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Consulta con el urólogo ¿qué sucede ahí?

Cómo es una visita al urólogo y lo que debes atender ¡ya!. El cirujano urólogo Manuel Dehesa Dávila del Hospital Español nos lleva de viaje por su consultorio y el mundo de los genitales masculinos. Es necesario, hoy recomendado desde la década de los 30 años y es más simple de lo que imaginan. Dejen de huirle.
¿Qué me va a hacer?
Una vez de frente al urólogo platicarán sobre tus antecedentes urinarios, las características de tu micción, si hay dolor o dificultad y obvio, la causa por la que lo consultas.
Examen físico
Con unos guantes, explorará visual y manualmente tu pene y testículos: el color de la piel, si existieran abultamientos, lesiones o anomalías; las condiciones y capacidad de retracción de tu prepucio (si no eres circunciso) y las ingles. Sí, tocará, sopesará los testículos y levantará el pene. No pongas cara de vergüenza, en promedio un urólogo ve de 15 a 20 genitales diarios.
Exploración rectal
Dehesa advierte que “hoy por hoy es insustituible y el único y mejor método tanto visual como táctil para determinar el estado del ano y la próstata”. Externamente observa que no haya colgajos, hemorroides, fístulas o fisuras en el ano, las cuales pueden ser comunes desde por rascarte hasta por trastornos diversos. Posteriormente introduce un dedo muy lubricado (enguantado, claro) para palpar el estado del recto y si no hay tumores en el colon al alcance. Procede a tocar tu próstata. Identifica su temperatura, volumen, textura, superficie. No entornes los ojos, es menos molesto de lo que imaginas y esos tres minutos pueden salvarte la vida.
Finalmente
Ya con el pantalón puesto, te comentará si hay algo que atender o si puedes irte a casa agradecido contigo por quererte. “En mis 18 años de experiencia sólo tres hombres se han negado a ser explorados. Y créeme, ninguno jamás vino a decirme ‘Gracias doctor por no checarme, debido a eso me queda poco de vida”, comenta Dehesa. Así que no seas cabeza dura y ve hoy mismo.
¿Cuándo ir?
Enemigos letales: Tú puedes advertir los tres tipos de cáncer más comunes.
Próstata
El Dr. Dehesa explica “que inevitablemente a todos los hombres les crecerá esta glándula. Es efecto de la testosterona y la edad, es un signo como las canas”. No obstante el crecimiento puede ser benigno o desencadenar cáncer. La edad promedio de este proceso comienza a los 40 pero acude con tu urólogo si antes o después observas alguno de estos signos:
• Molestias urinarias
Corre, corre: Sientes que no puedes aguantar para llegar al baño. Te levantas cada dos horas u hora y media por la noche. Si la urgencia te agarra en el tráfico o en un sitio sin baño, manchas tus pantalones.
Chorrito traicionero: Parece que ya terminaste la micción pero queda sensación de que hay más y no sale.
Hilito lento: La orina sale lenta, pausadamente y en poca cantidad pese a que presionas.
El cáncer no avisa, no duele. No dejes pasar ningún signo y pregunta tu historial familiar. Si tu padre, abuelo, tíos en línea directa o primos han padecido problemas de próstata o cáncer, hazte checar antes de los 40 tengas molestias o no.
Pene
Tener un prepucio no retráctil puede fomentar balanopostitis o fimosis. Si no consultas a un urólogo y esto genera constantes infecciones, inflamaciones y molestias puede terminar en cáncer.
Si no puedes ‘desencapuchar’ tu glande, duele al tratar de deslizarlo, o bien, cuando se erecta o tienes relaciones, acude al sr. Urólogo y él determinará si debes o no circuncidarte. Una plastía es más simple de lo que crees. En dos o tres semanas habrás cicatrizado y desde el segundo día puedes hacer tu vida, claro, con cuidados. Y sin sexo, a menos que seas fakhir.
El virus de papiloma humano cada vez es más frecuente en hombres que han tenido relaciones de riesgo. Puede no provocar lesiones –sólo hacerte portador- pero cuando se observan, el virus está avanzado. Cuando no son atendidas suelen provocar cáncer en tu hermoso miembro. No olvides mencionar al doctor si haz hecho el ‘paso de la muerte’ o sea si no has usado condón.
Testículos
Este par suele descuidarse. Realízate el auto examen. Con seguridad te gustará: cuando estés tendido viendo tele pálpalos con cuidado. Mientras más monitoreados los tengas, será más factible detectar si surge alguna bolita, cambio en el color, alguna venita notoria o si los conductos están inflamados (se sienten como estambres).
Dehesa relata, “hace unas semanas operé a un joven que pasó siete meses con un testículo del tamaño de una naranja sin decidirse a venir. El resultado, un tumor maligno. No entiendo cómo pudo esperar tanto”.
Otras alarmas
Dolor o ardor al orinar
Sangre en la orina
Expulsión de flujo amarillento o mucoso
Irritación, lesiones y verrugas en la piel genital
Inflamación pélvica o inguinal
Problemas de erección
Falta de control eyaculatorio
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Dos mitos sexuales que nos rompen la dinámica
En esta era de evolución en verdad urge -porque todos lo merecemos- reestructurar ciertas dinámicas sexuales: que venimos cargando desde hace siglos, de manera literal. Hoy, enfoquémonos a dos mitos (que se vuelven muchos) que precisamente están generando dichas dinámicas.
El primero tiene que ver con la forma de penetrar, con los embates que el pene le da a la vagina cuando a bien hacen tener un bonito encuentro. Cuano el Sr. Pene visita a la vagina. El 99.99999 por ciento de los hombres -y porque es obvio- al iniciarse en las artes amatorias buscó información sobre cómo debía embatir a una mujer, penetrarla. Claro, también pudo hacerle caso a su instinto y aquí vamos. Mucha de esa información provino de los amigos, del Don Juan en potencia que creyéndose un experto amante y que le transfirió sus deficiencias y claro, vino el porno (desde las versiones beta hasta el pornotube) y Mongo, nuestro querido aprendiz, comprendió, mamó, registró en su cabezota que un hombre debe penetrar cuanto antes a la chica (en la porno se ve que apenas lo ve y ella se derrite por ser penetrada), y una vez pene dentro debe empujar y salir reiterativamente como perrito en parque. Rapidito y cuanta más fuerza le metiera, más vigoroso se mostraría. Ella, con seguridad debía responder como la estrella porno, es decir, gritar como desaforada de placer, poner ojo de huevo cocido y tener un orgasmo instantáneo por el mero poder de su varita mágica, dígase pene. Y -jouli god- que eso no sucede. A la hora de las realidades, ella, que quizás también aprendió que en cuanto sintiera un pene dentro de su vagina la subsecuente reacción que surgiría de ella naturalmente eran justo esos gritos y ojo volteado así como un orgasmo avasallador. Y pues resulta que no.
Entonces vienen las complicaciones, él, no sabe qué hizo mal. A base de estar dando embates constantes, fuertes y sin la menor erótica, termina o sea del verbo eyacular y en poco tiempo. Y además le queda la enorme duda ¿por qué ella no llegó al orgasmo? ¿Es malo, hay algo mal en él, es normaaaal?
¿Saben qué fue lo que hizo Mongo? Simple, se masturbó con la vagina de su chava. Piensa que hizo el amor, o que tuvo sexo -emociones aparte- pero no, se masturbó con una vagina.
Luego ella, tampoco se explica qué pasó, por qué no surgieron de manera automática esos gemidos placenteros y retorcidas de éxtasis. Comienza también a pensar que algo está mal en ella, que no es normal. Ella lo único que sintió fue un pedazo de carne dentro de su cavidad vaginal que entraba y salía e incluso hubo dolor, al menos un poco. Y así dicha chava, puede llegar a señora con hijos jurando que así es el sexo, que así se hace el amor y no comprende porqué ella nunca lo disfruta o como que le gusta, como que a veces siente ‘alguito’ pero no bien. Fin de su historia sexual. Incluso, esa es la causa por la que muchas mujeres se creen anorgásmicas y llegan a una terapia sexual y dicen ‘no puedo tener orgasmos’; sin saber que tiene todo el potencial pero nunca ha hecho el amor, toda la vida se han masturbado con su vagina. Aquí el segundo mito.
Mongo, tal vez pudo no haber tenido acceso al porno pero sí -obvio- como única guía a su instinto y en efecto, la excitación masculina puede llegar a ser tan súbita que los lleva a querer penetrar y no parar no parar hasta conseguir la dichosa eyaculación, la cual -concedido- llega casi siempre en unos cuantos minutillos. Y eso, claro, soportado además en su pobrísima capacidad auto erótica, porque igual en casa y solo, lo único que hace es tirar de su pene frenéticamente y claro, a los dos, tres minutos, va pa afuera.
Entonces, rediseñemos. Ya estuvo bueno de tumbos. Para empezar ninguno de los dos tiene la obligación de saber cómo, ni cómo funciona el otro ni de descubririlo ni de enseñarle quién es y lo que DEBE de gustarle. Es responsabilidad de cada quien explorarse, reconocer sus mapas de reflejos eróticos y sus puntos de placer. Ninguna vagina es igual, ni en forma ni en zonas sensibles. Ningún cuerpo es igual. Y no hay videntes sexuales, que te ven e ipso facto saben lo que te va a gustar. Claro, hay puntos de convergencia y el primero y más importante es que una mujer requiere de muchos estímulos previos, de caricias, de erotismo de besos y de acuosidad en su boca para tener la lubricación ideal, para preparar su cuerpo para recibir al pene. Por otro lado, ella no tiene el clítoris en la entrada de la vagina ni en el interior. El órgano que le permite llegar al orgasmo es el clítoris y con una simple penetración no va a lograrlo. Necesita ser estimulado ya sea por el roce de la pelvis o manualmente. Y, claro, oralmente. Por eso la erótica es tan importante, imprescindible: acompasar las respiraciones, comunicarse (y no necesariamente con palabras), tomar un ritmo en común, saborearse. De esa forma, además él logra la maestría para administrar sus tiempos, para recibir placer no sólo genitalizado. Para aprender a ser acariciado (cosa que quizás nunca aprendió en casa), a ser estimulado también en el pene manual u oralmente y descubrir que en ese miembro hay zonas específicas de placer. Entonces sí, cómo no, proceder a penetrar. Y ella, con pleno conocimiento de su cuerpo, puede indicarle qué tan lentos, profundos, rápidos o no requiere los embates. Muchas mujeres sienten mucho más placer al recibir una penetración poco profunda, apenas en el vestíbulo, varios, lentos, y después ser penetradas a mayor profundidad. Y repetir, casi retirar el pene, masajear el glande en la entrada de la vagina y profundizar. Su vagina va despertando, se va activando y el pene descubre la multidimensión que hay en ese entrar y salir. Si eso además va acompañado de caricias clitoriales, besos, posturas distintas, ¿creen que no van a lograr los deseados jadeos y ojos de huevo cocido? No se trata de ser estrellas porno sino de ser amantes. De sentir. Simple. Y no importa si vas empezando tu vida sexual o ya la tienes más que estrenada. Hay que rediseñar y encontrarán muchas respuestas.
Este post es presentado por la Píldora de la Libélula. Otra forma más de generar dinámicas positivas en pareja: la seguridad de que aunque se te haya roto un condón, no tendrán que preocuparse por un embarazo no planicado. Búscalos en Face facebook.com/libelulaSOS y mantente enterada de sus propuestas e investigaciones. Ya es hora de que todas dominemos la anticoncepción de emergencia. Da clic en la imagen
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Periodo Refractario, recobrando al pene
El periodo refractario se denomina al tiempo que transcurre entre un orgasmo masculino donde hay pérdida de erección tras la eyaculación y la obtención de la siguiente para continuar con el agarrón. O sea, el tiempo en que consiguen una erección nuevamente tras perderla siempre y cuando haya orgasmo. No siempre sucede. Hay hombres que en ocasiones tras el orgasmo pueden continuar penetrando a su mujer, pero es común que haya un ‘desmayo’ del pene tras el gran esfuerzo eyaculario.
Esto se debe a que las aterias y venas de la pelvis pierden vasodilatación tanto superficial como profunda -o sea capacidad para dilatarse tras un estímulo de células inflamatorias. Es decir, de irrigar suficiente sangre para activar una expansión.
El periodo refractario de cada hombre es distinto y también en cada uno está sujeto a muchos factores. Se relaciona con el cansacio de ese día, el estrés, la alimentación y la actividad física que hayan estado haciendo, la excitación y claro, la edad. En plena pubertad puede ser de segundos, después de los 60 años puede ser de hasta 24 horas o más.
A la gran mayoría le preocupa porque quisieran poder continuar penetrando, sobre todo si ella aún no alcanzó el orgasmo o porque eso les hace sentir que son mucho más vigorosos, todos unos tiggers. Generalmente se debe descansar un rato, estimulando otras zonas, haciendo ‘favores’ manuales u orales a la damisela en cuestión, hasta que el cuerpo se recobre y venga de nuevo la erección. Pero sí es posible prevenirlo y la clave es salud. Es decir, si no dejan de fumarse la cajetilla entera ni comen pescado, proteína vegetal, descansan, hacen ejercicio, le bajan a los tragos o a otras sustancias, no tratan de buscar opciones que les ayuden a combatir el estrés, etc. pues no esperen lograr erecciones cada tres minutos tras el orgasmo.
Muchos urólogos recomiendan comer una buena cantidad de vegetales al día, pescado como el salmón, sardinas, también las almejas y moluscos (no por mitos afodisiacos sino por su alto contenido nutricional), cereales como trigo, soya, arroz, etc. y en general todo lo que le hace bien a su corazón y evitar lo que no le hace ningún favor.
Por otro lado, no se desesperen. Es crucial que si ya se perdió la erección haya o no haya habido orgasmo, que se ‘entretengan’ en otras cosas y no se presionen porque eso, lo único que provocará es que el periodo refractario se alargue o que de plano la erección diga ‘good bye horses’. Dichos periodos pueden ser eróticamente aprovechados, no los tomen como momentos de ‘ya valió’.
Por otro lado: un hombre está completamente desnudo (en todos los sentidos) frente a una mujer que necesita –sí, necesita- satisfacer. No hacerlo sería perder todas esas imágenes que creó antes de entrar a la recámara: la cara exhausta de ella, sus mejillas enrojecidas, su frente perlada, sus muslos aún temblando y esa sonrisa ladeada que le recuerda la de una niña que salió con juguete nuevo. No piensa perderse eso. Sin contar con la serie de juicios que hará de sí mismo y que no lo dejarán de atormentar toda la semana.
Pero sucede que con toda esa carga mental, eyacula en dos minutos ‘¡Madre!’ en ese momento algo así parece más grave que el colapso de la Bolsa de Valores. Ella tiene cara de ‘pero vamos a seguirle ¿no goeeey?’ Y sucede el milagro, el Santo que acude a asistir los periodos refractarios se hace presente y viene la erección de nuevo, pero no es firme ni duradera. Parece que el santito se fue sin hacer su chamba completa. Cuando logra firmeza, penetra pero se pierde y el pene sale como escupido de la vagina, hay que cambiar el condón y entre cambio y cambio la cosa esa que comienza a odiar el pobre paisano se ‘aguada’ más. Ella ya hizo toda clase de suertes, le dio sexo oral, masajeó su glande; ya llegó al punto de dar de tirones a la cosa pero insiste en parecer una ballena encallada en la playa de vellos púbicos de su pelvis. ¡Al demonio! Adiós imágenes maravillosas. Bienvenido al mundo del tormento donde el pene se convierte en el enemigo público número uno. “Pero eso sí, seguro en la mañana amanecerás estiradito y vigoroso como diciendo ‘méteme a donde sea’, ¿Ya pa qué?”
Esa es otra variante del periodo refractario y está sujeta tanto a los factores anteriores como a la mente. Así como otra de sus diferenciaciones: la de lograr una erección de vuelta pero no poder eyacular. Volvemos a lo mismo, todo se traduce en el estatus del cuerpo en ese momento pero sobre todo de la capacidad que tengan para dominar todo ese diálogo interno, inundado de juicios para poder relajarse, respirar y darle tiempo al tiempo. E incluso a la memoria celular, si antes te pasó algo penoso relacionado a dicha pérdida de erección o incapacidad para recobrarla, es probable que ese recuerdo te taladre de nuevo.
Hay ejercicios que pueden ayudar, siempre y cuando no carguen esa bola de manteca a la espalda que se llama presión. Pídanle a su pareja (o ustedes niñas sean proactivas) que con una buena cantidad de lubricante comience por rozar poco a poco el tronco del pene hasta subir al glande y ahí con los dedos o el pulgar de masaje con movimientos circulares en ambos sentidos. El glande es la zona más sensible, por eso es mejor comenzar por el tronco, para que al llegar ahí, la sensación sea más intensa. Pueden combinarlo con pequeñas succiones orales. Pero eso sí, por-favor, no se pongan a jalarlo o menearlo como si fuera joystick.
Pero, reitero la parte crucial está en quitar su foco del pene y la erección. El buen sexo no se mide ni con orgasmos ni con erecciones perfectas, es multidimensional. No lo presionen.
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El origen del Día Internacional de la Mujer
De acuerdo a la libro ‘Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer1910-1945’ (1999) de Ana Isabel Álvarez, investigadora de la Universidad de Oviedo, en un inicio se festejaba en fechas diferentes en cada país pero no fue hasta 1914, que se celebró el 8 de marzo a petición de las mujeres socialistas. Según sus estudios, no se debe a un hecho particular sino al cúmulo de diversos movimientos feministas socialistas.
Fue propuesto por primera vez por Clara Zetkin, una representante de la Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. Además del derecho a voto y a ocupar cargos públicos, demandaban el derecho a trabajar, a la enseñanza vocacional y el fin de la discriminación en el trabajo. Sin embargo, por años la historiografía ha vinculado erróneamente la conmemoración del 8 de marzo con el incendio ocurrido el día citado de 1908 en una fábrica textil de Nueva York, provocado por el propio empresario ante las obreras declaradas en huelga y encerradas en el inmueble. Y donde, se contó, todas murieron al no poder escapar del fuego. Pero, esta teoría se ha desmentido ya que ese día fue domingo, improbable para una manifestación de trabajadoras.
Finalmente, todos los días debemos celebrar el trabajo y la valentía de miles de mujeres que se atrevieron a alzar la voz y que hoy permiten que la equidad sea un poco más tangible. Claro, aún existen brechas y hay mucho que trabajar y seguir dando (no nada más estirando la mano para recibir). Cada quien decide cómo concebir su realidad y más allá de plantarse en hembristas (machistas mujeres), feminazis y creadoras de conflictos entre géneros, hay que comenzar por detectar cuánto nosotras mismas nos permitimos el no merecimiento; o seguimos ‘casadas’ con ideas retrógradas victimizándonos porque ‘somos mujeres’ y culturalmente nos enseñaron que ‘es más difícil para nosotras’ (¿No te gusta tu realidad?, cámbiala y no te quejes). De esa forma sólo fomentamos las diferencias, la no integración. La evolución no se puede lograr sin la integración de ambos sexo géneros, independientemente de las orientaciones. La diversidad somos todos y la chamba es de todos. Sí, venga, hoy por la no violencia hacia las mujeres desde la más mordaz hasta la más sutil, pero también la efectuada entre mujeres. Y por encima de todo la no violencia hacia nosotras mismas y por la no violencia hacia los hombres. Ya hueva los sexismos, ¿no creen?
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¿Funcionan los alargadores de pene?
Los extensores o alargadores de pene llevan décadas en el mercado, impulsados en los últimos por el internet y las ventas por televisión. Siguen discutiéndose cuestiones de calidad, eficacia y repercusiones de uso. Y que la cosa, as usual, está en la enorme cantidad de caballeros que bajo la añejada exigencia de un pene de grandes dimensiones para hacer feliz a la damisela, son capaces de colocarse o untarse lo que les digan. El mito del tamaño es otra cuestión hiper discutida. Pese a que se ha comprobado que una mujer no requiere de más de cinco centímetros para estimular la zona del primer tercio de la vagina donde está el potencial sensitivo. Pero después viene el debate de la estética, digámosle la estética eréctil. Porque cuando el pene está en reposo pocas veces tiene una longitud apreciable. Con la vendidísima idea de más grandes es igual a más satisfacción pues seguimos fregados. Están los penes ‘engañosos’, mismos que en reposo parecen un tanto pequeños pero que al ingurgitarse (llenarse de sangre) crecen considerablemente y viceversa (parece que serán ‘maraca llorarás’ y no aumentan considerablemente su tamaño), pero cualquiera que sea, se considera según una encuesta de la Universidad de Texas, apenas el 21% de los hombres de su muestra están satisfechos por completo con el tamaño de su miemmmbro.
Y entonces vienen los remedios de la abuela y los más tecnológicos. Los alargadores de pene, dependiendo de la marca pueden ser desde un fiasco peligroso hasta ciertamente defendidos por especialistas (por lo regular contratados por los fabricantes). En teoría, dichos extensores se basan en el principio médico de la tracción. Es decir, a base de tirar del miembro de forma gradual y progresiva se logra un crecimiento de los tejidos del mismo, tanto del ligamento suspensorio y de los cuerpos cavernosos. Este punto ha sido re y rete discutido ya que hay especialistas que afirman que lo único que da de sí es la piel pero que como tal el tejido queda del mismo tamaño y aparentemente es mayor pero al erectarse queda tal cual antes del uso del extensor. Otras discusiones admiten que dependerá de la marca y calidad del aparatejo y de que este esté avalado por certificaciones medicas y de salud de cada país. Para saber, claro está. Esto se hace desde hace siglos con el uso de pesos sostenidos por el pene que podían incluso dejar inservible el miembro.
Hay varios tipos de extensores, aunque la mayoría están compuestos de un anillo de plástico unido a dos varillas metálicas y dinámicas en las que se encaja un soporte de plástico con una goma de silicona para sujetar el glande. Se coloca cuando el pene está en flacidez, y se debe llevar puesto entre 4 y 9 horas ¡al día! El crecimiento prometido es de aproximadamente medio centímetro al mes. Se recomienda usarse ininterrumpidamente entre 4 a 6 meses, al menos. Y claro, en caso de exceder el tiempo recomendado, pueden surgir complicaciones derivadas de desgarros internos en los cuerpos cavernosos y el tejido muscular del pene. Y ni hablar de las rosaduras y despellejamientos así como las lasceraciones pequeñas que el material puede hacer al pene a base de roce. Mis respetos para los que se los avientan, se necesita estar en verdad obsesionado e inconforme. Quizás tal cual la anorexia o bulimia debería haber una subrama de la psicología que analizara este tipo de desorden de la imagen, para quienes están obsesiva-compulsivamente angustiados por el tamaño de su miembro. Y luego pasan las de Caín. Como recientemente un hombre en Quebec, quien interpuso una demanda contra un fabricante de elongadores del querido miembro viril porque, tras 500 horas de uso, no ha sufrido cambio alguno en su anatomía genital. El denunciante pide una indemnización de 762 dólares en concepto de daños morales y para cubrir el costo del extensor que adquirió (se gastó 262 dólares). Y bueno, fácil no habrá sido acudir a la dependencia correspondiente a interponer la denuncia, ya veo la cara del personal que lo atendió. Le han de haber achicharrado lo que le quedaba de autoestima.
En general, estén avalados por quien gusten, no me parecen en lo mínimo recomendables. En alguna sex shop vi en una ocasión uno que se veía más mal hecho que dije, ‘Ay nanita con el que se atreva a comprárselo’. Irreal. Y el dependiente me dijo que era de los productos más vendidos. Zaz.
El principio por el que están diseñados parecieran hacerlos factibles, no obstante me parece algo complejo el pensar que los cuerpos cavernosos puedan alargarse, no son cirujano urólogo pero me parece complejo que se logre de manera sana y respetando la funcionalidad del miembro. Tengan cuidadito, ¿se comprarían uno?
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Penes con curvaturas
Es común que los penes no sean lisitos, perfectamente uniformes en cuanto a textura o color; de hecho muchos tienen protuberancias y curvaturas.
Mientras no haya dolor al momento de la erección, no implican problema alguno. Y siempre y cuando esas protuberancias no hayan surgido de algún golpe o un tirón fuerte que haya sufrido el miembro. Si ese fuera el caso y sobre todo, si se ven inflamadas las venas o cambió su coloración deben ir al urólogo.
Pero cuando dicha protuberancias o curvas son de nacimiento o bien, surgieron en el momento del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (cuando empezaron a pubertear), nada de que angustiarse, ¿OK?
Por ahí algunos artículos comentan que las curvas ayudan a las mujeres a tener más rápidamente orgasmos. Bueno, no hay un estudio serio al respecto pero por lógica podemos decir que si un hombre tiene cierta protuberancia en la parte superior frontal del pene, ésta puede ayudar a masajear el punto G y por lo tanto coadyuva al clímax.
En realidad podemos decir que cualquier protuberancia puede ‘servir’ ya que se pone en contacto a un poco más de profundidad que el resto del pene con las paredes vaginales, llenas de terminales nerviosas que aman ser estimuladas y estimuladas y estimuladas.
No le pongan cara de fuchi a sus protuberancias. Un pene es lindo como sea. La cosa es no casarse con la idea de que todos son rositas, parejitos, suaves y brillositos. Para todos los gustos hay.













