No se sabe con exactitud cuándo surgió esto de quitarse el prepucio, sin embargo hay pinturas y escritos egipcios con 5000 años de antigüedad donde se muestra la práctica. Su fin era mejorar la vitalidad física y limpiar los flujos naturales del cuerpo. Tanto para judíos como musulmanes significa un rito de iniciación, purificación espiritual y data de la era antes de Cristo. No obstante, su origen es aún más viejo que las religiones.

Actualmente se sugiere únicamente en caso de fimosis (imposibilidad para retraer el prepucio y liberar el glande) y su uso estético se relaciona con la mutilación genital. Hoy, incluso, algunos urólogos y otros especialistas que reciben tanto niños, adolescentes u hombres adultos que solicitan esta intervención por ‘el mero gusto’ o petición de su damisela, les advierten lo poco necesario que ahora se considera. Pero ¿habrá a quien realmente le incomode?

Aunque, por otro lado, en los últimos años, diferentes centros de estudio como The National Institute of Allergy and Infectious Disease y la Universidad Johns Hopkins han comprobado que los hombres circuncisos son hasta 54% menos propensos a contagiarse de ETS, incluido el VIH. Suponen que en la circuncisión se eliminan células del prepucio llamadas células de Langerhans y que son uno de los objetivos del virus del SIDA. Sin embargo, temen que eso disminuya aún más la conciencia del uso del condón.

¿Entonces?

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