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Sexo con robots. Orgasmo robótico a cuarenta años de nuestra esquina
David Levy es un personajazo, un cerebrazo campeón de ajedrez en su juventud, y actualmente dirige una empresa dedicada al desarrollo de juguetes que incorporan inteligencia artificial. Levy ha dado conferencias internacionales respecto a las relaciones íntimas entre humanos y robots. O lo que él presagia que sucederá y que ha encaminado millones de fantasías, guiones cinematográficos, libros. En su libro, ‘Amor y sexo con robots’ asevera que dentro de 40 años los humanos podremos disponer de sofisticados robots que colmen todas nuestras aspiraciones sexuales. Asegura que los robots tendrán emociones, personalidad, consciencia. Algo así como el personaje de Jude Law en Inteligencia Artificial. Podrán hablar y decir lo que nos gustaría escuchar, hacernos reír y, por supuesto, ofrecer sexo a toda máquina. Vale, que hasta nos podremos poner los moños, pelearnos, tal cual estuviera enfundado en un cuerpo totalmente humano.
En cuanto a la materia carnal propiamente —aunque el término carnal con seguridad tomará otro significado cuando se trate de echar brinco con un robot— podrían ofrecer todo tipo de caricias. El olor corporal, la temperatura, el color y la textura del pelo y del vello púbico también tendrán su interés. Se supone que todo en ellos será ajustable. Según sea masculino o femenino, se podrá elegir la profundidad de la vagina, el tamaño del pene, incluso las dimensiones del ano. No sabemos si también se dispondrá en versión transexual, para satisfacer a los hermanos trans. Se podrán elegir réplicas de nuestros mitos eróticos, hasta al mismísimo Jim Morrison, por quienes nos quedamos con ganas de verlo vivo (pido primeras jaja, o bueno, me conformo con Al Pacino en versión El Padrino).
Sabido es que las características de personalidad representan un considerable papel en la seducción, pero nada amedranta a este científico. Según Levy, uno de los aspectos fundamentales y a la vez más complejos es el de la interacción, concretamente la conversación. Pero no pasa nada, podremos tener una pareja robot con intereses parecidos a los nuestros, que nos seduzca y siempre se acuerde de nuestro cumpleaños: bastará con introducir las fechas señaladas. No habrá más que programar para tener a la parejas de los mismísimo sueños dorados.
La configuración según nuestros intereses, permitirá borrar o cambiar un programa que no nos guste. O borrarle la memoria, podríamos hacerle olvidar algo que hicimos y que pudo aletar su respuesta emocional de manera negativa. ¿Se imaginan? Ya no hay que pedir perdón, ni trabajar en resarcir la confianza u otros aspectos, sólo dsarle ‘undo’ a la vivencia. Seguramente funcionará como los videojuegos y podremos seleccionar el nivel. Imaginemos que funciona como una consola de juegos, que incluso permita elegir entre diversas opciones del menú. Sexo oral, penetración vaginal, duración de la penetración…
Otros expertos en robótica no lo tienen tan claro. Pero Levy afirma que ya se está trabajando en este proyecto desde distintos campos científicos, por lo que, irremediablemente, los humanos sucumbiremos al encanto de los robots.
Los robots quizás podrían tener su utilidad en la clínica sexual. En el inicio de la terapia sexual se llegó a utilizar, sobre todo en terapias con hombres, parejas sustitutas que colaboraban en el proceso terapéutico, ensayando con ellos las recomendaciones clínicas, cuando el hombre no tenía pareja. Se vio que no era tan fácil manejar esta variable, por las implicaciones emocionales que se daban. Pero… qué pasa si contamos con robots para ayudar a vencer la eyaculación precoz; o que, según se dispongan, estén preparados con un programa paso a paso para llegar al orgasmo. O, con paciencia y dedicación, acarician la espalda y hacen maravillosos masajes eróticos o relajantes.
Ciertamente las posibilidades pueden ser infinitas. ¿Serán utilizados por las parejas para dinamizar su vida sexual, haciendo tríos, cuartetos o vete tú a saber? ¿Qué pasará con el tema de la infidelidad y los celos? ¿Entraremos en competencia con los robots? ¿Habrá quien prefiera’llevar a la boda de su hermana’ a su robot y dejar a la novia en casa?, ¿eliminaremos el cortejo? Digo, ya pa qué si nomas programas y ¡te ama! Tal vez desarrolemos una nueva Expresión Comportamental de la Sexualidad y haya quien no logre tener respuesta sexual salvo que esté con un robot. Vlaro, como en todas las expresiones comportamentales eróticas, habrá niveles o continuos. Ya veremos.
¿Cómo será el futuro si llegáramos a integrarlos? ¿Se comprarían uno? ¿Crearíamos la era de mayor soledad y pérdida de humanidad?
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Almohadas en forma de trasero
Miren que nos encanta crear artificialmente las sensaciones que un cuerpo real nos ofrece. Pues ahí tienen a un trío de parias, Lull Mengesha, Nic McGrue, Troy Tsuchikawa- quienes un buen día -basados en la experiencia de confort que un copioso trasero de mujer provee al recostarse en él- lanzaron las Booty Pillows. Realmente hilarante pero útil. Que para ser honestos no me parece el invento más peculiar y sorprendente del mercado.
La dichosa almohada, como verán en su página y en las imágenes de este post, tiene un diseño que emula un derriere profundo (el cual no siempre se encuentra a la vuelta de la esquina) y un par de nalgas esponjosas que dan soporte a la cabeza. Claro cada quién la aplicará en su postura de descanso favorita.
Lo que uno no puede dejar de pensar es en los usos alternativos -más allá de echar la pereza- que pudieran ofrecer. Se me ocurre una herramienta útil para ciertas posiciones sexuales. Por ejemplo en aquellas que permiten elevar la pelvis en la mujer para una penetración más profunda, o para sostener el peso de las caderas en la posiciones de cuatro puntos o el perrito, chivito al precipicio y otras conocidas vulgarmente de este modo. O qué tal, para proveer de mayor acolchonamiento al tronco en posturas de mujer totalmente recostada hacia abajo y que by the way, permiten un roce más intenso al pene. Hasta en un simple misionero, como mujer u hombre, claro -orientaciones aparte- colocas la espalda sobre el trasero de la almohada, la pelvis en su derriere y viola! Mucho mejor.
Nadie negaremos que en muchas ocasiones la cosa no es el rendimiento sexual potencial que poseemos sino el cansancio en ciertos músculos, lo que nos hace tirar la toalla. Ya cuando el bracito, los muslos o las rodillas empiezan a temblar como flan, una dice, ‘Chale, pero gracias’. Fortalecer en prácticas de yoga u otras formas de ejercicios, será beneficioso pero nunca está de más una manita, en este caso, unas nalguitas extra. Y claro, la forma de trasero con tanga le puede dar un ingrediente visual erótico.
Por otro lado, no hay que olvidar las interminables encuestas de muchos centros de investigación con respecto a las mil una formas en que los hombres se autoerotizan. Muy común que utilicen ayudas, no sólo jueguetes sexuales sino todo tipo de artefactos caseros que su creatividad les permite. Y pues dada la forma, es probable que alguien lo utilice para ciertos frotamientos pélvicos justo a ras del trasero afelpado en cuestión. Ya lo veo hasta dotando a la almohada de cavidades.
En fin, la cosa es que no están muy baratitos y habrá que ver qué tan fino es el material, en promedio el precio está de 300 a 400 pesos mexicanos. ¿Se comprarían uno? Y chequen el video, en verdad da risa que siempre los infomerciales tengan la misma fórmula sobada de ‘Mi vida era terrible hasta que descubrí ¡esto! y… Oh Dios, cambió mi vida’. ¿Quién se compraría una?
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Ligueros de castidad
El cinturón de castidad se ha desmitificado. Parece ser que dichos artefactos fueron “una fantasía del siglo XIX ideada para avivar la imaginación de los lectores”, según cuentan John Lloyd y John Mitchinson en “El pequeño gran libro de la ignorancia”. Los mismos, afirman que la mayoría de los cinturones de castidad medievales exhibidos en galerías y exposiciones han sido retirados porque se trataba de falsificaciones; descubrieron que casi todos se habían hecho en Alemania durante el siglo XIX.
Hasta ahora no hay hallazgos de ningún cinturón de castidad que date de la Edad Media. El primer esquema de uno es del siglo XV y del libro “Bellifortis”, un manual de equipamiento militar escrito por Konrad Kyeser. Kyeser se refiere a los “pantalones de hierro” que llevaban las mujeres florentinas y que, tal y como muestra el dibujo, llevaba la llave colgando. Esto explica el verdadero uso del cinturón de castidad: no era el hombre celoso de las carnes de su mujer que debía dejar encerrada su virtud en las cruzadas, sino la propia mujer, protegiéndose contra violaciones.
A partir del siglo XVII empezarona producirse los cinturones de castidad pero su objetivo era distinto: evitar la masturbación, considerada un pecado mortal (auqnue algunos a la fecha la siguen stanizando). En los siglos que median entre la Edad Media y el XVII hubo un considerable retroceso en la libertad sexual. Tal y como relata Ernesto Milá en Infokrisis.
Pero vemos que en algunas cabezotas la idea de poner cerrojos sigue pululando, pero claro, adaptados a la era tecnológica. Y hay que ver esto, de verdad un malviaje.
Este año se lanzaron al mercado los llamados ligueros de castidad. Estos lucen como dichas prendas de lencería pero tienen un chip integrado que supuestamente detecta la aceleración del ritmo cardiaco y la humedad corporal relativa a la excitación sexual o cualquier actividad erótica. Se envía un mensaje SMS al celular de la pareja quien tendrá la prueba de la infidelidad (o calentura). Igualmente, si la fémina retirara el Gorgeous garter o liguero de castigo, se le dará aviso por la misma vía al ‘desconfiado’ quien podrá desactivar la alarma enviando un mensaje de texto con un código o pin que sólo él conoce. Es a prueba de agua así que no hay pretexto para quitárselo durante el baño.
El invento ‘se lo debemos’ al matrimonio británico, Edward y Lucinda Halle, quienes lo diseñaron tras una infidelidad de ella inspirados en las anillas que se utilizan en presos. Ahora lo venden por Internet a todo aquel que desee mantener a su mujer alejada hasta del autoerotismo. Un gadget que acaba con todo derecho sexual. Cuestan de 60 a 75 euros, ahi por los 1300, 1400 pesos mexicanos. Zaz!
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Nyotaimori en casa, erotismo y sushi
El Nyotaimori o, para los que leen japonés 女体盛, es el arte de comer sobre una mujer bandeja. Es decir, colocar diversos alimentos sobre el cuerpo desnudo de una bella damisela totalmente depilada y darse gusto al paladar. Los orígenes de este artes están bastante discutidos. Algunos sugieren que surgió como una de las distintas disciplinas geishas. Más, algunos expertos en la formación de dichas obras de arte (esas mujeres se consideran una obra de arte viviente) afirman que en ésta no se hallan prácticas relacionadas. Justo la desnudez era una de las máximas evitadas ya que gran parte del halo que las envolvía estaba en que su cuerpo se dejaba a la imaginación de aquellos hombres que no podrían pagar el privilegio de observarlas. Sólo estaba permitido para quien hubiese ganado la subasta de su misuague o derecho a desflorarla y, por supuesto, para el o los amantes; casi dueños de la geisha. Éstos gozaban de su exclusividad siempre y cuando la mantuvieran y sufragaran los gastos de la casa a la que pertenecía. Aún perviven pero de una manera menos tradicional.
Por lo tanto, se cree el Nyataimori es mucho más reciente. Muchos restaurantes (nada baratitos) ofrecen estos servicios. Aunque, no deja de ser todo un asunto. Practicado ortodoxamente, requiere que la mujer bandeja esté totalmente entrenada para mostrarse -durante toda la celebración- totalmente inmóvil y sin gesticular. Con un rostro relajado. Debe tener un completo control de su cuerpo para no contraerse o moverse al percibir el frío o el calor de los alimentos, ya que justo su piel servirá como un termo regulador. Sobre ésta se sirven rollos, makis, sashimi y su calor corporal les da la temperatura ideal, sobre todo a los cortes finos de pescados o carnes curadas (sashimi). De ese modo, se podrán degustar en las mejores condiciones para potenciar su sabor y textura. Hay un enorme erotismo ya que el espactáculo visual no es lo único, el placer radica en saborear cada manjar que se supone ha quedado impregnado con la esencia y el perfume natural de esa mujer. También interviene su buen toque de roles, dominación, sumisión, etc.
Y claro, pese a todo el ritual que lo circunda, todos podemos hacer una tropicalización al servicio del erotismo personal y de pareja. Puede ser toda una experiencia; una vertiente intersante de la sitofilia o expresión comportamental relacionada con el placer/excitación por estimular el cuerpo a partir de comer (lamer, chupar) el cuerpo o genitales de la pareja cubiertos por comida o sustancias comestibles.Y otras versiones de la misma expresión, relacionan el autoerotismo a través de penetrar los genitales con alimentos con formas fálicas, pero esa es otra historia. Nada recomendable, por cierto. Ahi les encargo el pepino, mejor no.
Pueden armarlo como una sorpresa, sobre todo si tienen una buena amiga que les ayude a acomodar los manjares ya que no debe ser nada fácil colocarlos sobre una misma sin que se caigan los anteriores, adornar con flores y cubrir el pubis ya que el querido ‘peluche’ no debe verse; es parte de. O bien, claro, una vez llegada la orden de su restaurante japonés favorito (salvo los que se pongan a armar rollos toda la tarde) colocarse desnudas o desnudos sobre la mesa y pedirle a su pareja que coloque a su antojo cada pieza y después ¡a comer! La atmósfera es muy importante, elijan una luz tenue, aromas delicados, comodidad.
Obvio en las Nyotaimori tradicionales, los comensales utilizan palillos pero ¿para qué?, si cada bocado puede convertirse en una caricia con los dedos o con la boca. Ya tienen qué hacer este fin de semana. Sírvanse y disfruten.
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Matrimonio con personajes de manga y la soledad sexual de Japón
Recordarán y si no, les recuerdo que en 2008, un amable japonesito se dio a la tarea de juntar firmas a través de una campaña que pretendía que se permitieran los matrimonios entre humanos y personajes de manga (término japonés para comics o historietas ilustradas para los que odian los anglicismos). Como saben las heroinas de los manga son consideradas símbolos sexuales aunque, bueno, no estén vivas. Y son dueñas de las más calenturientas ensoñaciones. El chamaco llamado, Taichi Takashita logró reunir más de 1000 firmas en una semana y para poder casarse con Mikuru Asahina (foto arriba). “Ya no estoy interesado en las tres dimensiones, incluso me gustaría llegar a ser un habitante del mundo bidimensional. Sin embargo, parece imposible con la tecnología de hoy día”, afirmó. Y añadió que aunque sea un personaje de ficción, él la A-M-A. Así las cosas.
El hecho de traer a colación este hecho, que al parecer no fructificó, se debe a que un reciente estudio de la Ecuela de Estudios Africanos y Orientales de la Universidad de Londres sobre Sexo y Género está revelando (sigue en curso) que nuestros queridos hermanos nipones están inmersos en una especie de depresión colectiva, poblacional; en especial con respecto a las relaciones de pareja. Esto alude a su filosofía. Lo más importante de comprender es la manera en que fueron educados, no sólo con una ideología de ultra perfeccionismo, sino en la que cada uno se debe saber poseedor de un lugar, una misión en su sociedad. Cuando esta no puede cumplirse -dada la situación económica de los últimos años- sienten que no tiene ningún caso su existencia. Su bagaje cultural es mucho más intenso en términos de ‘misión de vida’ que el nuestro y muchos, incluso por ello acuden al suicidio, cuyas cifras son elevadísimas; toda una problemática nacional. Ahora, con respecto al amor, imaginémoslo: si muchos de ellos se sienten incapaces de contar con una misión, ni con el ‘poder’ de brindar una vida en pareja ptan por alejarse de la posibilidad de una relación.Las cifras de noviazgo y matrimonios también se han visto disminuidas. Quizás ante ello, ante dicha soledad se formen este tipo de estructuras mentales en busca de la irrealidad paliativa, en el caso del chico novio-manga.
Por otro lado, una de cada tres parejas japonesas no mantiene relaciones sexuales, según un estudio del Ministerio de Salud y Trabajo japonés. Las cifras que maneja la investigación del doctor Kunio Kitamura apuntan a que si en 2004 el porcentaje de parejas sin sexo era del 31,9%, en 2008 se elevó hasta el 36,5% y ha ido en aumento. Para 2011 se cree que puede llegar al 40%. Las causas del descenso de la actividad sexual de la población japonesa se atribuye sobre todo al cansancio provocado por el trabajo y las presiones económicas.
En verdad una sociedad compleja. Creadora de miles de subculturas afines a diversas expresiones comportamentales, tecnología, mangas, jueguetes, novedades y malviajes, con fuerte contenido sexual, con propósitos erótico sexuales, pero parecen alejados de ello en la práctica.
Pero, volviendo al tema de inicio, pregunto, ¿Si pudieran casarse con un personaje de ficción a quién elegirían? Claro, espero que los cables de su cabeza estén mejor acomodados que las de este hermano nipón, pero digamos, como una actividad lúdica. ¿A quién?
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Muñeca inflable de Obama
Y ahora que Mr. President anda de moda por el asesinato del archienemigo de América, Osama, no le vendrá mal este fetiche a quienes gustan de los artefactos inflables para los sanos momentos de autoerotismo. Desde su campaña fue reconocido como un hombre sexy, viril y cachondón, es así que en la pasada Feria de Sexo y Cultura en China, en noviembre de 2010, un productor de muñecas lanzó su modelo ‘Dame con todo mi Obama’. Miren que quizás en este momento sea más factible usarlo como esclavo sexual que tratar de desenmarañar el caso político-mágico-musical-absurdo de sus planes de reelección con paquete incluido de ‘inmolación’ de Bin Laden a cambio de votos. La cosa es que el muñeco viene ataviado con su trajecito azul y corbata roja para los que aman a los ejecutivazos. Buena táctica del productor de esta marca con el fin de darle un buen empujón al mercado, que parece está muriendo. Las muñecas inflables son cada vez de menos buscadas, pese a que su origen supuesto se remonta a los tiempos de apogeo del Tercer Reich. Cabe aclarar que dicha historia no está avalada por ninguna institución, academia ni historiador pero son de esas que se han contado tanto que se convierten en verdades culturales. Supuestamente el führer encargó a un médico danés una muñeca galvanoplástica para sus soldados y así evitar que se contagiaran de ITS en tiempos de guerra así como impedir la mezcla de razas que él veía como una aberración. Debía ser obviamente aria, atlética, de ojos azules, pelo rubio, de 1.76 metros de estatura y pechos grandes. Se cuenta que el proyecto, llamado ‘Burghild’ se vio frustrado debido al bombardeo aliado de la ciudad de Dresde que destruyó la fábrica. Se estipuló Geheime Reichssache, o sea más secreto que ultra secreto. ¿Leyenda urbana?
En fin, es obvio que con la actual tecnología en juguetería erótica, la enorme variedad de masturbadores, hombres y mujeres han dejado de comprar monos que además para usarlos hay que dejar medio pulmón o ir a la gasolinera, ’150 de magna, me checa las llantas a 30 y me infla mi mona, de favorsito’. Ya que si gustan aún de dichos fetiches, hay que lubricarlas muy bien, por el orificio que deseen ejecutarse y no esperarse gran función como en el caso de las Real Dolls, de las que ya hablamos.
Este otro modelito, que desconozco si en realidad de manufacturó, o es una buen broma, tiene otras cualidades como pueden leer en su empaque. Y miren que más que cara de Obama parece Ray Charles, ahi le pueden cambiar la personalidad según la fantasía de encuentro autoerótico. ¿Alguna vez han usado una muñeca inflable? Han hecho réplicas de estrellas porno y otras celebridades pero supongo que será complejo percibir la menor realidad en el contacto. ¿O sí? Anden, cuenten.
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