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Squirt Room: el paso a paso para lograr una eyaculación femenina

Bienvenidas al lugar donde todas somos potencialmente eyaculadoras. ¿Quieren probarlo? Preparen la cámara.
“Como una cascada, la marea yin surge desde la puerta de jade de la mujer y empapa el rostro de su amante”. Un códice sexual chino alude a lo que hoy conocemos como eyaculación femenina, el squirt que el porno ha hecho tan famoso, y que ha levantando curiosidades e interrogantes. ¿Seremos todas capaces de lanzar tal chisguete?
Nos tomó siglos aceptar que las mujeres tenemos orgasmos, ahora estamos ante el salto avalado por la ciencia donde además, nos admitimos capaces de eyacular. Creíamos que nuestra única forma de vivir el clímax era a través de contracciones uterinas-vaginales y extra lubricación. ¿Entonces qué sucede con aquellas cuyos orgasmos se acompañan de un proyectil eyaculatorio? ¿Se orinan? ¿Tienen ‘una fuga’? En 2001 se reconoció médicamente el término ‘próstata femenina’ y que él ‘chorro’ proviene de ella, pese a que Aristóteles escribió sobre ésta, en el siglo XVII el anatomista Regnier de Graaf diseccionó una y algunas disciplinas milenarias la mencionan. Entonces dichas mujeres dejaron de sentirse freaks para crear la simiente de uno de los últimos descubrimientos de nuestra anatomía: todas podemos eyacular. La cosa es cómo inducirla o ¿debemos esperar a que el hada del squirt se pose sobre nuestra pelvis?

La eyaculación nace en el punto G, la próstata femenina. Ese mismo que pocas saben que no es más que su clítoris. Lo que vemos cuando una mujer abre orondamente sus piernas sólo es el glande y el capuchón, la quinta parte del órgano. Por dentro hay un campo de conductos, cuerpos, tejidos; un ‘pene’ interno (¿Cuál envidia Dr. Freud?) y Mr. G es el cabo de este universo interior. Si tuviéramos ojos de ultrasonido veríamos detrás del glande del clítoris casi verticalmente esta elongación, encima de la vagina y del canal uretral (el ducto que lleva la orina desde la vejiga). Nuestra próstata está rodeada por glándulas que producen el líquido eyaculatorio, las glándulas de Skene, que contienen canales que expelen la eyaculación a través de la uretra (sí, el ‘hoyito’ por donde hacemos pipí).
Pero dirás, ¿y a mí qué? Lo que quiero es provocar o provocarme un squirt. Se requiere de arte manual. El códice chino antes citado deja claro que la mujer eyacula en el rostro de su amante, eso no es posible si él está penetrándola. Vamos paso a paso.
1. Localiza el Punto G
La gran mayoría de las mujeres vírgenes y no, tienen entumido el punto G por falta de estimulación. Esa es la causa de que sólo unas cuantas (que son biológicamente sensibles de esta zona) eyaculen.
Coloca una muy buena cantidad de lubricante con base de agua en tus dedos. Comienza por estimular el clítoris por fuera, éste se llenará de sangre y pondrá erecto y por ende el Punto G será más palpable. Introduce el dedo medio con la palma de la mano viendo hacia el ombligo, no busques demasiado adentro, está a unos centímetros de la entrada vaginal, hacia arriba, exactamente detrás del hueso púbico. Mueve el dedo hacia el frente y siente una zona rugosa, acanalada, como una nuez. Al presionarlo sientes la dureza del hueso que está más adelante. La sensación es parecida a la de ganas de orinar.
2. Masajea
Para entrar al Squirt Room hay que ejercitar el Punto G de manera frecuente. Mueve el dedo de manera circular, presionando un poco, da toques rápidos, detente y empuja ligera y extensamente. Estás entrenándolo, sensibilizándolo.
Esto hará que se hinche más y más, la sensación de inicio puede ser extraña pero dale unos minutos y se abrirán las puertas del Nirvana. Es posible que llegues al orgasmo sin eyacular.
3. El ‘bautizo’
Aprender a eyacular requiere preparación, movimientos básicos, cadencia, ritmo y duraciones.
Esta es una combinación de técnicas personales con las de Alice K. Ladas, terapeuta sexual e investigadora; Annie Sprinkle estrella porno; y Deborah Sundahl, la gurú de la eyaculación, cuyos cursos y libros han llevado a la emanación del torrente femenino a miles.
>De preferencia sobre las rodillas en una superficie cómoda (y que puedas lavar), aplica los masajes anteriores al Punto G, insiste hasta que percibas con claridad que su tamaño ha aumentado; siente que todo lo que rodea es esponjoso. Ahora, combínalos con Kegels, o sea contrae intermitentemente los músculos pubococcígeos o PC (mismos que sostienes cuando aguantas la orina). Irás activando el nervio pélvico, responsable del orgasmo por Punto G (cuando el orgasmo proviene del clítoris, el nervio pudendo es quien responde y a eso vienen las contracciones y la lubricación abundante en la vagina, y no hay eyaculación vía uretra).
>Continúa, frota el punto G, rota el dedo, presiona y conforme te excites, recuéstate sin dejar de estimular, levanta las caderas presionando las nalgas. Sigue y repite los movimientos.
>Ahora, saca el dedo con rapidez y puja (o pídele que puje). ¡Puja!, contrae las nalgas con la cadera elevada y presiona por fuera haciendo círculos con la mano sobre los labios mayores que casi cubren el clítoris. Si sientes que la sensación inminente se escapa, repite. Concéntrate en sentir, va a venir, va a llegar.
>Y ¡viola! Surge la marea.
*Si no sucede a la primera, no te angusties, repite el proceso esa y otras ocasiones; es cuestión de entrenamiento. Tus músculos PC deben estar débiles y tu Punto G sigue dormido. Ejercita y estimula.
El torrente
No es orina, créeme. El punto G al hincharse presionó las glándulas de Skene contenidas en la esponja uretral y éstas expulsaron su producción eyaculatoria. La sensación no es igual a la de hacer pipí, el líquido es blanquecino, más espeso y huele distinto. Químicamente es básicamente glucosa, su PH es mayor, contiene menos urea y creatinina que la orina, además del llamado antígeno específico prostático PSA presente también en la eyaculación masculina (es la sustancia que se busca en el cuerpo de una mujer para comprobar un caso de violación).
La cantidad depende de factores hormonales, en qué momento del ciclo menstrual se está y que tan fuertes están los músculos pélvicos para poder lanzar un chorro modesto o una gran cascada.
Ya has eyaculado y no lo sabes
De acuerdo a los estudios del doctor Francisco Santamaría Cabello cuando la eyaculación es arrojada desde la próstata femenina puede tomar dos rumbos: ir hacia la abertura uretral y ser notoria, o retrógrada y depositarse en la vejiga. Analizó la orina de 24 mujeres antes y después del orgasmo y encontró antígeno específico prostático (PSA) en la de todas las que no habían eyaculado aparentemente.
¿De qué sirve eyacular?
Además de placer puro, de acuerdo al profesor de medicina patológica y forense de la Universidad de Bratislava, Milan Zaviacic, la próstata femenina tiene dos funciones: exocrina, manufacturar, almacenar y emitir el fluido eyaculatorio; y neuroendócrina, producir hormonas y serotonina.
Otros estudios de la Universidad de York en Toronto afirman que su propósito es evolutivo: la uretra y la vagina comparten una pared virtual, el piso del canal uretral es el techo de la vagina, por lo tanto la glucosa de la eyaculación es absorbida por la vagina y crea un ambiente de soporte para el esperma, la reproducción.
Al final, lo que todos quieren es la sensación y el show. Eso sí, el orgasmo eyaculatorio no es más intenso, sólo es más ‘espectacular’.
Veremos…
Este post es presentado por la Píldora de la Libélula . Búscalos en Face facebook.com/libelulaSOS y mantente enterada de sus propuestas e investigaciones. Ya es hora de que todas dominemos la anticoncepción de emergencia. Y si andas en esas emergencias, llama al 01 800 00 MI SOS donde expertas en la salud te sacarán de todas tus dudas, antes y después de haber tomado la Píldora de la Libélula, los cambios posteriores posibles en tu ciclo, desajustes hormonales que pudieron provocarse, todo!
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Himenoplastia
La himenoplastia es la reconstrucción quirúrgica del himen a las que algunas mujeres se someten para pasar por “vírgenes” y llegan a pagar grandes sumas de dinero por cada intervención.
Gasto inútil, ¿no creen? Sólo se necesita una poquita de actuación y de mesura con el impulso de mostrar la tigresa que se ha generado con la experiencia y el tipo puede jurar que una estaba más intacta que Santa Teresa. ¡Qué obsesión! ¿La quieren virgen?, vayan a buscar novia a alguna primaria. Pero ese no es el tema, ¿qué razones puede tener una mujer para querer parecer virgen? De cualquier modo, no hay forma de rectificar que una mujer sea o no sea virgen por el simple hecho de que muchas mujeres nacen sin himen o lo tienen elástico. ¿Cómo van a comprobarlo? ¿Llevándola al ginecólogo?
El himen es una fina y frágil lámina de tejido que durante el desarrollo fetal tapa la entrada vaginal y que, generalmente, se abre parcialmente antes del nacimiento y repito, aunque algunas nacen sin él. En el caso de que aún exista, su tamaño y forma son variables: anular, biperforado, semilunar, en herradura, etc. El himen sólo dará problemas en el caso de que esté totalmente cerrado, impidiendo que la menstruación o regla fluya al exterior, o si es tan rígido que dificulta la penetración. En ambos casos, una pequeña intervención quirúrgica solucionará el inconveniente.
Se desconoce su función y algunos científicos sugieren que podría servir de barrera contra infecciones durante la niñez, hasta que, durante la adolescencia, con el vello púbico y obvio, se autoprotege con la flora bacteriana. Entonces ¿como para qué una himenoplastia? Opinen
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Me dejó a medias: blue balls y otros dolores
¿A quién?, díganme ¿A quién no han dejado con ‘el boiler encendido’? Es decir, de pronto un beso nos lleva más allá, y más allá, pasamos al faje y cuando todo está listo para un bonito coito la incauta o incauto sale con que siempre no. O bien, algo impide que se lleve a cabo el idilio salvaje. Es cosa horrible. El resultado en los hombres se traduce en el bien llamado ‘blue balls’, este anglicismo que significa ‘bolas azules’ es un modismo para referirse al dolor testicular que puede ocurrir cuando un hombre es sexualmente excitado pero no eyacula. Las arterias bombean sangre a la zona genital, mientras que las venas se contraen para mantener la sangre allí (vasocongestion) para mantener el pene erecto. Además, los testículos quedan cargados de esperma dispuesto a salir disparado y surge el dolor. Darse una autoayuda manual puede ayudar hijos míos.
Pero las mujeres no estamos eximidas de tales malestares. La vascongestión igualmente se da para permitir la distensión de la vagina y aumentar la sensibilidad así como la erección del clítoris. Cuando no hay resolución, o sea, orgasmo esa sangre no se drena por completo. Podemos presentar acumulación de fluidos en los labios, erección del clítoris, y el tercio exterior de la vagina; y en ocasiones dolor pélvico o en la vulva.
Ahora sí que ¡bienvenida mano amiga! Quizás lo peor de todo es el ‘impacto’ emocional porque uno ya se veía montada o montado en la pareja cuando resulta ‘que dice mi mamá que siempre no’ y claro, el ego es el ego. ¿Les ha pasado?
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Antojos en el embarazo y en el futuro padre ¿son reales o aprendidos?
Mucho hemos escuchado sobre los supuestos antojos durante el embarazo. Sobre si no son más que una conducta social aprendida que da rienda suelta al paladar de las embarazadas (y que en muchos casos las hace subir más kilos de los que deberían), pero se ha estado investigando sobre la factibilidad de éstos. Se han explorado desde perspectivas psicológicas hasta endocrinológicas.
De acuerdo al estudio Food cravings and aversions during pregnancy de la escuela de Biopsicología de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, hay tres correlaciones: los antojos suelen representar la desviación de situaciones de ansiedad, miedo o necesidad, que se reflejan en la avidez por alimentos. La segunda refiere el aumento de tres hormonas: prolactina (influye en la lactancia), el cortisol (relacionada con el estrés) –por lo que se le relaciona con la anterior- y el estradiol (refleja los cambios en el aparato reproductor), provocando esta necesidad por sabores específicos que también experimentamos las mujeres cuando estamos previas a menstruar o pasamos por estados de melancolía, enojo, etc. En este mismo estudio, se observó que los hombres parejas de las embarazadas igualmente mantenían niveles de dichas hormonas más elevados y del mismo modo experimentaban antojos. Muchos de ellos, entre esa parte de selección de alimentos o rechazo de otros, sentían náuseas incluso con el olor de la cerveza (y eso debe ser un dilema para ellos, jaja). Y en la tercera correlación está la asociación de sabores con olores que percibieron durante las náuseas o los estados de bienestar durante el primer trimestre. Lo cual les creó rechazo a éstos incluso después del embarazo. Algunas mujeres de hecho tuvieron que pedirle a sus maridos que dejaran de usar loción, porque el aroma del perfume les resultaba insoportable, cuando antes las excitaba. Miren que la cosa se puede poner rara.
¿Qué tal? ¿Los han sentido, ustedes o las chavas que conocen que ya tuvieron chamacos? Yo tengo una amiga que no podía parar de comer sardinas, de esas en aceite, y se las empacaba en pan de caja, como sandwich. Ahora nos las puede ni ver. Y había días que no soportaba el antojo de papas a la francesa de McDonalds, remojadas en helado!, asco. Por cierto aumentó como 25 kilos. Y su marido podía acabarseen un día una barra de mantequilla en donde pudiera untarla. Ok , espero que no en ella, la imagen no me es necesaria, jaja ¿Cuál ha sido el antojo más extravaganate que han escuchado?
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Embarazo y tragos
Un estudio llevado a cabo en Inglaterra por un equipo de investigadores de la University College London indicó que hasta dos bebidas a la semana -durante el embarazo- se puede considerar una medida “ligera” de ingesta de alcohol. El estudio realizado en 12.500 niños de tres años encontró que estos infantes, de madres que bebieron de forma liviana durante la gestación, tuvieron un riesgo menor de sufrir problemas de comportamiento.
Sin embargo, las opiniones de los expertos están divididas. Algunos piensan que lo que la investigación consigue es tranquilizar o calmar a las mujeres para darles una falsa sensación de seguridad.El consejo de las autoridades británicas dirigido a las mujeres embarazadas o a aquellas que intentan concebir, es de evitar ingerir alcohol.
Pero, si optan por beber, deberían tomar no más de una o dos unidades de alcohol una o dos veces a la semana. Una unidad representa ocho gramos de alcohol. La relación entre la ingesta constante de alcohol durante el embarazo y los problemas de salud del bebé ha sido el eje de muchas investigaciones.
Los niños de madres que consumen altas cantidades de alcohol pueden desarrollar el síndrome alcohólico fetal. En los casos más graves, el consumo excesivo de alcohol puede causar un aborto, que el niño nazca muerto o un daño permanente del feto durante su crecimiento.
Un número reducido de bebés, en los cuadros más severos, puede nacer con síndrome alcohólico fetal y con síntomas que incluyen problemas en su desarrollo físico y mental. Una ingesta cuantiosa implicaría el consumo de siete o más unidades de alcohol a la semana o al menos seis por vez.
Mientras 63 por ciento de las madres se habían abstenido de ingerir alcohol durante el embarazo, 29 por ciento habían sido “bebedoras ligeras”, seis por ciento moderadas y dos por ciento habían consumido bebidas de forma cuantiosa.
Los investigadores volvieron a su muestra original cuando los niños habían cumplido tres años para analizar sus conductas y entendimientos. Las opiniones de los especialistas están divididas: unos recomiendan no consumir nada de alcohol. El estudio, difundido en la publicación especializada International Journal of Epidemiology, halló que los niños nacidos de consumidoras “ligeras” de alcohol eran 40 por ciento menos proclives a sufrir problemas de comportamiento y 30 por ciento menos propensos a desarrollar hiperactividad que los nacidos de las madres que se habían abstenido de ingerir alcohol. Los bebés analizados también registraron altos puntajes en las pruebas de vocabulario y en las de identificación de colores, formas, letras y números.
Las niñas nacidas de mujeres que ingirieron alcohol de forma “ligera” registraron 30 por ciento menos probabilidades de tener problemas emocionales que las pequeñas que nacieron de madres abstemias, aunque los investigadores dijeron que esto podría deberse también a factores familiares y sociales.
Las bebedoras “ligeras” incluidas en esta investigación eran mujeres con estudios y pertenecían a hogares con ingresos altos. Además, habían registrado menos tendencia a fumar durante el embarazo que las abstemias.
La doctora Yvonne Kelly, epidemióloga que dirigió el estudio, dijo: “Nuestra investigación halló que el consumo bajo (de alcohol) por parte de madres embarazadas no incrementa el riesgo de problemas de conducta y de defectos cognitivos”. La British Medical Association cree que el consejo más simple y seguro para una mujer es no tomar alcohol durante el embarazo, “Sin embargo, esto podría deberse también a que las mujeres embarazadas que consumen poco alcohol tienden a ser más relajadas sobre si mismas, lo cual contribuye a un mejor desarrollo cognitivo y del comportamiento de sus hijos”, dijo la especialista.
La doctora añadió: “Los hallazgos de nuestro estudio despiertan preguntas sobre si la actual política gubernamental de recomendar la completa abstinencia durante el embarazo vale la pena y sugiere que se hagan más investigaciones”.
Pero digo yo, entre que son peras o manzanas, ¿qué necesidad hay de beber si está en una etapa tan importante y que exige de toda tu responsabilidad? Es obvio que cuando no se puede evitar hablamos de una adicción y se requiere de ayuda, pero ¡qué ganas de jeringar una vida que todavía ni la luz ve!
Pero, la doctora Vivienne Nathanson, directora de ciencia y ética de la British Medical Association, dijo: “Nos preocupa que los resultados del University College London puedan provocar que las mujeres tengan un falso sentido de seguridad y darles la luz verde hacia la idea de que no hay problema con beber durante el embarazo. Este no es el caso”.
“La ingesta muy ligera de alcohol podría y, a la vez, no podría provocar daños en el bebé”, acotó la especialista.
“La British Medical Association cree que el consejo más simple y seguro para una mujer es no tomar alcohol durante el embarazo”, dijo.
Patrick O’Brien, un vocero del Royal College of Obstetricians and Gynaecologists, dijo que las mujeres no deberían consumir alcohol durante el embarazo, aunque podrían permitirse una bebida ocasional.
“Hay suficiente evidencia de que las mujeres embarazadas no deberían preocuparse de tomar una pequeña cantidad de alcohol”, concluyó O’Brien.
¿Cómo ven? ¿Empinan codo con todo y un ser en el vientre?
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Trucos para la primera vez. El dolor NO es parte del debut sexual
Otro de los muchos grandes mitos de la sexualidad alega que “la primera vez duele o debe doler”, habrá sangre y pudieras terminar caminando como charrito por semanas. Muchas chavas, por ende, llegan a esa primera ocasión en que serán penetradas con miedo y dudas. Más que una poderosa convicción de ser merecedoras de ese momento mágico; mismo que debieron elegir con plena responsabilidad y conciencia. Hope so.
El proceso esperado y sano es que previamente hayan tenido experiencias eróticas (de contacto), de exploración y autoexploración, de vivencia del deseo de ese ‘Ya quiero’, de excitación y de esas primeras y sorpresivas respuestas sexuales. Claro, en este mundo sexofóbico y desinformado, la mayoría terminó sorprendida y sin saber ‘si era normal’ que su boca se llenara de saliva, que su vulva se humedeciera, que percibieran contracciones uterinas, una ingurgitación de su clítoris o erección de sus pezones. El cuerpo dio señales de ese pleno deseo sexual pero ellas se quedaron -como dicen las tías- ‘De a cinco’. Quizás nadie les explicó las reacciones corporales que experimentarían en dichas prácticas eróticas. Y ya no hablemos de autoerotismo, porque también un gran porcentaje ni siquiera volteó o tocó ‘hacia allá’, hasta que un buen mozo chamaquil les mostró que tenían genitales.
Pero llega el día, quizás planeado, cuando el mismo deseo, el morbo, la presión o hasta la rebeldía (ya veremos cada caso), las llevó a decir este es Ellll DÍA en que ‘dejaré de ser virgen’: cosa igualmente subjetiva porque pudieron previamente ya ser penetradas analmente, incurrido en sexo oral o en clittage (roces de vulva contra pene), o bien, ya han sido estimuladas manualmente en la vulva. Cada quien el valor que le da a esa poderosa y casi hilarante palabreja, ‘Virginidad’.
Entonces, llegan ‘al matadero’, convencidas de que dolerá. Desde ahí ya comenzamos mal. Recuerden el poder irrefutable de la respuesta sensorial motivada por razones psicológicas. Si tú crees y enviaste la señal de que habrá dolor, es muy probable que se haga presente. El estímulo abarca una serie de órdenes, entre ellas, la emocional.
Luego, viene la confirmación práctica. Ahí tienen a la adolescente (por lo general. Nuestra edad actual promedio de debut está entre los 15 y los 17 años), con dicha carga emocional que la tiene no sólo nerviosa, sino temerosa. E, igualmente con gran probabilidad, en efecto sea doloroso. Una más que se une a la cifra y que remitirá el mito: ‘Duele’.
Los nervios, esa mezcla de ‘Sí quiero pero no’, de ilusión, vulnerabilidad, excitación ante lo desconocido es normalísima; incluso rica, es justo de lo más memorable de la experiencia: esa sensación que pocas veces repetimos en nuestra historia y repertorios sexuales. Se activan las mismas porciones cerebrales que, por ejemplo, cuando te vas a aventar de un bongie o te vas a trepar a la montaña rusa más ruda del parque de divesiones, entonces el cuerpo se protege, se contrae y alerta contra lo que tú emocionalmente le vendes como ‘peligro’. Entonces, claro, hay una contracción obvia de la zona pélvica, de los músculos pubococcígeos, los elevadores, el suelo pélvico. La vagina, por lo tanto se cierra. Asimismo, las glándulas no responden del mismo modo y justo las que promueven la lubricación, no responderán al cien. Por ello muchas no se explican porqué si están excitadas o si en otras ocasiones habían notado su vulva empapada, ahora está seca, se-ca. Por lógica, ante la contracción uterina y del vestíbulo vaginal, aunado a la poca lubricación, en cuanto el querido compañero intente penetrar, aunque sea poco a poco o ‘despacito’, duele, arde.
Pero no se me alarmen queridas encaminadas a iniciar sus primeros encuentros sexuales, o bien, aquellas que ya se acostumbraron a que duela al principio y que pueden hasta llevar años de haber debutado. Hay ciertos ‘trucos’ que desmitifican este asunto.
De inicio, hay que conocer el cuerpo y no sólo teóricamente. Los músculos de una virgen están rígidos, porque dudo mucho que su madre les haya dicho desde la pubertad que debían hacer kegels. A falta de movilidad de éstos, están atrofiados, nuevos. Hay que darles tonicidad, eso desde ahora les proporcionará miles de beneficios de por vida. Hagan contracciones ano-vaginales cada que se acuerden, al menos una serie de 10. Precisamente cuando estén en los prolegómenos, o sea, el faje, prueben hacerlas en tanto erotizan otras zonas con su pareja. Estas contracciones enviarán más sangre a la zona pélvica (proceso circulatorio) y exacerbarán su capacidad de sentir los estímulos. Recuerden que el clítoris se erecta a base de sangre enviada a la zona. Incluso, se experimenta una mayor sensación de excitación (hay quien llega al orgasmo haciendo contracciones). Esto, comenzará a relajar la zona pélvica y el vestíbulo o entrada de su vagina, al tiempo que se promoverá una mejor lubricación.
Luego, pídanle a su pareja (ojo señores y esto va para todos aunque su chava no sea virgen) que -como ya hemos repetido hasta el cansancio aquí- comiencen por erotizar todas las zonas lejanas a la pelvis. Mucho beso, caricias, roces desde la cabeza, el abdomen, las piernas, sobre todo en la entrepierna donde hay un punto reflejo del clitoris. Y ya bien ‘trabajadas’, entonces se lancen hacia la vulva. Si su lubricación no es la adecuada, o sea si al tocar se siente seca aún, pueden poner en sus dedos lubricante con base de agua o ya de perdida, algo de saliva, y masajeen comenzando por los labios mayores, a los menores, el clítoris y con el dedo índice húmedo y apenas un par de falanges, penetren la vagina, presionando con las yemas el vestíbulo hacia abajo, con dirección al perineo. Como si los dedos acolchonaran subiendo y bajando con mucha suavidad. Entonces relajarán aún más la vagina.
Siempre y cuando estén listas, se sientan listas, excitadas, seguras, confiadas, amadas, y un largo etcétera, colóquense en una postura que les permita controlar la entrada del pene, como montadas sobre la pelvis de él. La mayoría elige por primera vez el Misionero, el cual le deja todo el control de la penetración a él, error. La que debe de medir la penetración eres tú, tú eres la que siente hasta dónde es cómodo. Antes, claro, se ASEGURAN que se haya colocado un condón correctamente y -de preferencia- le haya colocado encima al condón (puesto) unas gotas de lubricante con base de agua, y vayan permitiendo la entrada del pene a su vagina poco a poco. Deslizando su cadera. Si comienza a doler, regresen en el camino, sigan estimulando y relajando. Sin presión, con paciencia.
La sensación puede no ser ultra placentera de inicio pero tampoco debe doler, no y no. Al tiempo de estos primeros intentos de embate, o de entrada del pene, acaricien el clítoris lubricado, incrementen la excitación. Para esos segundos en que ya ‘va a entrar’, los nervios pueden aumentar así que respiren, lento, dejen salir el aire por su boca, y permítanse sentir el resto de los estímulos. Cuando sientan que el pene ha entrado por completo, no se avienten a querer embatir la vagina como en peli porno. Ustedes chavas, muevan su cadera hacia distintas direcciones, lentamente hasta que vayan midiendo qué roces les causan más placer. La experiencia de sentir por primera vez un pene llenando su vagina merece que se den espacio para observar sus sensaciones, o bueno sentirlas, valga la redundancia.
Entonces, él podrá entrar en acción y embatir o mover su cadera para masajear la vagina con su pene. No hay que olvidar, que aunque no sea la primera vez de él, estará nervioso y también tendrá que trabajar sus sensaciones (ya les prepararé un post sobre la primera vez de ellos), así que compartan, dénse permiso de expresar lo que están percibiendo; ambos. También importante, que -pese a que es muy probable que él esté acostumbrado a masturbarse dando tremendos estímulos rápidos y fuertes- realice de inicio con embates a la vagina suaves, dulces. Están empezando. No abusen.
El asunto del himen, también es un apartado. No todas tienen himen, no todas lo tienen flexible. Algunas lo tienen rígido y por lo tanto al primer embate, se romperá y es probable que salga un poco de sangre. No todas sangrarán. Hay tantas y tantas formas del himen así como distintas flexibilidades en esta membrana, que es imposible saber cuál será el tuyo hasta ese momento. La forma como tal no es lo que interesa en este momento, pero cuanto más rígido sea, aumentan las probabilidades de que traspasarlo requiera más presión. Por lo tanto, más lubricación y más relajación del grupo muscular. Sobre todo, para evitar romper el condón. Si así fuera y sangran un poco, no se angustien, serán unas gotas, no crean que va a crearse ahí una marea roja. Es la sangre del rompimiento de la membrana, la vagina no es la que sangra. Relax.
Una vez que el pene esté a profundidad, o sea estén pelvis contra pelvis, también es muy recomendable, que el pene inserto y con las caderas inmóviles, él o tú, manualmente estimulen el clíltoris y traten de que llegues al orgasmo de esa manera, también fomentará que la experiencia se enriquezca. Recuerden, de nuevo, que la concentración de terminales nerviosas en la vagina son muchísimo menores que en el clítoris y 7 de cada 10 mujeres NO logran el orgasmo por simple penetración. Entonces, si no llegan al orgasmo a pesar de ser embatidas por el pene un largo rato, no se angustien. Están empezando. Traten de conseguirlo por estimulación clitoridiana mientras son penetradas o con el pene sólo inserto pero no en movimiento.
Y ante todo, relájense. Estén seguras, de que es él, de que es el indicado. De que no hay presiones estúpidas como ‘perder la virginidad por perderla y porque soy la últimas de mis amiguis que sigue quintita’, o porque el fulano ya les dijo que ‘O aflojan o bye’, o bien, ya que le quieres demostrar que tú sí eres toda una mujer o porque le quieres ‘regalar’ eso, o porque erróneamente creen que ‘ya están en edad’. Cada quien tiene sus tiempos y la sabiduría que nos permite estar listos no llega por arte de magia. Y, claro, porque se saben responsables de su sexualidad en términos de salud, anticoncepción, protección contra ITS, protección emocional y porque están seguras de que es el paso que desean concebir. Nadie tiene esa decisión más que tú y nadie tiene la responsabilidad de tu placer, de descubrir lo que te gusta o no, SÓLO TÚ.
¿Dudas?
Ya, venga que si en el teje y maneje, por ejemplo -Dios no lo quiera- se les rompe el condón, tampoco se angustien. Hay soluciones. Piquen este banner y llamen al 01 800 00 MI SOS para utilizar de una manera adecuada y puntual -si fuera necesario- la Píldora de la Libélula, anticoncepción de emergencia. Sólo y sólo emergencia, segura y eficaz. Ojo.















