El mundo sigue diversificándose y es parte de nuestra tarea evolutiva. Hace un par de meses (mayo 2012) la noticia sobre la aceptación de mujeres transgénero al rosísima evento Miss Universo creó interés en muchos por saber qué era la transexualidad, el transgenerismo y permitió que muchos se quitaran la idea equivocada de que dichas son hombres que andan ‘confundidos’. Quedó un poco más clara la razón de inclusión a las mismas; el hecho de que su vivencia de género, su identidad de género es la de una mujer.

Causas discutidas sobre el sexo cerebral y el genital, aspectos endocrinológico-hormonales o puramente de ambiente. No es el caso de la discusión. Las ciencias de la sexualidad lo tienen claro, son mujeres ‘atrapadas’ en cuerpos de hombres o viceversa en el caso de los hombres trans. Al nacer se les asignó un sexo género acorde al aspecto de sus genitales pero desde la infancia su identidad no era compatible a los mismos; sin el menor sentido de pertenencia. La diferencia entre un transexual y un transgénero está en el nivel de reasignación de sexo género alcanzado. Un transexual lleva un camino por su reasignación en aspectos mayormente estéticos a base de tratamiento hormonal lo que le permite feminizarse o masculinizarse, de acuerdo al caso, así como el uso de ropa y aplicación de métodos cosméticos que potencialicen su nueva apariencia. Por su lado los transgénero se han sometido ya a una reasignación quirúrgica genital. Un largo proceso de varias intervenciones para lograr que un pene luzca como una vulva o una vulva permita la construcción de un falo y testículos. La funcionalidad de la nueva genitalia por lo regular es el último y más complejo de los pasos.

El hecho es que Mr. Trump fue aplaudido por su decisión y las mujeres trans tienen las mismas oportunidades de coronarse que aquellas que nacieron con una vagina. Porque vaya, de los pechos no podemos hablar ya. Desde hace décadas una de cada 100 lleva los que le surgieron por mera herencia y biología. Como acaba de suceder con Jenna Talackova.

Y en un ámbito muy masculino y bastante explotado por los ahora llamados geeks también comienzan las muestras de diversidad, permitiendo una mejor comprensión de la homosexualidad y el lesbianismo. Los comics ya incluyen héroes y heroínas gay. El recién surgido del clóset Linterna Verde, de DC Comics se encuentra en pleno romance en Hong Kong con un hombre en la próxima edición de esta historieta que comenzara en los años 40. Y no por ello alienado, en contrasentido, dando muestra de una virilidad que no se compromete por orientarse erótica-afectivamente hacia un congénere. Y en un mood similar, Marvel tiene programada una boda gay en el siguiente “Astonishing X-Men”. También por ese mundo anda mostrándose y triunfando una sexy y lesbiana Batwoman, la nueva versión de la chica murciélago de Bob Kane. Ahi va la cosa.

¿Qué opinión les merece todo esto?

Si aún no la tienen, la clave es simple, información como base de una postura. No sólo excluir soportados en creencias limitantes heredadas y una cultura heterocentrista que ni siquiera saben de dónde provino y para qué se impuso. ¿Les hace ruido el típico discurso repetido hasta el cansancio respecto a la validez de la heterosexualidad como única por hecho biológico y ‘embone’ de pene-vagina? La respuesta clara, esa biología alude a la reproducción: un porcentaje mínimo y optativo del enorme universo expresado en nuestra sexualidad. No podemos seguirnos viendo como una especie meramente reproductiva y carente de erotismo, expresiones y respuestas, cognición, emociones y una extensa lista. Numeralia: un ser humano tendrá en promedio 2700 relaciones sexuales en toda su vida; un promedio de 30 ocasiones las tendrá con el fin de reproducirse.

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