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Nov
9

Compartir fantasías sexuales

Mediante las fantasías podemos ampliar nuestro imaginario y liberarnos. Sin embargo, confesarlas o hacerlas de conocimiento de nuestra pareja es otro asunto. Narrarse de manera mutua las fantasías fomenta un canal de comunicación erótico muy efectivo. Cumplirlas, un placer y un regalo para el otro. Incluso, como parte de un gran ejercicio sexual pueden recurrir a relatarse las fantasías más candentes que hayan tenido. Jugar a llevarlas a cabo quizás en la ficción. Por ejemplo, hay parejas que han fantaseado con hacer un trío. A sabiendas de que no se atreverían a buscar a un tercero ni desean romper con la puerta de su intimidad, pueden mediante un acto imaginario llevarla a cabo mientras tienen contacto sexual. Ese ingrediente extra puede generar una dinámica distinta y muy excitante. Pero, ¿hasta dónde una fantasía puede dañar nuestra vida de pareja?

Participarlas puede convertirse en una ‘tarea’ compleja. Se requiere de una enorme mesura y un sondeo basado en la convivencia diaria. En un análisis de los límites y los valores  y hasta ideología. Hay una delgada línea entre satisfacer los oídos del otro en esa exploración de la mente ajena como un ejercicio de complicidad para ‘calentar’ una situación sexual y generar conflicto.

La verdad no siempre nos hará libres. De repente debemos ser menos ‘abiertas’. No sea que en ese andar de las fantasías regaladas terminemos por lastimar susceptibilidades.

No obstante, por ejemplo, en una serie de entrevistas que hice a parejas swinger, detecté como común denominador que se habían unido a dicha práctica por primera vez porque juntos habían fantaseado con ello, una de las partes la confesó a la otra e hizo clic con la imagen. Pudieran generar también un lazo importante, muchos lo dejarán en la fantasía pero algunos se lo llevaron a la realidad y diversificaron su relación. Cada quién.
Las fantasías pueden generar grandes beneficios
1.    Te liberan del estrés. Cuando focalizamos hacia situaciones placenteras en medio del caos de nuestro día, podemos encontrar gran alivio. Un estudio con neuroimágenes de los científicos Anna Abraham e Yves von Cramon, del Instituto Max Planck de Alemania reveló que la mera exposición a contextos en los que se implican entidades ficticias y positivas, propicia la activación de determinadas regiones del cerebro, concretamente, la corteza prefrontal media y la corteza cingulada posterior. Cuando sucede, nos relajamos y sentimos bienestar.

2.    La creatividad emana de la fantasía. El permitirte esta actividad puede coadyuvar hasta en tu trabajo. Tu cerebro estará más en contacto con tu capacidad de crear.

3.    Fomenta tu erotización y deseo. Cuando te sientas bajo cero, acude a la fantasía. Trasládate a un sitio paradisiaco e imagina cómo deseas ser estimulada. Si lo crees prudente, compártelo y llévalo a la práctica.

4.    Te conectan con tu cuerpo. No sólo en actividades autoeróticas. El tener esas imágenes sensuales cuando estás por ejemplo relajada dándote un baño puede ayudarte a reconocer sensaciones que no te permites en plena lucidez.

¿Comparten sus fantasías en pareja? ¿Alguna vez se han metido en problemas por contar una?

Jul
29

Eros en el país de las fantasías (Parte 1)

Nuestra mente, principalmente su ‘apartado sexual’, suele ser inexplicable. El subconsciente o la plena lucidez nos regalan escenas, personajes y situaciones que traducimos a fantasías, un mundo que nos revela deseos y conflictos, incluso llegando a perturbarnos. Nos preguntamos si nosotros las creamos, si son nuestras y las poseemos, o ellas nos poseen. De acuerdo a la Asociación Mexicana para la Salud Sexual,  “las fantasías sexuales son la representación mental de un objeto sexual o una práctica sexual que excita a una persona y pueden llegar a ser un poderoso motivador de deseo sexual, son parte integral del desarrollo y la vida sexual humana”. Todos hemos experimentado ese ensoñar ya sea conciente o mientras dormimos. No es sólo sano, sino necesario.

Diversos terapeutas sexuales, por ejemplo, solicitan a sus pacientes acudir a películas o cuentos eróticos que fomenten sus fantasías. Porque de hecho, cuando una persona sufre de algún trastorno como deseo sexual hipoactivo (disminución o ausencia de deseo sexual) las fantasías se convierten no sólo en herramientas sino en indicadores. Fantasear es una capacidad, algunos son más proclives que otros de evocar imágenes e incluso manipularlas. Histórica y culturalmente, las mujeres reportamos un mayor bloqueo de fantasías sexuales, no porque estemos impedidas por razones biológicas sino porque nos mantenemos más alejadas de nuestro experimentar sexual. Sin embargo, cada vez nos damos mayor permiso y reconocemos su riqueza y disfrute.

Los elementos que las conforman pudieran ser la primera incógnita. Con seguridad alguna vez se han descubierto fantaseando con alguna persona o actividad que consideran prohibida, que nunca se atreverían a ejecutar en la realidad. La fantasía femenina más recurrente es la de ser abusada sexualmente. Sí, como lo leen. Parecería ilógico, ¿quién quisiera vivir una experiencia tan traumática? Lo cierto es que el simbolismo del acto es lo que suele excitar: ese dominio, la incapacidad para detener los deseos de otro, el verse allanada por la fuerza. La clara diferencia con la realidad es la seducción, que en un acto de abuso sexual es imposible.

Por otro lado, de acuerdo a un estudio realizado por el Instituto Mexicano de Sexología, la fantasía que reportan más mujeres es la de tener sexo o un encuentro erótico con un desconocido mientras que la de los hombres consiste en tener relaciones simultáneas con dos o más personas. Sin embargo, parece ser distinto de acuerdo a la cultura e idiosincrasia ya que un estudio similar realizado por The Sex Information and Education Council of Canada reportó que en este país la fantasía número uno en mujeres es la de tener sexo en un lugar público y en los varones, la de tener sexo con una mujer uniformada. Del mismo modo, otro informe hecho por The Society for the Scientific Study of Sexuality, comenta que en Japón se encontró que ellas fantasean en mayor medida con ser dominadas o amarradas; ellos con mujeres de aspecto infantil o adolescentes (sólo hay que ver el hentai  o porno animado japonés cuyos personajes son prácticamente niñas con enormes senos).

¿Cuál es la suya? ¿Cuál es la más ‘loca’ que han tenido?

 
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