Hay de vibradores a vibradores y claro hay muchos  con maravillosas posibilidades que nada tienen que ver con un falo. La cosa es aprender a usarlo.

La elección es importantísima y de preferencia se debe hacer en pareja , la cosa de ir a la sex shop juntos es también una dinámica enriquecedora. Esto, para que ambos vayan en la misma línea sobre lo que desean del encuentro. Pero, la mayoría de las ocasiones la idea surge de una de las partes, a uno de los dos se les antoja integrar a uno de estos amigos vibratorios a sus experiencias eróticas o sexuales. Y la pregunta siempre surge, ¿cómo ‘dejarle caer la noticia’ a la pareja? Lo más simple es precisamente sorprender. Y he ahí la razón por la cual la elección de un primer juguete vibrador debe ser lo más amigable posible, que el aparato en sí visualmente ofrezca confianza y no sea agresivo (gustos aparte). La cosa es preparar el momento, estar en el mood, excitados, estimulándose y decir ‘Te tengo algo’. Pónganle palabra a ese ‘algo’: una sorpresa, un regalo, una cosita. Lo que gusten.

Toman su juguete, el que hayan elegido, lo encienden y comienzan a masajear con éste los pies de su pareja, la nuca, los hombros, la espalda, para ofrecerle una sensación relajante y crearle confianza. y para permitir que su cuerpo se vaya detectando cómo se perciben las vibraciones. Porque si de la nada se apoderan del juguete e ipso facto lo introducen en la vagina o estimulan el pene así ‘sin decir ni agua va’, van a darle en la torre a la capacidad sensitiva y generarán desconfianza hacia el artefacto. Hace unos días incluso, una chava en un programa de radio me preguntó si no podía electrocutarse con un dildo. Hay que partir justo de esos mieditos.

Hay que ‘venderle’  a su chav@ el juguete como un ayudante. Sobre todo los hombres,  frente a formas fálicas pueden mostrarse algo renuentes porque creen que el ‘tremendo falo’ es su competencia y que ‘no les es suficiente con el suyo’. Pero no. Ataquen esos miedos con caricias y estímulos suaves previos a la estimulación genital. Una vez que hayan sentido esa diferencia, intercambien estimúlense uno al otro con el juguete en zonas lejanas a la pelvis. Y acompáñenlo, claro, de besos y caricias con las manos, lengua, succiones, etc. No es cosa de echarse como autómatas a ponerse el vibrador y ver qué pasa, hay que ponerle picantito.

Bueno, ahora sí, una vez que hayan creado esa atmósfera lúdica pero de confianza, no avisen, no anuncien pero vayan ‘coquetando’ con la zona genital. Comiencen por hacer masajes circulares con el vibrador en las nalgas, el coccix, el ombligo, la entrepierna y ¡ojo! ¡Súper ojo! (si se saltan este paso le pueden dar en la torre al acto: ¡lubríquenlo!  Compren un lubricante con base de agua, el Soft Lube de su preferencia y coloquen una cantidad moderada en el juguete. Si no lo hacen y estimulan genitales en seco pueden lastimar la piel, la mucosa de la vagina, etc. (no les quiero contar de una piel de saco escrotal rozada. Sí imaginen el testículo todo rojo y dolorido).  Entonces, hay ciertos puntos clave, muy clave.

Los queridos hombres quizás pelen los ojos cuando lo vean cerca porque claro, otro mito, pensarán que están planeando introduciírselo por la cavidad rectal,  o sea el ano. Y saltarán con cara de ‘Espérate reina, no es para tanto’. Relájenlo, explíquenle que un vibrador, aunque tenga forma de pene no es únicamente para introducirse y -otro mito- que de ser así, eso no les restará virilidad ni comprometerá su orientación sexual (nunca falta el que al ser estimulado analmente y encontralo satisfactorio piense que ‘ya se volvió gay´). Bueno he aquí el listado de puntos por sexo género -orientaciones aparte- donde pueden enviar a su pareja a las estrellas orgásmicas.

Mujer

– Pezones (incluso si es de las zonas favoritas de su pareja pueden conseguir unas pezoneras con bala que vibran y generan succión).

– Labios mayores, monte pubiano y bajan lentamente hasta ‘dibujar’ con el vibrador las labios menores.

– Vestíbulo vaginal, pueden o no introducirlo (déjenlo para cuando le hayan agarrado suficiente confianza). Delineen el vestíbulo (el orificio vaginal), haciendo elipses y deténganse de vez en cuando para permitir que toda la zona perciba y se extienda la vibración.

-Perineo. Esta zona entre el vestíbulo vaginal y el ano suele estar olvidada y puede brindar mucha satisfacción. Sólo hay que ir bajando desde el vestíbulo hasta el perineo y dejar que el vibrador haga su trabajo.

– Clítoris. Este sí es el final de finales. Comiencen el masaje con el vibrador en los laterales de Mr. Clit, ya que es la zona más sensible del cuerpo humano (el doble que el glande), hay que trabajar de inicio con una velocidad de vibración leve. Si su juguete tiene velocidades, bájenla al mínimo cuando comiencen a trabajar aquí. Y conforme ella vaya sintiendo, pueden ya sea aumentar la velocidad o estimular directamente el capuchón del clítoris con él. Muchas mujeres llegan al orgasmo apenas con pequeñas vibracioens laterales. Imaginen 100 vibraciones por minuto aprox.

Hombre

– Pubis, antes del tronco del pene. Masajeen y luego sostengan el juguete un buen ratito para que la vibración reverbere en toda la pelvis.

– Entrepierna, en el pliegue que une con la base del pene. Verán estrellitas.

– Tronco del pene, a lo largo movimientos ascendentes y descendentes.

– Con el pene erecto, obvio, debajo de éste en la unión con los testículos. Mantengan dejen que cree vibración.

-Perineo. Aunque está cerca de la ‘zona prohibida’ (para mucho hombres hetero), pídanle que se permita sentir la vibración, puede llegar incluso a estimularles la gládula prostática, lo cual genera una eyaculación con un orgasmo más intenso.

Y listo, tendrán ‘la mesa servida’ para continuar con una maravillosa penetración, diversas posturas, uno, dos, todos los orgasmos que deseen. Dense chance, y ¡que disfruten!

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