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De vuelta y extrañándolos
Sexonautas míos de la vida. Ya regresé de la vacación. En realidad -debo confesar- volví el viernes por la noche pero el sábado temprano tuve mi último llamado de ‘Hasta que el dinero nos separe’ (ya acabé, por un lado nostalgia, por otro es un alivio) y por la tarde y noche tuve función de los Monólgos. Ayer tuve que reorganizar mi vida después de una semana fuera y hoy desde las cuatro de la mañana estoy levantada ya que a las 6:30 am fue mi llamado de Contacto C+ -donde por cierto los espero esta noche- y voy llegando al hogar de la pasión y el sexo, o sea, a mi casa. ¿Cómo les fue? Oigan, gracias por cuidarme el changarro, ya que bajaron un poco las visitas pero no como me imaginé. El podcast ya se está subiendo y bueno, ya entrando al tema de este glorioso momento les platico que estuve leyendo bastante en la playa sobre temas -para variar- de sexualidad. Y me encantó un estudio reciente donde varios investigadores de diferentes universidades en Europa, de manera independiente (y supongo que con su propia lana) han decidido tirar el mito aquel del orgasmo vaginal. Sí, suena verdaderamente a que el mundo de va a acabar. Bueno, les cuento.
Como saben y ya hemos recalcado aquí, en las cuatro revistas en las que escribo, en los programas de tele y hasta casi me pongo a pregonar en el metro: el clítoris es el órgano que produce el orgasmo, él y solo él. Es decir su roce, estímulo manual u oral. Por ende cuando nos penetra un hombre si el clítoris se toca es posible que se logre el orgasmo, de otro modo no. Sin embargo, muchas eminencias, entre ellas Freud por años hablaron de un orgasmo clitorial (que era infantiloide) y uno vaginal (mismo que la mujer sentía cuando se consideraba madura sexualmente. Lo cual se ha desmentido desde hace muchos años). Pero también, esta misma idea fue alimentada por el reporte de muchas mujeres que decían y dicen y decimos que llegan a percibir un orgamo o clímax distinto cuando son solamente estimuladas en el clítoris que cuando son penetradas o cuando reciben tanto penetración como estimulación clitoridea.
Ahora, esta nueva teoría plantea que dado que la vagina no tiene muchas terminaciones nerviosas, porque sí así fuera obviamente moriríamos a la hora de un parto, que por lo tanto no es nuestro órgano sexual. O sea, no es nuestro órgano a través del cual sentiremos placer (pese a que es rico, sabroso, gozoso ser penetradas), que en un sentido puramente sexual, o sea donde no interviene la reproducción, la vagina no es más que el receptáculo del pene y por lo tanto no hay orgasmo a través de ella, no estamos digamos en sentido muy estricto, teniendo un momento de placer sexual. Esto sucede sólo cuando se estimula el clítoris. Por lo tanto, los diferentes tipos de orgasmos que se sienten, provienen del mismo lugar, el clítoris. Y, cuando lo sentimos distinto al producido durante una estimulación directa es porque vibra el tallo del mismo, aquel rodeado de las glándulas de skene que producen la eyaculación femenina o squirting. Es decir, auqnue no haya un disparo eyaculatorio, se eyacula de manera retrógrada, el líquido toma otra vía.
Digamos que nuestro real y absoluto órgano de placer es el clítoris no la vagina y que por años hemos creído otra cosa, por siglos, más bien. La vagina la ven como el canal del parto, la vía del pene pero NO como nuestro sitio de generación de orgasmos. Interesante, ¿no creen? Es algo que ya se había más o menos dicho anteriormente es decir que el clítoris era quien nos causaba los orgasmos pero hasta ahora se está concluyendo que la vagina no es nuestro órgano de placer y por lo tanto no podemos esperar llegar al clímax con un coito simple y concluyen que el orgasmo vaginal no existe, se siente diferente porque la vibración del clítoris surge y se extiendo pero la vagina no puede darte un orgasmo.
Miren, pues. Bueno al rato vengo con un poco más de información que tengo casi lista para ustedes. Va más o menos por la misma línea, es la comparación con el pene, donde se teoriza que la única parte del pene que les promueve el orgasmo es el glande. Es decir, sin glande no importa cuanto tiempo estén ahí dándole, no vendrá el orgasmo. Pero eso lo dejo para más tarde.
Por ahora comenten, ¡anden! ¡Por favor! y ¿dudas?
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Desechos de una interrupción de embarazo
Híjole hay algo que nunca había pensado de la interrupción del embarazo. Siempre he pensado de un modo neutral al respecto, creo que nadie más que la chica o mujer que está embrazada sin desearlo puede tener una opinión si no objetiva al respecto, sí válida. Y cuando veo verdaderas historias asquerosamente horroríficas sobre niños abusados, maltratados y vidas hechas trizas pienso que en múltiples ocasiones es preferible no llevar a término un embarazo bajo dichas condiciones. Siempre me he pronunciado por la maldita prevención y no me cansaré de recordárselos, y no por el aborto. Pero cuando la situación es inminente sí creo que es menos dañino (nunca más beneficioso) el interrumpir.
No obstante, estoy haciendo mi sección de Conozca Más, investigando sobre los desechos hospitalarios, los desechos patológicos y su tratamiento de acuerdo a la NOM vigente a nivel de seguridad nacional. Y ahí, junto con esos desechos, los fluidos, los miembros amputados, los tumores, tejidos extirpados, van también los restos de los fetos que fueron extraídos del vientre de su madre. Desde esa óptica, mi lógica personal, mi exigencia por ser neutral y no crear juicios de valor comienzan a tambalearse. No quiero imaginar los pedacitos de… mejor ni decirlo, entre todos esos desechos patológicos, a punto de ser incinerados o tirados al basurero. ¡Mierda! Me dejó pensando cosas espantosas. Cuídense carajo, ¡por favor!
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Mujeres muy Yang
El Yin y Yang son el principio de polaridad en la cosmología china, donde los polos opuestos eventualmente se mezclan y son uno en conexión. Son fuerzas relativas que no pueden existir la una sin la otra. Esta interdependencia se ilustra en el símbolo –que con seguridad habrán visto muchas veces. Está divido en dos partes, una de color blanco o claro (la energía Yang o masculina) y otra de color oscuro o negro (la energía Yin o femenina). Una línea ondulante divide las dos secciones de forma que al crecer la parte Yang decrece la parte Yin, y viceversa. En la parte Yin aparece un pequeño círculo de color claro que indica que en sus profundidades se haya energía Yang, de igual forma la parte Yang contiene energía Yin.
De acuerdo a especialista en estudios del budismo, la fuerza creadora chi o ki, requiere de ambas energías y se manifiesta tanto en el universo como en el cuerpo; todos somos un pequeño universo en nosotros mismos. Poseemos ambas. Sin embargo, cuando llevamos una al extremo o la sobre ejercemos, dicha energía comienza a imperar y suceden no sólo desajustes sino que ponemos velos o limitamos aquellas esencias de la polaridad opuesta. Como que las dormimos. Con esto no trato de explicar que como mujeres no podamos integrarnos a ámbitos que socialmente han sido adjetivados exclusivamente para hombres o que evitemos experimentar nuestro lado masculino pero sí debemos –por propio beneficio- conservar nuestros principios básicos femeninos. El Yin se relaciona con la intuición, la suavidad, los movimientos tranquilos, la receptividad, el agua, la noche, la luna, la pasividad.
Basándonos en esta idea, es posible que en nuestro constante competir por tratar de tomar un sitio que por siglos nos enseñaron que se nos negaba, estamos sufriendo una fuga de Yin, de feminidad provocándonos una pérdida de poderes inherentes a nuestra esencia. Tal vez ya no somos tan receptivas o intuitivas, porque lo estamos mermando atendiendo el deseo de cargarnos de otros poderes. Quizás uno de los conceptos que más hemos confundido sea el de la pasividad. Ser pasivo no significa únicamente el no movimiento, el ser espectador de los hechos. Habla de permanecer, estar. También en la quietud hay acción y poder. Y ese ha sido nuestra facultad ancestral.
Ahora, ¿a dónde nos lleva nuestra recarga de Yang? Los patrones hacia extremo Yang, muestran ‘síntomas’ como estrés, nerviosismo acusado, consumo desequilibrado de alimentos fuertes como carnes, alcohol, mariscos o picantes, falta de sueño, abuso de juegos o apuestas, conducción rápida y temeraria”. ¿Les suena conocido comadres sexonautas? El reto es conservar lo ganado y fomentar nuestro avance explotando nuestra feminidad. En calma, disfrutando, intuyendo. Con suavidad.
Reconozcámoslo, tal vez sí se nos ha pasado un poco la mano. Y lo cierto es que lo hemos sufrido también, la culpa o la presión por darnos espacio, por ejemplo para la maternidad, nos asalta. “Lo cierto es que a pesar de décadas tras la emancipación y la liberación, las mujeres estamos apenas comenzando a analizar nuestro rol y detectamos que requerimos de equilibrio. En el camino ha habido confusión. Pero, sobre todo la necesidad de darnos valor, nos pudo haber disparado hacia el extremo. Es natural, el cambio de una concepción tan arraigada no puede darse en tres segundos, de hecho nos ha tomado más de cuarenta años. Así que tampoco nos flagelemos.
Somos un producto ecléctico, hemos leído a Gloria Steinem mientras nuestra abuela nos dice ‘las mujeres deben quedarse en su casa’. Mamamos en el hogar ideas contrapuestas a lo que nuestras feministas heroínas proclaman. Justo hay opiniones que contradicen lo antes mencionado. Citemos a Simone de Beauvoir, novelista y filósofa existencialista, “La femineidad no es una esencia ni una naturaleza: es una situación creada por las civilizaciones a partir de ciertos datos psicológicos… la mujer no nace mujer, se hace. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la figura que reviste en la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la sociedad el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado que es calificado como femenino”. No podemos negar el conflicto. Cualquiera se ‘hace bolas’ entre tantas instancias. ¿Cómo encontramos el balance?
Los hombres no están exentos. También están redescubriendo su rol y adaptándose.
¿Cómo están experimentando ustedes hombres míos o bueno, sus prejas esto?
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Surrogate mothers para parejas gay (parte 2)
Ahora sí vayamos al lado sucio del asunto. Para variar, asumir una vía fuera de normas y protocolos legales disminuye costos. La adopción aún no está abierta por completo, dicen algunos legisladores: no estamos listos. Bueno, ¿quién estuvo listo para la revolución sexual, para el uso de anticonceptivos orales, para permitir el sufragio femenino en 1947? Los hechos se asumen, no siempre se puede estar preparado. En fin.
Suecia, Holanda, Dinamarca, Islandia, algunos estados de la Unión Americana permiten a homosexuales tanto la adopción de los hijos del compañero/a sentimental como de niños dados en amparo del Estado o de huérfanos.
La realidad es que aquí, en tierras mexicanas, hablar de ir a una casa hogar a solicitar un hijo es un sueño de opio; si para los matrimonios heterosexuales es un vía crucis.
Por supuesto, la tenacidad les abre un nuevo mundo: en la Ciudad de México se ha vuelto común que parejas heterosexuales le compren, por ejemplo, a la muchacha del servicio el hijo que ‘le hizo el novio’ y que no pueden mantener. Se ha sabido de compras desde 5000 pesos ¡por un bebé! Se trata de contactar a adolescentes que desean practicarse abortos o bien, se opta por pedirle ‘de favor’ a una familiar o amiga que les ‘fabrique’ al deseado vástago. Y la parte más sucia: se contacta a grupos dedicados a robar, exportar e importar bebés. ¿Lo haran igualmente las parejas homosexuales tan desesperadas como las heterosexuales que han aplicado esto?
Se ha registrado por igual, que muchas jóvenes, en su mayoría colombianas y brasileñas, viajan a países europeos contratadas por parejas locas por un hijo y hartas del tramiterío y que contactaron vía web. La amenaza a la que se enfrentan los padres adoptivos o compradores es que al no contar con protección lícita, en cualquier momento la madre puede solicitar que el hijo les sea devuelto, puede extorsionarlos, acosarlos e imputar falsamente robo o secuestro de infante a sus ‘clientes’. Cuando se rentó una mamá y ésta se arrepiente de entregar al hijo pese haber cobrado sus honorarios, la ley la favorecerá para mantenerlo a su lado ya que legalmente no hay acuerdo. O puede desaparecer sin que un juez solicite su presencia.
Tratando de reglamentar y uniendo fuerzas, en el Reino Unido han optado por acuerdos llamados co-parenting arregengements creado por grupos como The Lesbian and Gay Co-Parents Programme o The Pink Parents. Consiste en ‘hacer equipo’, una lesbiana y un hombre gay deciden tener un hijo juntos. Él dona el esperma y ambas partes tienen responsabilidad y custodia del niño. Puede hacerse entre dos parejas gay (el niño tendrá dos madres y dos padres aunque su custodia legal sólo será de los progenitores). Dichas agrupaciones ponen en contacto con otras parejas homosexuales a quienes desean compartir paternidad y de esa manera se ahorran los exorbitantes gastos de un surrogacy. Ha resultado una idea genial, tiene sus ‘contras’ como dividirse la educación, el lugar donde vivirá y un sinfín de contrarrevoluciones que vienen de cuatro cabezas.
¿Qué opinan?
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Las surrogate mothers para parejas gay
Desde que la adopción por parte de parejas homosexuales comenzó a vislumbrarse en muchos países, muchos de ellos reclamaron el derecho de tener hijos de su carne y de su sangre. Proyecto: hijo. Ya sea cobijados por la ley u otros ‘métodos’. ¿Sucederá este fenómeno en México en algún momento?
En países como Estados Unidos e Inglaterra se ha convertido en una carrera, en el modus vivendi donde la única materia prima es un cuerpo sano. Las ‘surrogate mothers’ prestan su vientre a parejas heterosexuales con problemas de procreación o bien a homosexuales. Aquellos en búsqueda de rentar un vientre, pueden recurrir a agencias especializadas o hacerlo de manera particular. Center for Surrogate Parenting, la agencia privada más grande y con mayor experiencia en el mundo, con sede en California; por primera vez proveyó un hijo biológico a una pareja gay en 1989.
Para ellos la base de pensamiento radica en que el óptimo desarrollo de un niño depende de las relaciones entre padres e hijo y de ambos como pareja sin importar la orientación sexual de éstos. Incluso, subrayan las opiniones de la Academia Americana de Pediatría sobre las similitudes en el desarrollo psicológico de los hijos de heterosexuales y homosexuales. Por otro lado, en la actualidad entre seis y catorce millones de niños viven con al menos un padre homosexual en Estados Unidos.
El proceso de esta cigüeña empresarial –que ha creado más de 1000 bebés en vientres alquilados- comienza por reuniones con especialistas, incluidos abogados y psicólogos; se definen las opciones gestacionales y de donaciones de espermas y/u óvulos según sea el caso. Se determinan las características de la madre de alquiler, el tipo de contacto que se tendrá con ella y el asunto legal y financiero.
La selección de la surrogate mother es minuciosa; la agencia suele aceptar sólo entre seis y ocho mujeres entre cerca de 400 aspirantes. Exigen que deben ser mayores de 28 años, madres (deben haber vivido un embarazo al menos una vez), casadas y haber sido sometidas a exhaustivas pruebas psicológicas y médicas. Posterior a esto, la pareja elige entre el exclusivo catálogo a su madre ideal.
La fecundación se realiza ya sea por inseminación artificial o por desarrollo in vitro. La pareja se mantiene en contacto con la madre, participan en las consultas médicas y presencian el nacimiento de su hijo para después llevárselo a casa. La legalidad que circunda todo el evento impide que ella pueda reclamar la maternidad del bebé y deberá conformarse con recibir cartas o fotografías bajo el consentimiento de los padres legales.
Los costos totales ascienden a 65,000 dólares donde la madre recibe poco más de 20,000 y el resto se destina a médicos, seguros, abogados y claro, la comisión de la agencia. En el caso de haber elegido el modo tradicional o de inseminación artificial, la surrogate mother se convierte además en donante de óvulo, la mitad del hijo; por lo que sus honorarios ascienden a 30,000. Dados los costos y el procedimiento muchos optan por conseguir un vientre de alquiler de manera privada. Aquí comienza el lado oscuro, el laberinto de la ilegalidad, los fraudes y los abusos.
Pero ¿qué pasa al margen de la ley? ¿Qué pasa cuando no se tiene esa cantidad de lana? Volveremos en otro post con eso.
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Sangre menstrual para el corazón
Estudios de la Escuela de Medicina del Instituto de Investigación en Bio-Comunicaciones en Wichita, Estados Unidos y de la Universidad de Keio en Japón publicados en The Journal of Translational Medicine, han descubierto que a partir del flujo menstrual se pueden desarrollar células similares a las células madre para fines médicos. A través del cultivo de sólo cinco mililitros de sangre menstrual consiguieron células cardiacas. Los resultados de la investigación indican que estas células podrían producirse a gran escala y proporcionar una alternativa a los actuales métodos de uso de la médula ósea y del cordón umbilical, que poseen un alto grado de rechazo. Según Shunichiro Miyoshi, cardiólogo y uno de los autores de la investigación, los experimentos realizados con ratas revelaron que aquellas que habían sufrido ataques cardíacos mejoraban tras recibir células procedentes del ciclo menstrual. Señala que “Es posible desarrollar un sistema en el futuro próximo que permita a las mujeres utilizar su propia sangre para diversos tratamientos, eliminando uno de los mayores riesgo: que el sistema inmunitario las rechace”. Estas células pueden ser almacenadas en un tubo y ser cultivadas cuando sea necesario. “Pueden guardarse durante 200 ó 300 años”, añade.
Miren… Y una tirando tampones…
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