Ser tímido es parte de la personalidad de algunas personas, no necesariamente un defecto. El problema es que a veces confundimos la timidez con el miedo y es más cómodo decir “aunque no lo creas, soy tímido” a decir “me siento más inseguro que nunca, más tonto que nunca o más desnudo e imperfecto que nunca, porque me educaron para ser un garañón que llevaba de la mano a una mujer a conocer el mundo y siento que no tengo nada que enseñarte”. ¡Claro que tienes mucho que enseñarnos, nosotras queremos descubrir el mundo a tu lado pero desde nuestro lugar, desde nuestro punto de vista!

Quienes vivimos más fuertemente este fenómeno somos los pertenecientes a la generación X. Hemos vivido más que ninguna otra generación cambios drásticos de vida, tecnología y obviamente sexuales. Por falta de información, fuimos educados con un sinfín de conceptos obsoletos, sin embargo se nos exige comportarnos como seres ultramodernos y de gran amplitud mental. Nos encontramos con la necesidad de ser “expertos en el X Box” cuando crecimos “jugando a las canicas”. Esa es la raíz de todos nuestros miedos. Para un hombre que creció viendo a un padre proveedor y a una madre ama de casa es difícil de digerir tener a una mujer que lo iguala o supera en posibilidades.

En el plano sexual, ¿Cómo no sentir miedo? A casi todos nos educaron con un manual llamado “La Tenebrosa palabra Sexo” escrito por la abuelita frígida de Hernán Cortés y un monje castrado de la Santa Inquisición. Desde entonces, nos atemorizó la palabra, nos causaba un morbo delicioso pero al mismo tiempo nos hacía sentir pecadores.

Pero qué cansado es cargar con toda esta mierda ¿no creen? La forma más inmediata de vencer el miedo es aceptándolo, esto es, conociendo su causa. Ahora sabemos que somos una generación afortunada que puede conservar los conceptos viejos que le parecen útiles y adaptarse a una nueva era de apertura de mente y convertirnos en seres mucho más felices que nuestros padres y con mayor capacidad para sentir placer sin culpa.

Acércate. Con todo y las nuevas vertientes de pensamiento, las mujeres en esencia seguimos buscando lo mismo en un hombre. Queremos comprensión, apoyo, respeto, besos deliciosos, sexo placentero…amor, punto.
Eso no se ha perdido, tal vez no necesitemos que seas Pedro Infante con su Chorreada y que nos veas como seres incapaces de sacar las uñas y luchar por lo que queremos pero después de un día lleno de estrés, números, presión, competencia, gritos, tráfico, compromisos, mentadas de madre y todo eso trepadas en unos tacones de doce centímetros queremos que llegues tú a decirnos que todo va a estar bien. ¿Por qué tener miedo, entonces?

Ahora, la otra cara de la moneda. Sé que hay arañas horrorosas que precisamente son tan inseguras que tratarán de hacerte sentir inferior sólo porque están detrás de un escritorio de caoba recibiendo cheques millonarios y dando órdenes, que te harán sentir un pelmazo en la cama y para alimentar su mermada autoestima no te subirán de perdedor. A esas no hay que tenerles miedo, hay que tenerles lástima. Aléjate.

Una mujer exitosa no es una Traga-machos, no se va a cenar tu hígado encebollado, sólo necesita a un hombre seguro y que sepa quién es. En pocas palabras, un hombre exitoso. Y que quede claro que el éxito es un estado mental, no se cuantifica ni en dinero, ni en puestos importantes ni en estatus. Acércate, si esa mujer es exitosa, flamante y segura. Eso te hará a ti un mejor hombre.

Pablo Neruda decía “La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en soledad”.

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