Browsing articles in "Cuentos de Ultracama"
Dec
27

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Dialecto Horizontal’. Gran Final

Maura se deja acariciar, callada, ni siquiera un leve pujido sale de su boca. Tiene esa sensación de cosquilleo entre las piernas. Sigue sin emitir un sonido. Su cuello se siente húmedo, sus orejas mordisqueadas, su escote frío. Él toma sus hombros y la gira de espaldas a él. Ni siquiera toca su blusa. Ella siente su manoseo por encima de la tela. Nuevamente la gira frente a él y muerde sus pechos a través de ésta. La tela casi se transparenta por su saliva. Siente sus manos debajo de su nuca, tira un poco de su cabello, lo enreda. Maura piensa cuánto tiempo tardará en deshacerse con el cepillo los nudos que le dejará. En ese movimiento nuevamente la pone de espaldas a él, la inclina sobre el escritorio y Maura ve sus calzones enrollados en sus jeans deslizarse por sus piernas, casi tocan el suelo. Las manos de él sujetan con fuerza su cadera, sus dedos se encajan en su pelvis y en un movimiento seco, rápido, la penetra. Sus manos están recargadas en el escritorio, los movimientos hacen que los huesos de su cadera de repente choquen contra la madera del mueble y ve las puntas de su cabello moverse al compás del empuje. Entonces Maura comienza a preguntarse cómo llegó hasta ahí, en ese sentir de entra y sale, en ese vaivén, se da cuenta. Estaban solos en la cabina, ella lloraba por la respuesta que Fidel le había dado al aire, ante los oídos de miles de personas. El programa del Perro acababa de terminar, leía los mails y las listas de chat que los escuchas le habían enviado. El Perro había aprovechado su rating y le pidió que fuera a su cabina. Toda su hora al aire había consistido en entrevistarla sobre los sucesos de su programa. Terminó enviándole un mensaje de desdén a Fidel pero una vez que los micrófonos se cerraron, no pudo dejar de llorar; de humillación, de desilusión. El Perro entonces le pidió que fueran a su oficina, un diminuto cuarto donde trabajaba esperando su momento al aire. Maura entró y sentada read more

Dec
17

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Dialecto Horizontal’ Cuarta Parte

- ¿Hola? ¿Quién es? ¿Quién habla? ¡Son la seis de la mañana! ¡Deja de molestar!

Fidel grita y se reacomoda en su cama, jala las cobijas verde hoja que le ha regalado su mamá en su cumpleaños –detesta que siempre le de cosas para su casa en vez de algún artículo personal- y trata de arroparse para conciliar el sueño. Con el tirón descubre sus pies y se le hielan en un segundo. El frío de diciembre siempre se siente en su departamento. Moviendo los pies, trata de tapárselos pero sólo logra que el dedo meñique del pie izquierdo se le atore en una de las sábanas, doblándose, casi ruge del dolor y el coraje. Ha recibido ocho llamadas desde la una de la mañana. Nadie contesta, sólo se quedan en un mutismo desesperante tras la bocina. Está seguro que es Maura, en la pantalla del celular sólo dice ‘número privado’. Está harto, cada que está por comenzar a soñar, el ringtone de ‘los toreadores de Carmen’ de su celular le altera el cerebro. A la cuarta llamada ha apagado el celular, ahora es el de su casa el que suena. Nuevamente el timbre le cercena lo que le queda de sueño, son las 6:15 am. Contesta, no dice nada por un largo rato. Sólo escucha una respiración del otro lado.

- ¿Qué quieres Maura?

Ella cuelga. Fidel se jura en ese momento ir a buscarla al otro día para recomendarle que se interne en un hospital psiquiátrico, decirle las peores cosas que le ha dicho nunca a una mujer y quizás escupirle en la cara. Siente odiarla. Nuevamente suena el teléfono. Fidel ve largamente al techo, no piensa contestar. Sus manos entrelazadas sobre su abdomen se convierten en dos puños apretados. Se levanta y jala el cable del teléfono para desconectarlo y va a la cocina. Toma una read more

Dec
9

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Dialecto Horizontal’ Tercera Parte

Fidel toma el libro con ambas manos, la cubierta tiene una especie de mujer unicornio, un híbrido o alebrije de mujer y unicornio; sentada con las piernas abiertas y una esfera de luz cubriendo el pubis. Parece de mediana calidad aunque las pastas están hechas de papel grueso y brillante, todo en rosa. Levanta la tapa y ve una dedicatoria, ‘A mi querido Fidel, por ser el mejor radioescucha. Con cariño, Maura’

-    Querrás decir el mejor títere con el que me he encontrado para celar a mi novio, ¿o no?
-    He tenido mejores
-    Entonces no era la primera vez que lo hacías
-    ¿Qué?
-    Fingir

Fidel la mira de reojo mientras hojea esa especie de manual de vida para tener una vida sexual plena. Algo de Maura lo perturba al tiempo que le fascina. Es tremendamente cínica, cada uno de sus gestos con cínicos. Observa sus hombros, están encogidos en señal de no entender. Fidel desvía sus ojos hacia el suelo y de nuevo hacia los ojos de Maura, quien ha pensado que todo ese tiempo él ha estado viendo sus pechos.

-    Sí, no traigo brassiere.
-    ¿Perdón?

El comentario obliga de manera inconciente a Fidel a llevar los ojos a sus senos, es notorio que en efecto, no trae ropa interior.

-    No estaba viendo que no traías brassiere
-    Me estabas viendo las bubis
-    No las estaba viendo, las vi ahorita que dijiste… ¡ya olvídalo! Gracias por el libro, lo leeré cuando tenga oportunidad.
-    ¿Sabes por qué se llama ‘Dialecto Horizontal’? read more

Dec
1

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Dialecto Horizontal’ segunda parte

Maura presiona el hombro izquierdo de Fidel obligándolo a recargarse en la pared, su cabeza rapada choca contra un adorno con plumas de la cara de un indio americano del que cuelgan cuentas. El golpe reverbera en sus sienes. Maura se acerca dejándolo sentir su aliento a pasta de dental de canela, algunos de sus cabellos castaños están atrapados entre sus labios. Sus ojos color avellana se mueven recorriendo la cara de Fidel, se detienen en su barba sin afeitar. Acerca su mejilla y se deja raspar por los vellos puntiagudos de su cara. Fidel mueve el mentón de Maura con una mano y retira de su boca los rizos que parecían pegados a sus labios secos.
-    No sé qué es eso, del club de…
-    Es lo que has estado haciendo toda la noche, Fidel. Buscarme, esperarme, hacerme la plática estúpida, pasar saliva como si estuvieras nervioso y pretender interesarte en read more

Nov
20

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Dialecto horizontal’ primera parte

Maura repite una y otra vez ‘¿Por qué los hombre son infieles?’. Está encerrada en un cubículo del baño. Huele a un detergente barato con el que hacen pensar a los otros que todo está limpio. Y sale, de ese pequeño espacio de menos de medo metro. Se sentía encerrada. ‘¿Por qué los hombres son infieles? Puedes darles sonrisas y todo lo que desean. Cumplirles caprichos como si fueran unos adolescentes; como quinceañeras. Apegas tus costumbres a la nueva ideología y compartes la cuenta. A veces, tú pagas. Les comparas el abrigo de Dior que buscaban hace meses. Les cumples la ilusión de tener una cartera Cartier. De todos modos se van’. Y Emely, contesta ‘No es lo que les das, es lo que no les das’. Maura se levanta , llega a su esa silla movediza de su oficina y le da un trago largo a su jugo ‘una ventana a la salud’. Le costó 45 pesos en el puesto de jugos de ‘Tora, la sanadora’, a la vuelta de su oficina. Incluye lima, dos onzas de hierbabuena, una de naranja y piña con ralladura de gingseng. Eso se supone, levantará su poco ánimo. El trago llega a su estómago pero aún no siente la satisfacción prometida. El jugo se acaba y deja desparramar sus copiosas caderas en el quicio de la ventana. ‘¿Por qué los hombres son infieles?’. Lina abre la puerta, es hora de pasar a la cabina.
-    Cinco minutos.
La trasmisión comenzará dentro de ¿cinco minutos?  El programa deberá empezar con la mención de esa nueva pomada para el pie de atleta. Hay que recomendar canciones e invitarlos a acudir a esa  nueva obra de teatro de la hija del director de la estación.
-    ¿Cuál es el tema de hoy?- Maura trata de susurrar.
Emely sólo responde, mientras acomoda el micrófono en la cabina -Dijiste que era sorpresa. Anoche cuando te llamé me advertiste que tenías algo nuevo y que no te …jodiera. Que sabías lo que hacías.-
Maura recuerda. ‘Soy locutora. Sí, estoy cansada y creo que me pasé de martinis anoche. Pero este es mi programa. Es mío. ¿De qué voy a hablar? Ok, de….de… ¿Por qué los hombre son infieles? Ya está’.  Jala a Emely de la camisa y  a ésta se le chorrea el café que sin orden previa envió traerle. Maura escupiendo en su oído sólo dice ‘enlázame con algún psicólogo’.

La música comienza. Están al aire. Maura permanece callada, dejando que ‘Fix you’ de Coldplay suene por más de un minuto. Levanta la cabeza y nota que el encargado de cabina tiene read more

Nov
8

Cuentos de Ultracama Presenta ‘Tony Star’ Gran Final

Tony observaba los ojos entrecerrados de Cecilia pestañeando sobre la punta de sus dedos, acariciaba sus párpados y con las uñas despeinaba sus pestañas. A ciegas ella se arrancó la camiseta, no traía brassiere e invitaba a la otra mano de Tony a tocarla. Apretaba sus nudillos, el movimiento dirigido lo obligaba a aplastar ambos senos. La  piel medio húmeda y los constantes jadeos eran conocidos por Tony. No sólo los de ella, eran sensaciones que le parecían ordinarias, cercanas, hacían sentido en su cabeza pero no podía disfrutarlas. Se preguntó si alguna vez le había gustado hacerlo. Respondía mecánico. El olor de su entrepierna era habitual, le pareció hasta desgastado. En medio de los besos, la lengua, las manos y el cabello de Cecilia, trataba de comprender cómo era que antes todo eso lo había excitado, con ella, con otras. Le parecía sabido, familiar pero vacío. Sólo quería ser abrazado, consolado, quería sentir ternura o tranquilidad pero no eso; no una erección ni un cuerpo femenino. Determinó que siempre, cada encuentro con una mujer había sido una prueba, un cansado proceso de agradar, de atender y de obligarse dejarse llevar cuando sabía que no surgía naturalmente. Siempre se forzaba a enfocarse en las caricias, a responder, a eyacular. A pretender que estaba satisfecho. Entonces llegaron a su cabeza las imágenes del antro donde todo había comenzado. Esos hombres besándose, los torsos semidesnudos, andróginos, suaves, sudorosos. Flasheaban animándolo a sentir que estaba sobre un pecho masculino y unas piernas menos afeitadas que lo rodeaban. Tal vez cabellos más cortos, rizados, una barba filosa que se restregaba contra sus mejillas y chocaban contra su propia vellosidad facial. Unas manos grandes, un falo. Un read more

 
Escucha Sexbox en iTunes
Visita mi galería

Comentarios Recientes

Suscríbete al newsletter

Recibe las últimas noticias de Elsy Reyes