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Feb
25

Un completo y maravilloso documental sobre el clítoris

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  17 Comments

Enviado por Alejandro Pedroza

Feb
24

Peleas por las salidas con los amigos

Ahora me parece inexplicable el porqué algunas personas se ponen como chango rabioso cuando su pareja sale ‘de tragos’, ‘a echar la chela’, ‘el chupe’, etc. con sus amigos. Y que quede claro que no es una cuestión de género. Existe el cliché de la mujer encabronada (perdón por el francés) porque el tipo no le avisa que tiene un magno evento al que no puede faltar, léase: la noche de dominó, poker o de simple chisme testosteronezco. Pero también hay muchos pero muchos señores, hombres, masculinos, que arman la gorda si su chica quiere pasarse un bonita tertulia con sus cuatas. Las causas por lo regular son una mezcla de malas experiencias previas, falta de confianza, inseguridad de alguna de las partes, caprichos, en fin.

Debo confesar que en mis tiempos mozos, (más mozos que ahora, jaja) yo sí llegué a montar el tango más cruento cuando el tipo en turno me salía con que ‘Voy con mis compinches a lo que es la borrachera’. Y no es que ‘la burra no haya sido arisca’ pero sí tuve uno que otro especimen que se ganó esa desconfianza. Uno en particular desaparecía, sí de-sa-pa-re-cía por un par de días y no sabías si estaba vivo, en una delegación o simplemente encamado con otra, o bien, ‘sanamente’ borracho tirado con sus amigos. Pero por otro lado también tuve experiencias en las cuales mi inseguridad emergía como la causa sin que hubiera otra. Fui una adolescente muy insegura, poco confiada y con una constante sensación de ser poco valiosa. No son mis terapeutas, así que no ahondaré en las razones (mismas que a Dios -y a la terapia Gestalt, el reiki y mi actual pareja- gracias, he trabajado y dejado ir).

La edad te regala muchas cosas, es donde hasta amas tus arrugas, y sólo con experiencia logré que ahora me parezca inexplicable cómo es que se puede armar un verdadero zafarrancho porque una de las partes de ese ente que llamamos pareja, desee salir con sus cuatachos. Puedo decir que hasta gusto me da cuando mi señor concubino se va de parranda con su horda y claro, amo esas salidas para mí sola y mis amigos. Porque esa era otra, llegaba a no asistir a compromisos con mis adolescentes amigas con tal de estar de chicle con el tipo en turno (no me lo fueran a robar).

La cosa es que es un hecho recurrente y complejo. Muchos dicen que no les gusta porque ‘se quedan preocupados’, otros porque su pareja no tiene límites y una salida se convierte en una peda de tres días, broncas y hastas policías y hospitales, otros porque ya fueron cuerneados en esas salidas (y decidieron perdonar), ¿Cuáles son las suyas? ¿Les ha machacado el corazón que su pareja o alguna ex pareja saliera con sus amigos? Cuenten.

Y bueno para aquellos desconfiados, una conocida cervecera ha creado una solución tecnológica basada en la bonita y humana solución de la mentira. ¿A veces no queda de otra que mentir? Chequen

Cualquier experto en alguna área humanística dirá que no es la mejor idea, la de mentir claro, pero hay quienes opinan que más vale un ‘choro a una madriza’. Un amigo mío alguna vez me dijo “Mira yo amo a mi chava, es perfecta, me siento increíble con ella, pero no va a cambiar. Y si ya sé que salir con mis amigos implicará una pelea de dos horas por el teléfono, lágrimas, otros dos días de cara de ‘huele guiso’ y una gastrits de miedo, me la evito y le digo que estoy trabajando. Así que si te pregunta, no me has visto”. Poco sano pero a veces llevar a la práctica ciertos consejos de salud de pareja suele ser, digamos, poco realista. Lo que yo responsablemente les diré es que deben aprender a negociar y a sanar las cuestiones de fondo que crean ese pánico a la saida a echar la chela, ya sean personales o de la dinámica de pareja. A veces a través del propio deseo de cambiar y adquirir una mejor calidad de vida y en muchas otras ocasiones apoyándose en la terapia. Decisión de cada quién. Pero vivir así, está cañón. Y cuando la mentira es cachada, santa virgen del zorzal. Agárrense.

Feb
4

Infecciones y menstruación

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  12 Comments

Acabo de ver un arcoiris, um de esas cosas lindas que mejoran un día donde la lluvia me ha hecho pasar, sumándolas, cuatro horas y media en el tráfico. De un traslado a otro más o menos. En fin. Espero que ustedes mis queridos chilangos que nos visitan también les haya tocado verlo. Digo, unas por otras porque supongo que con tanta lluvia, árboles que cayeron, inundaciones y bueno hasta a la bandera de San Jerónimo le tocó, su día también ha sido un poco una maraña.

Bueno ahora sí nos vamos con un asunto de la señora vagina y su compañero de fiesta. Hablemos de esos días precisos en que la señora vagina se encuentra menstruando. Algunas mujeres comentan que cuando tienen relaciones sexuales durante estos días, casi siempre terminan con una infección. Dado eso, hay cierto mito de que la sangre menstrual es ‘sucia’ y provoca infecciones. Y bueno, realmente lo que sucede es que como saben cuando menstrúan se debe a que su endometrio, esa capa interna, el nido que se va formando para recibir a un bebé, al no haber embarazo, se descama. Realmente la sangre es la salida de esa descamación. Algunos ginecólogos  comparan la zona como una herida abierta. Y claro, no es una herida porque no implica una lesión o un daño interno pero sí hay todo un tejido expuesto. De ese modo, si tienen relaciones con un chamacuelo que tenga algún hongo, virus, etc. se hacen más proclives a infectarse si no usan condón. Por otro lado, si ustedes traían algún desequilibrio en la flora vaginal, es decir ya andaban como que iba a dar una infección, al tener contacto sexual puede desencadenarse más fácilmente. No es que la sangre por sí misma produzca infecciones, no es tóxica. De hecho la mayoría de los hombres no sufren ningún daño al tener sexo con una mujer menstruante. Esas ideas muchas veces han sido heredadas en algunos contextos culturales, casi siempre religiosos, en que la mujer que sangra es vista como impura y por lo tanto no se le debe tocar en esos días. Pero entre que son peras o manzanas, lo mejor es utilizar protección si son de las parejas que deciden no cerrar el changarro en dicho momento del ciclo para evitarse esa comezón o incluso irritación tras el coito.

Por otro lado hay hombres que reportan irritación en el pene tras el sexo con su mujer en plenos días. En ocasiones, la sangre menstrual puede ser ácida e irritar la piel no sólo el hombre sino de la mujer, hay quienes tienen que usar algunos remedios tópicos porque su propia menstruación les irrita. Hay que consultar eso siempre con el ginecólogo y si la cosa es de él, pues evitar el contacto durante el sangrado.

¿Estamos? Hagamos un pequeña encuesta ¿Quién odia, ama o le da igual tener sexo en los días menstruales?

Jan
25

El clítoris crece y crece

By Elsy  //  Mujer y vagina  //  14 Comments

El problema de que en la mayoría de los colegios, en la mentada clase de anatomía o biología no se explique con toda minuciosidad cómo funcionan lo genitales es que esto contribuye a que se exacerbe ese miedo social hacia dichas zonas, que se generen aún más mitos y se fomente el ‘oscurantismo’ genital en el que vivimos. Sobre todo las mujeres imaginan que hay ‘allá abajo’ un cuarto negro misterioso y angustiante. Cuando, ya sea por autoexploración o por juegos sexuales, descubren ciertas cosas que nadie les contó antes, se aterran.

Una sexonauta ‘de nuevo ingreso’, de las chavitas que tenemos por acá, me escribió preocupada. Notó que, al tener un encuentro prolegómeno, dígase faje con su novio, su clítoris se hacía más grande. Nunca antes se había dejado tocar por alguien en esta zona y la culpa se hizo presente, aunada al miedo de tener alguna afección dado que pensó que el clítoris no se agrandaba ni siquiera se inmutaba cuando la excitación se hacía presente. No sabía cómo plantearlo a su madre -porque no podía narrarle el hecho que la llevó a descubrirlo- y pensó en buscar en ‘mamá internet’. Dice que al buscar ‘crecimiento del clítoris’, se encontró con la ‘Clitormegalia’. Se llenó de pánico. Ya la veo pensando ‘Sí, tengo clitormegalia, Jesús el Cristo Vencedor, ¿qué haré?’. Entonces, entre un link y otro, nos encontró. Decidió pedir ayuda aquí sobre qué podía hacer con su ‘enorme’ clítoris.

Santas confusiones. Debieran advertir en toda secundaria o prepa que el clítoris es un órgano eréctil y que incluso puede doblar su tamaño cuando la excitación surge. Funciona, al igual que un pene, por vasoditalación, se llena de sangre y aumentan sus dimensiones. Pero nadie nos dijo que ‘se nos iba a parar’, como a los chavos.

La clitormegalia es otro rollo, es un aumento anormal dadas cuestiones endocrinológicas y hormonales y no sucede únicamente con la excitación. Puede ser congénito o adquirirse por, por ejemplo, terapias de reemplazo hormonal que daban a algunas mujeres en el climaterio y que estaban mal diseñadas. Se dan como resultante de exceso de hormonas masculinas y otros factores. No tiene nada que ver con el crecimiento normal y común en todo clítoris como parte de la respuesta sexual.

Hay mujeres que buscan ese efecto, requieren de un clítoris muy prominente ya sea por cuestiones estéticas o para mayor identificación con su genitalia cuando son transexuales.

Algunas mujeres han sacado algo de la grasa de su monte pubiano y labios mayores con este fin. Se supone que ayuda a la mujer a experimentar el orgasmo durante el coito. Otras, usan cremas y ciertas formas de esteroides para causar este resultado. Puesto que el clítoris está constituido por los mismos tejidos que el pene del varón, es sensible a la testosterona. Si se expone a niveles aumentados de testosterona, el clítoris se vuelve más grande y toma la forma de un pene masculino, menos la uretra, y la mujer experimentará erecciones prominentes. Los esteroides también causarán que el clítoris se vuelva mucho más sensible a la estimulación, quizás demasiado. Estos esteroides pueden ocasionar también el desarrollo en la mujer de otros rasgos varoniles, como vellos en el cuerpo y voz gruesa. No hay pruebas de que el tamaño del clítoris tenga algún efecto en la habilidad de la mujer para alcanzar el orgasmo.

El punto es no confundirse, y por favor maestros de escuela, no se reduzcan únicamente a dar su ‘programa’ sin informar todo aquello que a ustedes les hubiera gustado saber y no descubrir con horror.

Jan
9

Squirting o Eyaculación Femenina

Nos tomó siglos aceptar que las mujeres tenemos orgasmos, ahora estamos ante el salto avalado por la ciencia donde además, nos admitimos capaces de eyacular. Creíamos que nuestra única forma de vivir el clímax era a través de contracciones uterinas-vaginales y extra lubricación. ¿Entonces qué sucede con aquellas cuyos orgasmos se acompañan de un proyectil eyaculatorio? ¿Se orinan? ¿Tienen ‘una fuga’? En 2001 se reconoció médicamente el término ‘próstata femenina’ y que él ‘chorro’ proviene de ella, pese a que Aristóteles escribió sobre ésta, en el siglo XVII el anatomista Regnier de Graaf diseccionó una y algunas disciplinas milenarias la mencionan. Entonces dichas mujeres dejaron de sentirse freaks para crear la simiente de uno de los últimos descubrimientos de nuestra anatomía: todas podemos eyacular. La cosa es cómo inducirla o ¿debemos esperar a que el hada del squirt se pose sobre nuestra pelvis?

Anatomía  del espectáculo

La eyaculación nace en el punto G, la próstata femenina. Ese mismo que pocas saben que no es más que su clítoris. Lo que vemos cuando una mujer abre orondamente sus piernas sólo es el glande y el capuchón, la quinta parte del órgano. Por dentro hay un campo de conductos, cuerpos, tejidos; un ‘pene’ interno (¿Cuál envidia Dr. Freud?) y Mr. G es el cabo de este universo interior.  Si tuviéramos ojos de ultrasonido veríamos detrás del glande del clítoris casi verticalmente esta elongación, encima de la vagina y del canal uretral (el ducto que lleva la orina desde la vejiga).  Nuestra próstata está rodeada por glándulas que producen el líquido eyaculatorio, las glándulas de Skene, que contienen canales que expelen la eyaculación a través de la uretra (sí, el ‘hoyito’ por donde hacemos pipí).

Pero dirás, ¿y a mí  qué? Lo que quiero es provocar o provocarme un squirt. Se requiere de arte manual. El códice chino antes citado deja claro que la mujer eyacula en el rostro de su amante, eso no es posible si él está penetrándola. Vamos paso a paso.

1. Localiza el Punto G

La gran mayoría de las mujeres vírgenes y no, tienen entumido el punto G por falta de estimulación. Esa es la causa de que sólo unas cuantas (que son biológicamente sensibles de esta zona) eyaculen.

Coloca una muy buena cantidad de lubricante con base de agua en tus dedos. Comienza por estimular el clítoris por fuera, éste se llenará de sangre y pondrá erecto y por ende el Punto G será más palpable. Introduce el dedo medio con la palma de la mano viendo hacia el ombligo, no busques demasiado adentro, está a unos centímetros de la entrada vaginal, hacia arriba, exactamente detrás del hueso púbico. Mueve el dedo hacia el frente y siente una zona rugosa, acanalada, como una nuez. Al presionarlo sientes la dureza del hueso que está más adelante. La sensación es parecida a la de ganas de orinar.

2. Masajea

Para entrar al Squirt Room hay que ejercitar el Punto G de manera frecuente. Mueve el dedo de manera circular, presionando un poco, da toques rápidos, detente y empuja ligera y extensamente. Estás entrenándolo, sensibilizándolo.

Esto hará que se hinche más y más, la sensación de inicio puede ser extraña pero dale unos minutos y se abrirán las puertas del Nirvana. Es posible que llegues al orgasmo sin eyacular.

3. El ‘bautizo’

Aprender a eyacular requiere preparación, movimientos básicos, cadencia, ritmo y duraciones.

Esta es una combinación de técnicas personales con las de Alice K. Ladas, terapeuta sexual e investigadora; Annie Sprinkle estrella porno; y Deborah Sundahl, la gurú de la eyaculación, cuyos cursos y libros han llevado a la emanación del torrente femenino a miles.

>De preferencia sobre las rodillas en una superficie cómoda (y que puedas lavar), aplica los masajes anteriores al Punto G, insiste hasta que percibas con claridad que su tamaño ha aumentado; siente que todo lo que rodea es esponjoso. Ahora, combínalos con Kegels, o sea contrae intermitentemente los músculos pubococcígeos o PC (mismos que sostienes cuando aguantas la orina). Irás activando el nervio pélvico, responsable del orgasmo por Punto G (cuando el orgasmo proviene del clítoris, el nervio pudendo es quien responde y a eso vienen las contracciones y la lubricación abundante en la vagina, y no hay eyaculación vía uretra).

>Continúa, frota el punto G, rota el dedo, presiona y conforme te excites, recuéstate sin dejar de estimular, levanta las caderas presionando las nalgas. Sigue y repite los movimientos.

>Ahora, saca el dedo con rapidez y puja (o pídele que puje). ¡Puja!, contrae las nalgas con la cadera elevada y presiona por fuera haciendo círculos con la mano sobre los labios mayores que casi cubren el clítoris. Si sientes que la sensación inminente se escapa, repite. Concéntrate en sentir, va a venir, va a llegar.

>Y ¡viola! Surge la marea.

*Si no sucede a la primera, no te angusties, repite el proceso esa y otras ocasiones; es cuestión de entrenamiento. Tus músculos PC deben estar débiles y tu Punto G sigue dormido. Ejercita y estimula.Puede tomar meses de acuerdo a Deborah Sundall, quien dedica su vida a dar cursos al respecto.

El torrente

No es orina. El punto G al hincharse presionó las glándulas de Skene contenidas en la esponja uretral y éstas expulsaron su producción eyaculatoria. La sensación no es igual a la de hacer pipí, el líquido es blanquecino, más espeso y huele distinto. Químicamente es básicamente glucosa, su PH es mayor, contiene menos urea y creatinina que la orina, además del llamado antígeno específico prostático PSA presente también en la eyaculación masculina (es la sustancia que se busca en el cuerpo de una mujer para comprobar un caso de violación).

La cantidad depende de factores hormonales, en qué momento del ciclo menstrual se está y que tan fuertes están los músculos pélvicos para poder lanzar un chorro modesto o una gran cascada.

De acuerdo a los estudios del doctor Francisco Santamaría Cabello cuando la eyaculación es arrojada desde la próstata femenina puede tomar dos rumbos: ir hacia la abertura uretral y ser notoria, o retrógrada y depositarse en la vejiga. Analizó la orina de 24 mujeres antes y después del orgasmo y encontró antígeno específico prostático (PSA) en la de todas las que no habían eyaculado aparentemente.

¿De qué sirve eyacular?

Además de placer puro, de acuerdo al profesor de medicina patológica y forense de la Universidad de Bratislava, Milan Zaviacic, la próstata femenina tiene dos funciones: exocrina, manufacturar, almacenar y emitir el fluido eyaculatorio; y neuroendócrina, producir hormonas y serotonina.

Otros estudios de la Universidad de York en Toronto afirman que su propósito es evolutivo: la uretra y la vagina comparten una pared virtual, el piso del canal uretral es el techo de la vagina, por lo tanto la glucosa de la eyaculación es absorbida por la vagina y crea un ambiente de soporte para el esperma, la reproducción.

Al final, lo que todos quieren es la sensación y el show. Eso sí, el orgasmo eyaculatorio no es más intenso, sólo es más ‘espectacular’.

Jan
4

¿Existe o no existe el punto G? ¡Notición!

¡Santo Clós! Ahora sí empezamos el año con una noticia que podría venir a revolucionar muchas concepciones sobre la sexualidad, muchas afirmaciones, carreras enteras. Les cuento. Esta semana será publicado en The Journal of Sexual Medicine una investigación realizada por especialistas británicos del King’s College London quienes afirman (agárrense), que el Punto G o punto de Grafenberg no es más que una falacia, una zona erógena que no existe.
Resulta que realizaron un estudio a 1,800 mujeres y afirman no haber encontrado evidencia del mentado punto. Dicen creer que no es más que ficción, una fijación femenina promovida por revistas y terapeutas sexuales (auch). Tal cual lo dicen. Y creen que esta creencia lo único que ha provocado es que las personas se sientan inadecuadas y poco normales en la cama. Los autores del mismo: Tim Spector y Andrea Burri.

Ahora, me parece que no es momento de tomar conclusiones definitivas. No podemos determinar sus afirmaciones como 100% certeras. Su investigación pudiera tener ciertas inconsistencias. Están retando años de ciencia, lo cual es interesantísimo pero hay que tomar en cuenta que su estudio está basado en 1,804 mujeres de entre 23 y 83 años quienes se dedicaron a llenar cuestionarios. Sí, llenar cuestionarios. Todas ellas eran gemelas. Se eligió este patrón dado que se espera que al tener genes idénticos, ambas debían reportar tener punto G. Supongo, debían describir haberlo sentido previamente, tocado o haber logrado un orgasmo o eyaculación femenina basándose en el estímulo de este.
Las dudas de los mismos surgieron cuando en algunos pares de gemelas idénticas una de ellas reportaba tenerlo pero la otra no. De hecho, las gemelas idénticas no eran más propensas a reportar tener punto G que aquellas no idénticas quienes sólo comparten la mitad de sus genes.
El 56% de las mujeres dijeron tener un punto G pero tendían a ser más jóvenes y sexualmente más activas.
Entonces, concluyeron que no existe. Honestamente, no me parece que bajo dichas bases podamos determinar que años de investigaciones de muchos especialistas y las experiencias de millones de mujeres deban ser consideradas falsas.
El que una mujer no conozca su punto G -sobre todo tomando en cuenta lo poco que la mayoría exploran su cuerpo y es un hecho en el mundo de la sexología- no quiere decir que no lo tenga. A través de muchas trabajos de diversos investigadores como los de la Sociedad para el Estudio Científico de la Sexualidad en EU, sobre todo en la década pasada, se concluyó que el punto G no es una zona aislada ni parte de las paredes vaginales, sino conforma la misma estructura del clítoris. Como saben, es un órgano interno del que sólo sobresalen el capuchón y el glande, por dentro hay todo un tronco recubierto de glándulas (las de Skene que producen el líquido eyaculatorio), y se une a la vagina precisamente por un ‘chicharito’ más fibroso que el resto de las paredes vaginales y contiene diversas terminales nerviosas.
Cualquier mujer que haya hallado el suyo, ha sentido, hemos sentido, su rugosidad y diferencia con las paredes o túnica, pero sobre todo, hemos percibido el efecto de presionarlo o estimularlo ya sea manualmente y cuando el pene debido a la postura lo roza. ¿Entonces? ¿Nos lo estamos imaginando?

Del mismo modo, los orgasmos provocados por el estímulo del ahora poco renombrado punto G se sienten distintos a aquellos que se logran por estímulo manual u oral directamente al capuchón del clítoris.

La idea del punto G se popularizó en los 80 por la profesora y sexóloga Beverly Whipple quien entonces afirmó haber encontrado dicha estructura en más de 400 mujeres. Ella opina que este estudio es realmente inconsistente. Y la apoyo, creo que los hallazgos encontrados por dichos británicos, son complejos de probar ya que un par de gemelas pese a contar con los mismos genes no tienen las mismas experiencias sexuales ni comparten los amantes.

En fin, nada es definitivo aún y con seguridad distintos sexólogos, investigadores y estudiosos saldrán a refutar dichas conclusiones. Veremos qué transcurre.

En 2001 se reconoció médicamente el término ‘próstata femenina’ y se le dio al punto G. En fin, ¿qué sucederá con sexólogos y autores como Deborah Sundahl quien ha dedicado su vida a enseñar a las mujeres a tener una eyaculación o squirt, cuya base está sentada en estimular a Mr. G? Interesante. Me encanta que pasen estas cosas.

¿Qué opinan?

 
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