espiaba sin ser advertido a parejas que se encontraban realizando actividades sexuales en el coche o en algún otro lugar público. Es decir, el término se empleaba para referirse concretamente a una conducta voyeurista. Recordemos que una parte esencial del voyeurismo tradicional es la excitación que les supone mirar prácticas sexuales sin ser vistos. En el ‘dogging’ las personas miran y se exhiben abiertamente. En ese sentido se puede considerar una extensión de la práctica del ’swinging’ o intercambio de parejas con el ‘toque’ de que además, se realiza en público.

La legislación en el Reino Unido es bastante peculiar en este respecto. Estipula que si todos los participantes en la escena de ‘dogging’ son adultos, están ahí voluntariamente, y no pasa por ahí ninguna persona ajena a la práctica, entonces no existe delito. Queda claro que esto no ofrece ninguna garantía a los practicantes. Y muchos otros es falta a la moral y merece detención.

Miren que hay prácticas para todos y para darle imagen a este post decidí poner la siguiente foto de publicidad de Calvin Klein Jeans.

Y… no quiero oírme o leerme como mamá pero no pude dejar de pensar en el mensaje. ¿Esto es cool? Digo a mí me parece una escena erótica bien producida, iluminada y me queda claro su objetivo pero un chamaco recién despertado en el erotismo, ¿cómo lo traduce? Las prácticas de tríos o grupales son -y lo he reiterado mil veces- respetables y válidas pero es un hecho que NO son para todos, y creo (con temor a que me tilden de ñoña) que esto sólo está fomentando una ideología donde el sexo hoy por hoy ya no es más que un tirarse a la carne con quien se deje y esté a la mano, participando de manera grupal cuando ni siquiera se tiene claro quién se es y qué se desea de la sexualidad. ¿Qué opinan ustedes? Porque no es lo mismo experimentar cuando se tienen claros los objetivos que aventarse sólo porque la publi del jean caro-nice y los amigochos dicen que es lo cool y lo inn. Honestamente, ¡qué hueva que el sexo tenga que ser así para sentirse! Hay que ver pa dentro no para afuera, muchos no quiere decir mejores orgasmos o experiencia más excitante. Es falta de huevos, perdón, de coraje para autoconocerse y verse como un vehículo infinito de posibilidades y para eso no necesitas más de una persona ¿Tons? ¿No están fomentando un concepto de la sexualidad algo complejo para la bola de mensos adolescentes? Porque cada quien hace con su ‘rabo’ lo que guste pero siempre y cuando tenga la capacidad para asumir la responsabilidad que conlleva. Y ¡muchos!, no tienen ni idea de lo que esa palabra significa.

‘¡Eres una exhibicionista!’, solía decirme mi madre cuando en mis tiempos preparatorianos salía a la calle con minifaldas que de milagro me tapaban el trasero. El hecho de que una persona quiera lucir sus carnes bajo diminutas prendas o escotes profundos nada tiene que ver con la parafilia. Es un simple gusto por mostrar lo que te gusta de ti, claro sin llegar a lo burdo, onda pezonera de Niurka para un evento de gala. Y jamás aceptaré esos preceptos de la iglesia y algunos mochos que afirman que aquella mujer que se vista escotada o con falda corta no puede quejarse si es violada o molestada. Mierda absoluta.

En fin, el exhibicionismo suele tildarse socialmente como perversión. Cuando tal término ya ni existe. Nunca falta el tipo que se para fuera de escuelas o paradas de autobús y muestra sus genitales erectos o no erectos y la gente lo adjetiva como pervertido. En realidad sufre un padecimiento: exhibicionismo.

De acuerdo al DSM IV, mismo que hemos citado miles de veces en este blog por lo que su-pon-go que ya saben que es el manual de transtornos mentales usado en todo el mundo, el exhibicionismo consiste en una tendencia persistente o recurrente a exponer los órganos genitales a extraños (normalmente del sexo opuesto) o a gente en lugares públicos, sin incitarlos o intentar un contacto más íntimo. Normalmente, aunque no siempre, suele haber una excitación sexual durante el período de la exposición y el acto suele terminar en una masturbación. Esta tendencia puede dar lugar a un comportamiento que se manifiesta sólo en períodos de crisis o de tensiones emocionales, separados por otros períodos en los cuales está ausente el comportamiento exhibicionista. Se limita prácticamente a varones heterosexuales, que se exhiben a mujeres adultas o adolescentes, normalmente confrontándolas, desde una distancia de seguridad, en lugares públicos. Para algunos el exhibicionismo es su única descarga sexual, pero otros simultanean este comportamiento con una vida sexual activa, con relaciones de larga duración, a pesar de que sus impulsos exhibicionistas pueden ejercer una mayor presión en momentos de conflicto en sus relaciones. La mayoría de los exhibicionistas encuentran que sus impulsos son difíciles de controlar y son vivenciados como propios. Si el testigo se sorprende, asusta o impresiona, suele aumentar la excitación del exhibicionista.

No hace mucho tuve un caso de un chavo que encontraba demasiado excitante ponerse un traje de baño blanco en las albercas y su búsqueda era clara, que se notara debajo de la tela mojada su pene y testículos. El que la gente lo observara e incluso se burlara de él le parecía delicioso. Evidentemente había un trastorno y heridas emocionales que atender.Pero es importante no confundirlo con el gusto por mostrarse desnudo ante la pareja o alguien a quien se desea atraer. Esto es normal, totalmente animal, muchos mamíferos se acicalan y muestran sus genitales en tiempos de procreación, en la calenturienta primavera.

Pero nadie negará que es incomodísimo como expectador del parafílico, sobre todo cuando dicha práctica se combina con la necesidad de mostrarse en plena práctica del autoerotismo. Nunca olvidaré cómo me enteré de que los seres humanos integramos la masturbación a nuestra vida, fue de un modo grotesco. Como a los once años caminando por las bellas calles de Satélite un tipo me detuvo para preguntarme una calle y claro, su fin era que yo lo viera mientras se masturbaba en su auto. Creepy. Lo extraño es que observarlo aunque sea entre obligada y por accidente me dejó una especie de culpa. Yo no podía contarle a nadie lo que había visto. Ahora me da risa pero a esa edad fue un espectáculo espeluznante. Pero, por ejemplo, el hecho de querer ser visto masturbándose por la pareja nada tiene que ver con una parafilia, es igualmente una práctica. Claro, siempre y cuando no se dependa de ello para la excitación. Porque también hay quien no puede lograr una respuesta sexual u orgásmica si su pareja o persona en turno no lo pbserva autoerotizarse. Hay delgadas líneas pero en nuestra conciencia son muy claras. Sabemos cuando algo sólo es una herramienta ocasional para salpimentar una relación y cuando ya hay dependencia.

Miren que la cosa no es lo mismo pero ¿alguna vez han detectado en ustedes una sensación de querer ser descubiertos desnudos o mostrando sus partes ‘nobles; o incluso han encontrado excitante el observar o ser observados durante el autoerotismo?

La podofilia o fetichismo de pie es un comportamiento sexual poco estudiado. Un fetichista de pie se excita al ver, tener contacto, oler, chupar, etc. un pie –que es identificado como un objeto de excitación o medio de deseo- ya sea propio o de alguien más, igualmente se relaciona con la excitación al ver zapatos del sexo opuesto. Lo detecta como algo tan poderoso y deseable como los genitales. Dado eso, un podófilo (ojo, no es pedófilo, esos son otros andares), la penetración con el pie equivale en su psiquis a ser allanado por un pene. Según Freud decía ‘La experiencia del infante con su madre puede involucrar adoración por su pie. Si esto deja una huella en la conducta sexual durante este período puede llegar a transformar el pie en el primer objeto de excitación sexual’. Por otro lado, según el Profesor Vilayanur Ramachandran, Director del Centro de Estudios del Cerebro y Cognición de la Universidad de California, el pie y los genitales emplean zonas adyacentes en él córtex somático-sensorial, potencialmente enlazándose.

No se considera una parafilia peligrosa siempre y cuando no se convierta en una obsesión (que se vaya por la vida compulsivamente buscando pies qué estimular, que te penetren o se busque ser lastimado con dichas penetraciones).

Sólo hay que tener sumo cuidado ya que es una extremidad grande y con una forma poco adecuada para la vagina. Se requiere de mucha higiene, tiento y lubricación…

Ahora sí que cada quién sus gustos… ¿Pies?

Pasarnos el día en pleno rush y estrés por obviedad causa contracción en distintos grupos musculares, uno puede sentir esa tensión en los músculos de la espalda o del cuello, pero no son los único que sufren tensión marca ‘Vetealdiablo’, los músculos pélvicos también reciben su dosis. Y fea. Es así que cuando nos relajamos al excitarnos, llegar a la meseta y finalmente al orgasmo, dicha relajación puede causar dolor. Sí dolor espantoso. Todo el vientre, la espalda baja, los testículos, las ingles y la pelvis al sufrir tal choque al destensarse que la sensación posterior al maravilloso orgasmo es un pain in the ass.

¿Alguna vez han escuchado que cuando una persona constantemente sometida a fuerte estrés y tensiones, toma vacaciones, se enferma? Por lo regular esas personas cuando se permiten relajarse su cuerpo ‘les habla’ y les hace ver que llevan mucho tiempo pasándola mal y se somatiza todo ese acumulado al cual no se le hace caso porque se está demasiado ocupado. A la pobre pelvis le pasa lo mismo. No duele mientras estás en plena crisis de estrés. Y te dices ¿Entonces por qué demonio me duele si acabo de tener un momento rico, delicioso? Precisamente por ello, porque la relajaste y le permitiste sentir.

¿Ven? Dense al menos una hora al día para que su cuerpo sienta, se relaje, respire. Saben que casi siempre mi carga de trabajo es asquerosa, si no me diera esos minutos para mí, me volvería loca. Y –por obviedad- mi fase post orgásmica sería de miedo.

He ahí la respuesta. ¿Les ha pasado?

Una temporada de falta de apetito sexual (que a muchos ha pasado y no debe llenarnos de drama shock) es posible que se vuelva crónico. Incluso, objeto de estudio y motivo de visitar al especialista. Gran cantidad de gente que vive básicamente con un nulo o bajísimo deseo sexual se debe a desbalances hormonales, a falta de testosterona (hormona reina de la calentura), cuestiones genéticas relacionadas con los receptores de su cerebro, o con asuntos psiquiátricos importantes. O sea para ellos el sexo tiene la misma importancia que ver pasar una bola del desierto en medio de la nada. Igual de excitante y divertido.

Algunos creerán que el perfil de dichas personas se caracteriza por inseguridad, que son huraños o retraídos. Pero no, andan pululando por la vida como seres sociales comunes, relajados, incluso divertidos, simplemente el sexo no les interesa. Y aunque en sus momentos de soledad quizás se suman en dudas y en enojo consigo mismos, pocas veces dan a notar el poco contacto que les merece su ser sexual. Algunos, es más, tienen pareja (misma que o comparte dicho trastorno o vive quejándose amargamente).

En Estados Unidos han surgido en los últimos años numerosos grupos de personas que declaran abiertamente asexuales y que han constituido la Red de Educación y Visibilidad de la Asexualidad. En palabras del sexólogo Alonso Acuña ese término, asexualidad, no puede emplearse en español puesto que indica ausencia de sexo y esa circunstancia en los seres humanos es imposible. Nuestra sexualidad y sexo nacen con nosotros y mueren con nosotros. No hay más. Lo más correcto utilizar el término hiposexualidad. Al fin y al cabo, los hiposexuales aunque tengan un deseo sexual por los suelos también tienen relaciones sexuales (una vez al año o un episodio masturbatorio cada seis meses).

Según datos no oficiales de la Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual, tres de cada diez personas son hiposexuales. Se trata de personas de cualquier edad, género o condición social.

Complejo es el ser sexual, lo sabemos. Hay tantas heriditas o situaciones de impacto que pudieron generarnos dudas, fobias, enojos o incongruencias con nuestra sexualidad que no acabaríamos nunca de enumerarlas. Hoy leí un mail en el que noté a la remitente en verdadera angustia. Es fácil caer en pánico cuando no se conocen bien las situaciones o sus causas. También porque la mayoría de ellas están ligadas a la demencia o hasta a burlas. El hecho es que ella ha descubierto que su hermano gusta de ponerse su ropa interior, no para salir a la calle sino cuando está a solas. Eso le produce un extraño placer y ella al pillarlo en pleno ‘desfile ante el espejo’ me comenta que entró en shock ya que además la novia de él es amiga suya. Él es heterosexual. Obvio no sabe qué decirle, se pregunta sobre la orientación sexual de su hermano, y un largo etc. Nadie negará que estamos hablando de un campo complejo. El fetichismo está denominado por el Manual de Diagnóstico de Trastornos Sexuales (DSM-IV) como una parafilia; dentro de la categorización mayor de ‘Trastornos sexuales y de la identidad sexual’. El fetichismo travestista es una de sus variantes que consiste en buscar y sentir excitación sexual al vestir o manipular ropa diseñada para el sexo opuesto sin que esto influya en la preferencia. Aunque sí está muy ligado al travestismo derivado de una orientación homosexual. No todos los homosexuales gustan de vestirse de mujer, ese es punto aparte. Evidentemente si él depende de ello, es decir la delgada línea que separa una parafilia de una práctica sexual (por rara que parezca) se sostiene en la dependencia de la actividad para excitarse o tener respuesta sexual, orgasmo, y demás. Según la mayoría de los sexólogos, sobre todo los menos ortodoxos, no hay parafilia cuando no se está supeditado a ello. En este caso no sabemos si él sólo ‘gusta’ de ponerse la ropa interior femenina y modelar para sí mismo –lo cual lo excita- o ya es una acción que no puede evitar, le causa culpa, remordimientos y a su vez una imperiosa necesidad de repetirlo (como una adicción). El origen puede ser desde muy básico hasta enmarañadísimo, como por ejemplo que en alguna etapa o momento de su vida se cerebro haya correlacionado la ropa interior de mujer con una sensación de seguridad, de sensualidad o cualquier hecho satisfactorio. Por otro lado, en los últimos años se ha creado una especie de movimiento lúdico a través del cual la gente practica el ‘transformismo’ como un método para liberarse y divertirse, es por eso que muchos lo ven como una situación banal. No obstante, si esta práctica resulta gratificante en términos sexuales, con seguridad hay una alteración emocional, un déficit en el desarrollo psicosexual y un conflicto de la personalidad. Su identidad sexual debe estar lastimada. Es obvio y evidente que no hace daño a nadie, no se rompe ‘la regla de oro de la sexualidad’ pero habría que analizar muy a fondo qué tanto ‘daño’ se está haciendo a sí mismo en términos emocionales (otra parte de la regla de oro), ¿Ustedes qué opinan? Sin necesidad de que sean especialistas, de manera social ¿qué opinan? ¿Él debe buscar ayuda? ¿Al no hacerle daño a nadie puede continuar con su ‘gusto’ siempre y cuando no dependa de él ni le resulte adictivo? Opinen.

Muchos de los conflictos sexuales que cualquier persona puede experimentar, desde dificultad para excitarse, para llegar al orgasmo o eyacular, dolor, hasta una disfunción como la DE o la eyaculación precoz, la anorgasmia y otras cuando se derivan -todas las anteriores- de causas no orgánicas (males urológicos o ginecológicos), estoy segura que mucho tienen que ver con LA PÉSIMA CAPACIDAD QUE TENEMOS DE CONECTARNOS CON NUESTROS SENTIDOS.

Es la verdad, no sabemos sentir. Estamos educados para percibir de manera mermada. Asimismo nos hemos acostumbrado a evitarnos permanecer en contacto con nuestra capacidad de reconocer y disfrutar un olor, un sabor, una textura, una maravillosa vista. Vivimos de prisa. Engullimos la comida sin siquiera darnos chance de descubirir a qué sabe realmente. Digo, tampoco les pido que durante la comida se detengan a saborear durante tres minutos cada bocado porque cada alimento les tomaría más de dos horas pero ¿cuándo realmente nos damos el permiso de experimentar con toda la boca, con la lengua y cada papila el sabor de algo?  Nunca.

El olor de una flor, de la piel de alguien, de las sábanas, de un perfume o de algo delicioso. Tampoco. Olemos por oler, porque es automático. Si algo apesta, lo sabemos pero ¿nos detenemos a darle una buena ‘olida’ a algo agradable? Cerrando los ojos, disfrutándolo. No. O ¿Nunca han descubierto en medio del tráfico con estrés y prisa que el cielo de la ciudad donde viven realmente en ese momento está hermoso? A mí me ha sucedido que en medio de mi mentada de madre mental levanto los ojos y el cielo del atardecer está increíble, naranja con morado y rosas. Y no nos detenemos a observarlo. Y miren que suena cursi pero es un gran ejercicio como el de disfrutar una textura, la sensación de meter los dedos en un costal con semilas o la de una tela suave, la de la piel o los labios de nuestro acompañante en los azarosos caminos del amor y el sexo. En realidad no lo hacemos. Y vivimos desconectados. Usamos los sentidos al ¿qué será? ¿20 por ciento?

Es así que en el momento en que la cosa erótica, el momento del agarrón comienza, estamos dormidos. El cuerpo de verdad siente la mitad de lo que es capaz de disfrutar. Ahí viene la falta de conexión con uno mismo y con todo el cuerpo -cual largo es- del otro. Por ende, hay falta de sensaciones, poca comunicación corporal, dificultad para eyacular o controlar el deseo eyaculatorio y un largo etcétera. De verdad porque dejamos que las funciones lógicas por estímulo actúen pero de manera automática. Cuando me dicen, por ejemplo, una chava ‘No sé porqué ya nunca tengo ganas de tener sexo o me excito de inicio y luego se me esfuma el deseo’, casi siempre le pregunto de vuelta ‘¿A qué huele el sexo o a qué sabe la excitación?’. Y casi siempre me ven con cara de ‘¿Qué se metió esta tipa?’. Y en realidad no es la causa, pero me permite darme cuenta qué tanta relación tiene con sus  sentidos. Claro, su problema  puede estar sujeto a diversos asuntos emocionales, de dinámica de pareja o personales pero comenzar con curar los sentidos atolondrados ayuda y mucho.

Hagan el ejercicio, comiencen con ustedes mismos. Prueben, realmente saboreen algo, lentamente con toda concentración, huelan una fruta o un pedazo de chocolarte, con toda la intención de disfrutarlo. Si les da pena, háganlo a solas. Nunca falta el que te ve con cara de ‘Este ha fumado marihuana’. Ahora mismo toquen alguna tela de la ropa que traen puesta, lentamente. Enfóquense en qué se siente ¿cómo es? ¿Qué sensación llega a su piel a través de la tela? Observen, hasta la cosa más idiota o el objeto más común cuando lo observamos se convierte en otra cosa.

Verán que ir reconectando sus sentidos les dará otra perspectiva y luego compártanlo en pareja. Más tarde un ejercicio de reconocimiento y de ‘Cura de los sentidos’ en pareja que -les prometo- termina en una fiesta de orgasmos. Ahi vengo.

Un hombre está completamente desnudo (en todos los sentidos) frente a una mujer que necesita –sí, necesita- satisfacer. No hacerlo sería perder todas esas imágenes que creó antes de entrar a la recámara: la cara exhausta de ella, sus mejillas enrojecidas, su frente perlada, sus muslos aún temblando y esa sonrisa ladeada que le recuerda la de una niña que salió con juguete nuevo. No piensa perderse eso. Sin contar con la serie de juicios que hará de sí mismo y que no lo dejarán de atormentar toda la semana. Ya no se diga si en un momento de vulnerabilidad se lo cuenta a un compadre, la chinga será letal. Sabe que tie-ne que cumplir. ¡Qué Michael Douglas en ‘Basic Instincts’, ni qué Michael Douglas! ¡A huevo!

Pero sucede que con toda esa carga mental, eyacula en dos minutos ‘¡Madre!’ en ese momento algo así parece más grave que el colapso de la Bolsa de Valores. Ella tiene cara de ‘pero vamos a seguirle ¡no?’ Y sucede el milagro, el Santo que acude a asistir los periodos refractarios se hace presente y viene la erección de nuevo, pero no es firme ni duradera. Parece que el chingado santito se fue sin hacer su chamba completa. Cuando logra firmeza, penetra pero se pierde y el pene sale como escupido de la vagina, hay que cambiar el condón y entre cambio y cambio la cosa esa que comienza a odiar el pobre paisano se ‘aguada’ más. Ella ya hizo toda clase de suertes, le dio sexo oral, masajeó su glande; ya llegó al punto de dar de tirones a la cosa pero insiste en parecer una ballena encallada en la playa de vellos púbicos de su pelvis. ¡Al carajo! Adiós imágenes maravillosas. Bienvenido al mundo del tormento donde el pene se convierte en el enemigo público número uno. “Pero eso sí cabrón, seguro en la mañana amanecerás estiradito y vigoroso como diciendo ‘méteme a donde sea’, ¿Ya pa qué?”

El periodo refractario es un asunto que conlleva bastante azar. Nadie sabe ni sabrá si la erección volverá con tooookio o no. Esa es otra variante del periodo refractario y está sujeta más que nada a la mente. Así como otra de sus diferenciaciones: la de lograr una erección de vuelta pero no poder eyacular. Volvemos a lo mismo, todo se traduce en el estatus del cuerpo en ese momento pero sobre todo de la capacidad que tengan para dominar todo ese diálogo interno, inundado de juicios para poder relajarse, respirar y darle tiempo al tiempo.

Hay ejercicios que pueden ayudar, siempre y cuando no carguen esa bola de manteca a la espalda que se llama presión. Pídanle a su pareja (o ustedes niñas sean preactivas) que con una buena cantidad de lubricante comience por rozar poco a poco el tronco del pene hasta subir al glande y ahí con los dedos o el pulgar de masaje con movimientos circulares en ambos sentidos. El glande es la zona más sensible, por eso es mejor comenzar por el tronco, para que al llegar ahí, la sensación sea más intensa. Pueden combinarlo con pequeñas succiones orales. Pero eso sí, por-favor, no se pongan a jalarlo o menearlo como si fuera joystick. Eso lo único que hace es apendejar más la vasodilatación; además de que el simple movimiento rápido impide que el hombre en cuestión se relaje y entonces sí va a entrar en angustia. Prueben y verán.

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  • about elsy

    Columnista en Sexualidad y Relaciones de pareja para las revistas Conozca Más, Men's Health en Español, Maxim y Marie Claire. Blogger y Podcaster de cabecera para todo el que quiera disfrutar una sexualidad plena y descifrar el cerebro de su pareja. CONTACTO elsy@elsyreyes.com
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