‘Tiene derecho a guardar silencio…o todo lo que diga será usado en su contra’. Si hiciéramos un manual sobre cómo muchas parejas evitan conflictos de cama, esa frase sería una de sus máximas. Considerada de mal gusto, pecaminosa o demostrativa de liviandad, la expresión sexual emocional (vamos, decir lo que uno desea sentir eróticamente; entre otros conceptos) por años exigió ser emancipada. No lo ha logrado por completo.

Quizás ahora nos tranquilice que el hacerlo no nos llevará ante un tribunal de la Santa Inquisición pero sí a la silla del inconforme, del verdugo ante su pareja. ¿Cuántos no han terminado arrojándose la loza porque una de las partes atreviose a decir ‘No me gusta cuando me haces tal’ o ‘Quisiera que probáramos algo nuevo’? Son simples expresiones pero se transforman en veneno para el autoestima del otro, en un motor para hacerlo elucubrar terribles fantasías que lo hieren. Entonces la siguiente vez apretamos los labios, no sea que se escape otra petición/ruego.

De acuerdo a La Asociación Mundial de Sexología, en su Declaración de Derechos Sexuales inherentes a todo ser humano, el derecho a la expresión sexual emocional enuncia ‘Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto y el amor’. Salvo excepciones, casi siempre nos quedan claros los dos últimos. Sin embargo, ¿la comunicación? ¿La ejercemos como derecho?

En pareja la honestidad completa no siempre es fácil, mucho menos cuando hablamos de sexo; área que se ha vuelto delicada porque nos lo hemos permitido. Tal vez necesitemos comenzar a desarrollar nuestra capacidad de expresarnos sin alterar nuestras vulnerabilidades.

El placer por la boca vive

La sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano basada en el sexo. Es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y espirituales o religiosos. Es necesario solicitar el respeto a cada uno de ellos pero sobre todo promover que cada práctica sea coadyuvante a nuestra satisfacción y disfrute, a la creación del placer. De acuerdo a documentos de la Sociedad de Estudios Científicos sobre Sexualidad, el placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es una fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual. Gin Ogden, terapeuta sexual de la Universidad de Cambridge, afirma que la expresión sexual es la base del placer y la plenitud. No ejercerla, puede provocar falta de compatibilidad sexual en una pareja, disfunciones como la dificultad para alcanzar el orgasmo, la excitación o la respuesta sexual (como la lubricación vaginal o la erección masculina); así como coitos dolorosos, frustración, insatisfacción, enojo, miedo, bloqueos emocionales, indiferencia hacia el contacto sexual y hasta la incapacidad para reproducirse. Todo debido a que no nos sentimos libres de hablar con quien compartimos el colchón.

Desde comentar que el aliento de la pareja nos está triturando las fosas nasales, que ciertas acciones nos extirpan toda líbido; exponer los propios planes reproductivos hasta proponer incluir a un tercero en un encuentro sexual requiere del sutil arte de la diplomacia. Aquí las reglas del amante diplomático.

En el pedir está el dar

>Al inicio de una relación nueva, plantea si no estás dispuesto a tener sexo en un tiempo considerable ya sea por mantenerte virgen o por dar tiempo a que la relación madure. Pero nunca te victimices, bases en viejas experiencias o muestres desconfianza.

>Antes de pasar al ámbito sexual, exige usar un método de protección y anticoncepción. Tienes que sentirte seguro y cómodo con el método que hayan negociado. (Fuera del condón, todo contraceptivo requiere de la recomendación del ginecólogo)

>Reconoce cuando una práctica sexual o el modo en que tu pareja la aplica está comenzando a crearte insatisfacción física y/o emocional.

>Habla con naturalidad y amor, no te muestres miedoso o dudes. Pero recuerda, las solicitudes de cama nunca se hacen en la cama; jamás antes, durante o después del acto sexual.

>Aunque hayas llegado al límite del hartazgo sobre un asunto sexual nunca lo expreses con gritos, majaderías o haciendo referencia a los defectos de la otra parte. Tampoco hagas un tango, llores o pongas ultimátums.

>Ve a tu ritmo. Antes de llegar a cualquier práctica determina si es tu momento y comunícalo con tacto.

>Ábrete. Si recibes solicitudes de integrar nuevos ingredientes a su vida sexual, considéralo; siempre respetando tus valores personales e ideologías. Nunca critiques los del otro, respeta su autonomía.

>Si algo te desagrada como ser estimulado en ciertas zonas usa el lenguaje no verbal, desplaza sus manos o propón otro movimiento. Si el mensaje no es claro, utiliza las palabras.

>Si ya quieres procrear, hazlo saber a la otra parte y planéenlo juntos. Si no comparten la decisión, nunca traigas a la cigüeña sin su consentimiento.

>Ponle su nombre a cada cosa, desde a los genitales hasta a la experiencia. Sé contundente.

>Usa la confianza y el humor. Si comparten la cama, deben tener la capacidad mutua de expresarse hasta con algo de comicidad sin ofender. Es su vida sexual, algo que deben tratar coloquialmente, como cualquier otra área.

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