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Nov
2

¿En el fondo las mujeres quisiéramos tener un pene? (reposteo)

El concepto freudiano de ‘la envidia del pene’ se planteó como la razón por la cual las mujeres se sienten castradas al tener que ser penetradas y se reconoce como el motor de muchas disfunciones sexuales femeninas. El culto al falo y su connotación de superioridad han heredado una devaluación de los genitales femeninos, vistos como una cicatriz, un hueco. Quizás no queramos un pene, sino el poder cultural que inconcientemente creemos que nos libraría de los sexismos.

PD. Perdón por los comentarios que se borraron, tuve que repostear este post

Ustedes mujeres ¿quisieran un pene? ¿Qué les facilitaría? Además de practicidad para orinar, ¿creen que socialmente o profesionalmente tendrían mejores oportunidades? ¿Cuáles?

Oct
29

La fuga femenina del deseo

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  13 Comments

El término ‘frigidez’ ya no existe. Se considera obsoleto, inexacto e insultante. Ahora se reconoce que se trata de una disfunción. Puede tratarse de un trastorno del deseo o de un trastorno de la excitación; cada caso es distinto. El hecho de que una mujer no sienta deseo o encuentre complejo el excitarse no significa que sea frígida. Simplemente hay factores emocionales, psicológicos o somáticos que se lo impiden; desde leves hasta que requieren tratamiento psiquiátrico.

Pero ¿debemos sentirnos ‘enfermas’, ‘disfuncionales’ por no querer que nuestro hombre nos arranque las ropas? ¿Qué es exactamente una disfunción sexual?
Definámosla como la incapacidad para vivir una respuesta sexual normal. No es una enfermedad por lo que no ‘se cura’ sino se corrige. Alma Aldana, psicoterapeuta sexual, en su libro ‘Sexo sin dolor’ (Edit. Grijalbo) afirma “…todo inicia con el interés psicológico por tener relaciones (fase estímulo sexual efectivo), sigue con la excitación física que se experimenta con las caricias y el coito, llega a un punto preorgásmico llamado meseta, culmina con el orgasmo y concluye con la etapa de resolución”.
Pero cuando hablamos de ‘deseo en fuga’, ni siquiera somos capaces de llegar al punto uno de esta respuesta: al interés psicológico por el sexo. En otros casos, hay disponibilidad por tumbarse en la cama a erotizarse pero el cuerpo no reacciona o quizás ante los estímulos surge un deseo por escapar, por detener todo. En ese instante ir a lavar los platos de la cena resulta más incitante.

Dónde comienza a ser un trastorno, he ahí el debate. La sexología no es una ciencia estricta, de números puntuales, pero es claro que hay un trastorno cuando se vuelve un hecho consuetudinario y comienza a afectar el resto de las áreas de vida. Y no te asustes por la palabra, es sólo un término.
Tenemos que hacer un mapa de nosotras mismas y encontrar de inicio dónde está la falla. ¿En el deseo o en la excitación? Vayamos por partes.

Un trastorno del deseo engloba el deseo sexual inhibido o hipoactivo, es decir cuando el impulso sexual es casi nulo o poco frecuente: hay pocas fantasías, falta de interés hacia los genitales como masturbarse o el que alguien más los toque. Son aquellas personas que pueden pasar meses sin sexo o pensamientos sexuales. La aversión al sexo es otro apartado del trastorno, magnificado. Hay asco, repulsión, fobia o ansiedad hacia todo lo sexual; incluso hacia los propios fluidos. Casi siempre se da tras un hecho traumático como una violación, el haber sido engañada por el esposo, el haber sido cruelmente educada y suprimida en cuanto a sexualidad desde la infancia. Y cuando hablamos de trastorno de la excitación nos enfocamos a la falta de respuesta física. Incluso puede haber lubricación o pezones erectos pero la mujer sencillamente no se siente excitada a nivel psicológico.
Ambos trastornos pudieron existir desde siempre o surgir en una etapa determinada, cuando algo lo dispara.

Tampoco podemos eliminar las posibilidades médicas en nuestro mapa. Sobre todo, si tu situación de deseo en fuga sucedió tras un parto, una intervención quirúrgica o un accidente. Incluso si lo has presentado por más de un año es necesario eliminar posibilidades orgánicas. Pudieras presentar un cuadro endocrinológico, hormonal o neurológico.
Algunas mujeres tras tener un bebé creen que su falta de libido se debe a sus nuevas tareas como madre pero cada vez hay más reportes de malas intervenciones quirúrgicas o desórdenes hormonales que lo están provocando y no son atendidas porque se atañen puramente a lo emocional, a la depresión post parto y hasta al temor de volver a embarazarse.  Es cierto que los antes mencionados pueden ser un factor pero tu doctor debe estarte monitoreando y ayudarte a analizar si hay necesidad de realizar otros estudios de apoyo. La lactancia es un punto a considerar también. Durante este periodo segregas una serie de hormonas que te vinculan a tu bebé y mantienen tu atención en él. Es común que el deseo por lo sexual aminore pero una vez terminando de lactar, lo normal es que todo retome su cauce. Consulta a tu médico.

Quizás dirás, ‘Pero yo no estoy tan grave. A mí sólo se me van las ganas a veces’. El punto es que tiene que haber una causa. Parte de hechos y toma decisiones.

El deseo no vuelve solo. No esperes tampoco a que venga ‘el hada de la calentura’ y te toque con su varita mágica para transformarte en una tigresa. Procúrate situaciones que te ayuden a evocar sensualidad, sexo, contacto. Cómprate algo sexy, llénate de fragancias, ve películas eróticas o lee novelas de amor, toma lecciones de belly dance o de table dance, habla de sexo, ayúdate a liberar estrés con meditación, yoga, o en el gimnasio; hacer ejercicio nos ayuda a liberar endorfinas.
Date momentos para estar con tu hombre y replantea su dinámica: incluyan masajes, encuentren nuevos puntos erógenos, disfrútense pero por encima de todo comunícate.
Exprésale qué te agrada o desagrada de sus encuentros, date la oportunidad de desalojar toda esa basura mental en cuanto a sentir placer. A veces el deseo se pierde porque en el fondo tenemos miedo de descubrir lo candentes que somos, lo necesitadas que estamos de liberar nuestro ser sexual. O de lo poco satisfechas que estamos. Haz de él tu mejor cómplice. Reconoce que tu deseo en fuga es una oportunidad enorme para de una vez por todas ser feliz en la cama, todo lo feliz que te puedes imaginar.  ¡Y que vivan los orgasmos!

Oct
14

Fluidos, líquidos y demás expulsiones

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  13 Comments

¿Cómo les va la vida mis erotizados sexonautas? ¿Sexies noches y belos días? Yo ‘a todo mecate’, Dios gracias. Fíjense que hoy grabando el podcast (que por cierto nos quedó impresionantemente gracioso gracias a sus colaboraciones sobre Dirty Talk), en la entrada me di cuenta que hay un dato que creo que nunca les he comentado, de esas obviedades que una supone que son sabidas. Hoy después de comentarla huo dos que tres personas que me dijeron que no sabían y me di cuenta que nunca lo he aclarado al menos en este blog.

Por lo regular, las mujeres creen que todos los fluidos que surgen de sus genitales provienen del mismo sitio y que, de hecho, tienen la misma función y composición. Y no. Lo que todas conocemos como flujo vaginal, o sea lo que normalmente mantiene húmeda y con las condiciones ideales nuestra vagina, ese que se puede poner más espeso o hasta amarillento cuando hay una infección micótica o bacteriana, es producido, osease viene de las glándulas cervicales. Y no es el mismo fluido que surge y abunda cuando nos excitamos. Ese es producido por las glándulas de Bartolini que se localizan de cada lado de los labios menores. Igualmente es blanquesino y mucoso pero su función es facilitar las relaciones sexuales. Y cuando surge un squirt, o sea un eyaculación femenina, el líquido eyaculatorio lo producen las glándulas de Skene y se conectan con la uretra, por eso sale disparado por ahí, no por la vagina pese a que son resultado de la estimulación del punto G que es parte o se localiza en el área vaginal.

Espero que si no lo sabían, les sea de utilidad esto. Y ya que estamos en cosas de flujos y líquidos, es buen momento para preguntar o comentar si tienen alguna duda al respecto. Venga

Oct
6

Virgen otra vez gracias a mi himen artificial

Como están queridos sexonautas. La cosa está que arde en mis días laborales, pero espero que a más tardar el viernes podamos chatear. De todas formas ya saben que me doy mis chances para dejarles buena info.

Hoy estamos muy virginales, digamos. Supongo que hay aún a quienes les parece increíblemente valiosa la virginidad, muy respetable. En lo personal no me parece ‘un valor inmensurable’, es sólo una decisión de vida y claro, depende de ideologías, cultura y hasta religión. Realmente lo que valoro de la misma es la base de la decisión que subyace en perderla o conservarla: la responsabilidad del propio cuerpo. En fin, para los que sí es un concepto de increíble importancia, la tecnología, el ocio y el capitalismo trabajan. Hay una de esas ‘chinadas’ (la empresa está en Guangdong) que ofrece la solución, se trata de un artilugio que permite a las mujeres fingir ser vírgenes. Un himen artificial que se introduce en la vagina quince o veinte minutos antes del coito y que, cuando se produce la penetración, expulsa un líquido que presenta una textura similar a la de la sangre. ¿Qué tal?

Para nadie es secreto que en primera el 60% de las mujeres no sangramos al ser penetradas por primera vez, que el himen puede quedar intacto dependiendo de su estructura y elasticidad y que INCLUSO hay quienes no tuvieron el menor problema para ser allanadas por un pene, ni siquiera la primera vez (tuvieron excelente lubricación, relajación, fuerza en el piso pélvico, etc). Pero la cosa es que el tipo se crea el cuento. ¿Realmente creen que se pueden dar cuenta? La virginidad es una cosa de actitud en el momento erótico. Una mujer con un buen colmillo puede fingirse virgen, y una que tal vez no ha sido penetrada vaginalmente pero que ha sido estimulada hasta por las orejas, puede mostrarse más ducha que una porn star.

La cosa es que según sus fabricantes, la cantidad de sangre falsa expelida es muy pequeña (no hay ninguna necesidad de reproducir La matanza de Tlatelolco) y no saben el furor que está siendo  los países árabes, especialmente en Oriente Medio, no en vano en la cultura musulmana la noción de ‘desprecintado’ de la mujer asociada al acto sexual sigue muy vigente.

La reacción en muchos países musulmanes al enterarse del elevado número de ventas de este estrambótico invento entre sus ciudadanas no se ha hecho esperar. Por lo pronto, en Egipto algunos políticos han solicitado al gobierno que prohíba la importación del reconstructor de himen artificial. Como no iba a ser menos, el que se ha pasado tres pueblos es un profesor de la universidad religiosa egipcia Al-Azhar, que ha solicitado la pena de muerte para compradoras y personas implicadas en la distribución y venta de este ‘invento diabólico’. Se da la circunstancia que en muchos países árabes algunos centros de cirugía estética practican de manera ilegal reconstrucciones quirúrgicas del himen, pero a precios desorbitados. El precio bajo del himen falso chino, 30 dólares, asegura su fácil adquisición a nivel general.

Miren nomás. ¿Qué valor le dan a la virginidad? Ustedes hombres, ¿realmente se dan cuenta o están pendientes del goteadero de sangre, de la dificultad para penetrar?

Aquí el famoso artilugio del amor fake

Oct
1

¡No siento el Punto G!

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  6 Comments

Esta aseveración ha llegado cuantiosas ocasiones a todos mis mails personales y de las revistas. Por cierto -paréntesis antes- los he extrañado. Estoy en la locura, hoy tuve llamado de la novela todo el día y diario estoy yendo a Canal 28. Eso, más las colaboraciones de la Edición Especial de Sexo de Conozca Más, las demás de diciembre del resto de las revistas (por cierto en diciembre habrá una columna mía en Maxim), el podcast y las juntas, estoy… no sé ni qué palabra usar. Pero bueno, los extraño. Ahora sí regresemos al Punto G.

Así es, miles de mujeres dicen ‘Ok, te creo, todas tenemos un punto G, pero dime querida, entonces… ¡¡¡¿Porqué re demonios yo no siento el mío?!!!’. Bueno niñas chulas de mi vida, así como les he comentado que cuando una chica es virgen, su vagina está tensa no porque esté ‘nueva y jovencita’ sino porque está ¡atrofiada! (Sí, por falta de uso) pues  resulta que el punto G puede permancer entumecido por toda la vida si no se es una de esas afortunadas naturalmente sensibles de este pequeño abulatamiento descubierto por Graffenberg. Así es chicas mías, si no lo sienten es porque está entumido y por lo tanto hay que ejercitarlo, despertarlo y no es asunto de una vez, eh. Cosa que descubrí hace poco gracias a Deborah Sundahl (experta en eyaculación femenina y Punto G), cuyo material estoy consultando para mi artículo del ‘Squirt’ de la Edición Especial de Sexo CM.

Pues precisamente cuenta con un video sobre dicho masaje, que, bueno, sonaba de lo más intersante y ahí voy a cargarlo a mi tarjeta. 400 pesos, gracias. Hoy lo recibí y acabo de chutármelo. Y, en realidad debo confesar que aunque le agradezco enormemente que me haya aleccionado sobre el entumecimiento común que G Spot sufre y que la cosa no está en la postura ni en el largo del pene del hombre ni en estimularlo durante el foreplay, etc. sino que el secreto radica en ejercitarlo tan seguido como sea posible, a través de masaje autoconcedido o ayudado, pues sí, confieso, y reitero, lo confieso, no encontré en el video nada nuevo en cuanto a masaje. Recomienda lo que tanto hemos recomendado en este blog sobre los ligeros pero contundentes toques o golpecitos y el masaje circular alrededor de Mr. G (posterior a haberlo encontrado, claro).

Pues así las cosas. No gsaté en vano pero tampoco me sorprendieron las ‘técnicas masajeadoras’. Pero de que sirven, sirven. Mhhhh… Pues si quieren saber sobre dichos masajes que además son coadyuvantes del Squirt, no dejen de comprar su CM Edición Especialísima de Sexo. Total, ya nada más falta un mes. Y ¡se la van a devorar! (la revista, no sean malpensados).

Los dejo para seguir en la masacre de artículos que tengo pendientes. Pero ¡los extraño! Chateemos pronto ¿va?

Sep
30

¡No quiero verla!

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  16 Comments

Leyendo algunos de sus mails me encontré con el de una sexonauta que comenta que de las dos parejas sexuales que ha tenido hasta ahora, ninguno de los dos jamás vio su vulva. O sea, iban a lo que iban, quizás la tocaban pero nunca exploraban visualmente la zona. Obviamente no es la primera vez que veo o leo un caso como este. Igualmente me he encontrado con la contraparte del asunto, hombres que sencillamente sienten que es demasiado, como ‘too much’ ponerse a ver ahí como si fueran arqueólogos en busca de restos de dinosaurios. Algunos incluso, creen que la mujer puede sentirse muy intimidada y otros que de plano nuestra querida venus es muy fea como para ponerse a analizarla centímetro a centímetro.

Claro, hay mucho prejuicio al respecto, por lo regular pudores mal comprendidos, ideas machistas o hasta puritanas. No olvidemos que todavía el siglo pasado las mujeres preparaban su sábana nupcial, misma que bordaban con todo ahínco y que tenía un agujero para que lo colocaran entre sus piernas con el fin de que su marido no viera su cuerpo, mucho menos su vulva. Las prostitutas eran las únicas que mostraban sus genitales a los hombres, ahí mucho del encanto de acudir a una de ellas.

La cosa es que hoy día en pleno 2009, casi 2010, hay hombres que no se asoman a esas profundidades. La tocan, sí, pero de eso a verla, nel. En el momento de un cunnilingus, es imposible no verla, ni modo que realicen la estimulación a ciegas. Pero tampoco quiere decir que la conozcan en toda su extensión. El único modo es verla, con minuciosidad. Prueben el ejercicio. Digo, me queda claro que no se lo van a pedir al fulano que acaban de conocer y que ‘de pronto’ apareció en su cama impulsado por media botella de ron, pero es una práctica ideal en pareja. Observar y tocar, pierdan esa sensación de pena con culpa con ‘¿qué pensará que si es fea mi vulva que si está muy roja, muy velluda, muy bla bla bla?’, relájense. Es como darle a alguien un croquis para que sepa llegar a donde ustedes requieren. E igualmente háganlo solas. Coloquen un espejito frente a su perfecta venus y véanla. Hace poco conocí a una mujer de 45 años que nunca ha visto sus genitales y hasta hijos ya tuvo. La plática surgió porque me dijo ‘¿Por qué está tan de moda eso del clítoris?’. ‘¿De moda?’, no es algo que nos surgió a las últimas generaciones como mutación, ahí ha estado siempre y le pregunté si ella conocía el suyo y me dijo ‘Claro que no, por eso te pregunto porque ya en todos lado hablan de él y hay veces que una no sabe siquiera si lo tiene’. ¡El clítoris! Ya dejen el punto G, ¡el clítoris!, no conocértelo es como nunca haber volteado a ver tus manos.

En fin, de verdad dense ese permiso y dénselo a su hombre. Ver por primera vez su vagina puede ser un poco atemorizante, una burrada pensarlo así, pero así es. Y créanme como sea, debe ser hermosa, todas lo son. Exploren cómo es, si sus labios menores son más largos uno que otro o incluso salen de los mayores, cómo es su clítoris, cómo luce la entrada de su vagina; es más… si por ahí pordrían quitar uno que otro vellito con ayuda de un rastrillo para que luzca mejor, en fin. Y palpen, no saben qué básico es. Palpen los labios cómo se sienten. Es importantísimo hasta para cuestiones que hay que comentar al ginecólogo.

¿Alguna experiencia sobre la primera vez que ustedes hombres vieron una? ¿Qué pensaron? ¿Y ustedes señoras y señoritas? ¿Qué pensaron cuando vieron la suya?

 
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