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Orgasmo en femenino y en masculino (Parte 1)
¿A qué venimos a esta vida si no es a tener orgasmos? Esa grata explosión que ha movido millones de neuronas para crear todo lo que ven nuestros ojos. Toda acción es movida por la búsqueda de placer –en términos freudianos, placer sexual. Las catástrofes históricas generadas por el hombre habrían de ser menos si cada persona tuviera una vida sexual más placentera. Si todos coexistiéramos inundados de orgasmos, el poder creativo derivado de las endorfinas tumbaría todo deseo destructivo. El ‘Sexialismo’ debe llevarnos a evolucionar más que cualquier ideología política; vivir orgasmos a solas o en compañía. No obstante, ¿todos tenemos la misma capacidad de tenerlos? ¿Quiénes vivimos mejores orgasmos? ¿Hombres o mujeres? Quizás tenemos más en común de lo que pensamos. Sí, funcionamos diferente pero con el mismo propósito. Echemos un vistazo a la mente y los genitales de cada uno.
Respuesta Sexual
Lo primero que activa nuestra respuesta sexual es una imagen. No es que los hombres sean más visuales que nosotras; por ejemplo, de acuerdo con algunos estudios de Heather Rupp del Departamento de Biología de la Universidad de Indiana ambos géneros tenemos la misma capacidad para excitarnos visualmente pero encontramos en el estímulo distintos focos. Viendo una película porno, un hombre se excita por la imagen que recibe mientras que la mujer por el contexto presentado porque tiene mayor capacidad para transferirse a sí misma a la fantasía.
Factor de discrepancia: puntos focales
Ventaja masculina: ‘me excito en un abrir y cerrar de ojos’
Ventaja femenina: ‘la ficción supera a la realidad’
Excitación
Esta es mucho más que flujo sanguíneo y lubricación. Comprende cuantiosos aspectos emocionales y cognitivos -causantes de que una erección no llegue a tiempo o una vagina se encuentre más seca que el Sahara. Pese a la creencia de que las mujeres somos psicológicamente más complejas, con base en múltiples estudios entre los que figuran los del investigador R.J. Levin, en términos emocionales somos igualmente vulnerables. Con el detalle de que un hombre que no consigue una erección porque está estresado, no es capaz de llegar al coito; una mujer sí, aunque con dolor.
En cuanto a tiempo de respuesta diferimos. A un hombre (en condiciones óptimas) le toma entre 20 y 45 segundos estar listo para la batalla mientras que en una mujer la vaso congestión clitorial y la generación de suficientes fluidos lubricantes le puede tomar entre tres y siete minutos; necesitamos que nos ‘trabajen’ más. Conclusión, el juego previo es biológicamente necesario (¡Gracias Madre Naturaleza!).
Factor de discrepancia: tiempo
Ventaja masculina: ‘En sus marcas, listos ¡fuera!’
Ventaja femenina: ‘Dame más y tendrás más’
Meseta
Comienza el aquelarre, ambos hacemos gala de nuestros mejores trucos y/o posiciones –o rezamos porque así sea- y surge la meseta, donde la sensación placentera es inminente; aumentan el calor pélvico y los ritmos cardiaco y respiratorio. Comienzan las células a vibrar en búsqueda del orgasmo y su llegada se anuncia. Un hombre puede ‘saltar’ de la meseta al orgasmo en un tiempo promedio de cinco a diez minutos (lo siento, dos minutos no entra en la media). Una mujer, al demandar de-fi-ni-ti-va-men-te del estímulo directo al clítoris o al punto G –que no son más que el mismo órgano- requiere que ‘el juego’ toque a ambos o al menos sea estimulado uno de ellos de manera manual o coital. El tiempo que le toma depende directamente de ello. Pueden ser desde dos minutos de estimulación clitorial correcta hasta media hora de mentadas de madre mentales (o literales).
Si la acción se interrumpe durante la fase de meseta sin llegar al orgasmo, en el hombre puede surgir dolor testicular; en la mujer congestión genital, rara vez acompañada de dolor.
Factor de discrepancia: tiempo
Ventaja masculina: ‘A lo que voy, voy’
Ventaja femenina: ‘¿Quieres que tenga un orgasmo?…lúcete’
O o o ooorgasmo!!
Actualmente no existe ninguna medida universalmente aceptada que calcule la potencialmente amplia gama de cualidades subjetivas que componen la experiencia del orgasmo. Esta se compone por dos modelos: las sensaciones físicas-musculares localizadas y los cambios afectivos como emociones fuertes y estados de conciencia alterados. Orgánicamente, pese a que el clítoris contiene el doble de terminales nerviosas que el pene (¡sí!), no se ha podido comprobar que nuestros orgasmos sean más intensos. Pero existen claras diferencias.
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Mamá, no entres conmigo al ginecólogo
Y es que para una madre, una siempre será una niña. Es bastante socorrida la pregunta vía mail por parte de lectoras chamacuelas que están por ir a su primera visita ginecológica y Mamá Gallina, bueno Jirafa según este post, quiere entrar con ellas. El temor claro, surge porque ya han tenido relaciones sexuales y saben, todos sabemos que el Señor Gine, pues, siempre pregunta si se han tenido relaciones. No porque el tipo sea un chisme caliente sino porque el panorama ginecológico cambia. Si, por ejemplo, van porque tienen una infección, no es lo mismo tratar una que se ha contagiado vía sexual que otra que pudo venir de cualquier bacteria pegosteada en algún lado y que de algún modo llegó a sus bonitos genitales. La cosa es que hay chicas que incluso se callan síntomas que son de verdadero cuidado con tal de no pedirla a Mami-chula que las lleve al ginecólogo porque saben que ella querrá entrar y que si se niegan, ella comenzará a sospechar.
Bueno, la cosa es simple. Pase lo que pase, si tienen alguna bolita en una mama, o sus cólicos son fatídicos o les baja cada venida de Papa y luego les baja 15 días seguidos o tienen alguna infección, deben ir al ginecólogo. Claro, cuando no se es independiente económicamente, no queda más que solicitarlo a los padres, quienes además deben estar enterados de su visita al doctor porque quizás requieran de un tratamiento o hasta una operación (que Dios no lo quiera). No obstante, hay madres verdaderamente… no sé cómo decirles… que incluso cuando la chava le dice que quiere ir al ginecólogo se enojan y les dicen ‘¿Cómo para qué quieres ir pues qué andas haciendo chamaca puerca, suavona, malandra?’. Comprendo que puede resultar bastante incómodo que la madre escuche toda la serie de respuestas que el doctor deberá anotar. Digo, lo más sano es que uno entre sola. Si estás en edad de ir al ginecólogo, lo estás para entrar sola no es como con el pediatra que los padres entran porque serán los que administren los medicamentos y etc. Pero no negaremos que también hay mamás que entran con toda doble intención. Nunca falta la que le pregunta al ginecólogo si su hija sigue virgen.
El punto es pedir respeto, sin pasar los límites como ‘O sea jefa, o sea, onda que yo entro sola o no voy. O sea respétame ¿sí?’. No mijas, negocien. Digan simplemente ‘Ma, creo que ya es momento de que yo entre sola con el doctor. Simplemente me voy a sentir más cómoda y creo que aunque TODAVÍA NO SOY UN ADULTO, ya tengo la capacidad de hacerme responsable de mi salud’. O un speech parecido.
¿Han tenido bronca con su madre porque desean ir al ginecólogo?
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Historias del vello pubiano
El color del vello púbico es motivo de muchas fantasías y preguntas que uno se hace ociosamente. No siempre coincide con el del cabello. Se puede ser rubia (y no de tinte) pero tener el vello pubiano oscuro. Las razones son genéticas, hormonales y hasta estacionales. Como saben el vello existe como una cama de protección para evitar la entrada de bacterias y mugre exteriores, pero, claro, ya no es tan necesario ahora que a diferencia de nuestros ancestros, usamos ropa interior y nos bañamos a diario. Pero ahí sigue, y quizás hasta con molestia lo vemos. No obstante, el tono es toda una sorpresa para quien descubra nuestros genitales. Una amiga tenía un novio albino, de esos rubios que casi ni las pestañas se les ven y decía que su pubis era pelirrojón. Que le recordaba al de un vikingo. Digo, por lo regular los de cabello negro o castaño no lo tendrán blondo. El caso es que también puede traer situaciones cómicas, como el hecho de aparezcan canas. Es pelo, si en la cabeza salen canas, si incluso los vellos corporales encanecen, ¿por qué no habría de suceder en la ‘alfombra de abajo’? Y miren que resulta un trauma para muchas mujeres, ahí las tienen tiñéndose o hasta rimmel poniéndose. Igualmente, como el vello tiene que ver con las hormonas, puede que se reduzca y que hasta desaparezca con la edad, una especie de calvicie genital. Y de pronto la selva parezca deforestada por los años.
Otra de las cosas más horrendas son las de los vellos enterrados. Ahí va una(o) a depilarse y a las semanas la foliculitis está de a varo. Porque el vello se entierra, crece hacia abajo haciendo un bulto doloroso en la piel. Hay quienes son muy sensibles a ello. Hay que poner fomentos, desenterrar con pinzas, todo un circo. Pensamos ‘A la otra me dejo el Amazonas pero no vuelvo a pasar por esto’.
Así es el vello, colores, sensaciones y cosas extrañas lo circundan. Nunca falta el que toma escape a través de los poros de la ropa, el que queda entre dientes durante el sexo oral, el que se atora con el zipper de los jeans. Historias de vello púbico. Echen las suyas.
Y de paso les dejo unas ideas para sorprender a la pareja, siempre y cuando tengan MUY BUEN PULSO y paciencia…
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Esa primera cita
Me encontré a una chava que conocí hace tiempo en una producción en la que trabajé. Estaba con otra amiga quejándose amargamente de su primera cita con un chavo que conoció hace unos días. Y yo como no soy chismosa, al acercarme a saludarla le pregunté qué le pasaba. Me contó que anoche fueron a cenar. Él le llamó y quedaron. Desde ahí ella dice que notó algo de falta de ‘romanticismo’ (cito sus palabras literales) ya que él le pidió que se vieran nueve en punto de la noche en un restaurante japonés. Nunca preguntó si ella tendría modo de llegar al lugar o si gustaba que pasara por ella al trabajo o a casa. El caso es que ahí se vieron y cenaron. Ella dice que el tipo es agradablísimo, la plática maravillosa, se dijeron harta cosa bonita, congeniaron y ya con aliento a comida japonesa se dieron sus besotes. Entonces, llegó el meseron con la cuenta, se la entregó a él (como en todo restaurante) y él dijo ‘Nos tocan 340 a cada uno, ya con propina’. Y ella con ojitos estupefactos pensó ‘O sea, ¿no me piensa invitar?’. Sacó su tarjeta y pagó su parte de la cuenta. Hoy decía estar muy desconcertada. Todo el panorama pintaba perfecto pero sencillamente él está dejando claro que ‘si quiere’ será una relación donde cada quién se encargue de sus gastos. No me parece una idea mala ni descabellada pero sí creo que en una primera cita debe pagar quien hace la invitación, sin importar el género. Si se sale con una de esas personas que creemos que pueden ofenderse terriblemente si pagamos la cuenta, se pregunta antes ‘¿Te molesta si te invito?’. Ya dejen el asunto de la llegada al lugar, que del mismo modo, me parece que lo más nice hubiera sido que él pasara por ella. Al menos en taxi si no tiene coche o lo que sea.
¿Qué otras malas ideas se pueden tener en una primera cita? Digo, además de ponerse hasta el moco de alcohol, pelearse con los meseros o el bar tender con tal de mostrar que se es muy macho, querer meter mano a la primera. Jaja nunca olvidaré una primera (y última) cita que read more
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Ay querido Dr. Freud, ¡qué fregada nos puso!
Mucho hemos discutido aquí sobre el mito del orgasmo vaginal, en el post ‘Sólo con el clítoris’ les comenté que según los más recientes estudios, sólo el 30% de las mujeres son capaces de llegar al orgasmo por penetración simple (sin estimular externamente el clítoris), bueno pues parece ser que esa vieja creencia de que una mujer a la cual le introducen el pene vía vaginal DEBE tener un orgasmo, nos la heredó el querido Sigmund -que nadie niega que nos dejó teorías e investigaciones maravillosas pero algunos conceptos más, algo discutibles. Precisamente este es uno de ellos; de los discutibles.
Freud sostenía y dijo a los cuatro vientos que el orgasmo clitoridiano o clitorial era un orgasmo adolescente y que cuando las mujeres comenzaban a tener relaciones sexuales debían transferir el centro del orgasmo a la vagina. Se daba por hecho que la vagina era capaz de producir un orgasmo paralelo pero más maduro que el del clítoris.
Es así que -como sucede con millones de teorías de todos los campos- al ser el respetado Dr. Freud quien comenzara a analizar nuestros comportamientos sexuales y convertirse en la eminencia de ello, sus afirmaciones se hicieron irrefutables. Incluso años después Alfred Kinsey (uno de mis favoritos) intentó cambiar dicha percepción sobre el orgasmo femenino pero HASTA LA FECHA la ‘herencia’ de Freud nos sigue atosigando. Y hay hasta expertos, médicos y profesionales de la materia que siguen afirmando que el orgasmo femenino viene y debe venir cuando una mujer es penetrada.
La vagina está provista de terminales nerviosas pero dentro de su estructura y paredes NO hay un sitio que tenga el propósito de generar un orgasmo. Me dirán ¿y el Punto G? El punto G no es la vagina, es el clítoris, es el final interno del órgano pero mucho menos sensible que su parte externa, el capuchón y el glande que son lo que vemos cuando la vulva se expone. Y en muchas mujeres, el punto G es tan ‘chato’ que es complejo que el pene lo estimule. Nadie refuta que la sensación de ser penetrada es fantástica y placentera pero el orgasmo no viene de ahí, viene de estimular el clítoris. ¿Cómo esperaba Freud que al comenzar a tener relaciones enviáramos el centro de nuestro orgasmo a la vagina? ¿Por metamorfosis?
Nadie lo culpa, tenía los mayores adelantos de la investigación de su época, pero se equivocó y su error vino a darle en toda la madre a muchas mujeres que fueron diagnosticadas como frígidas (término que además ahora ha desaparecido), y muchas otras se sintieron verdaderas freaks porque no entendían el porqué de su falta de orgasmo si su pareja las penetraba una y otra vez. Y es día que las hay pululando por las calles, angustiadas, sintiéndose inadaptadas sexuales. Porque eso nos enseñaron a todos: ‘Pene dentro de vagina = orgasmo y estrellitas’.
Mary Ellman en su libro ‘Thinking about Women’, plantea las afirmaciones de Freud como parte de su ‘problema’ con valorar a las mujeres, dice así:
“Toda la actitud condescendiente y temerosa de Freud hacia las mujeres proviene de que carecen de pene (recordarán mijos que él fue quien creo el concepto de ‘envidia del pene’) en su ensayo ‘La psicología de las mujeres’ escribió ‘Cuando el paciente psicoanalizado es un hombre el analista se propone la tarea de desarrollar sus capacidades pero cuando es una paciente, la labor es ayudarlas a resignarse a los límites de su sexualidad”…
Ooook, gracias Doc. ¿Resignarnos? Tampoco sabía que el clítoris tiene el doble de terminales nerviosas que el pene, pero tampoco es su culpa. Pero ¿qué podemos esperar si él sentó las bases de la sexualidad femenina?
Por ejemplo Frank S. Caprio, otro psiquiatra seguidor de Freud detalló en su libro ‘The Sexual Adequate Female’ -que sirvió como guía a muchos otros especialistas- lo siguiente (echen ojo nomás): “… cuando una mujer sea incapaz de lograr un orgasmo vía coito, a condición de que su marido sea una pareja adecuada, y perfiera la estimulación clitoridiana a cualquier otra forma de actividad sexual, se le puede considerar frígida y requiere de ayuda psiquiátrica’.
¿Qué tal? ¿Cuántas no habrán terminado en el diván del psiquiatra con los pañuelos llenos de mocos simplemente porque su cuerpo les decía qué era lo que necesitaba?
Es hora de que comencemos a tirar esas teorías ¿no creen?
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