La primera vez (tema hiper manoseado en el mundo de la sexualidad) puede definir, sí, muchos aspectos de la visión al menos primaria de todo individuo con respecto a su sexualidad. Las recomendaciones reales debieran radicar en -obviamente- protegerse (uso del condón, ya que eso de ‘en tu primera vez no te pueden embarazar’ es un mito que no sé de donde demonios lo sacaron. Y además, no hay un ‘Ángel del estrenón’ que te libre de ETS), pero por otro lado está la protección emocional. El pedirle a un chavito que espere para iniciar su vida sexual no debe estar promovido por el miedo al embarazo o a las enfermedades únicamente sino en el mensaje que se llevará ese día que seguramente recordará de por vida. No tenemos que ponernos dramáticos, no siempre se termina en tragedia. Digamos que en los casos comunes el asunto del performance no siempre es el que se esperaba. Claramente por el nerviosismo puede haber dificultad desde para excitarse como para lubricar lo suficiente, lograr una erección, controlar la eyaculación un tiempo adecuado para ambos, relajar los músculos pélvicos, incapacidad para llegar al orgasmo, entre muchas otras. Pero en general no son huellas, regularmente la misma ‘práctica’ te hace cambiar la perspectiva. Pero, sí hay muchas otras con las que puedes cargar largo tiempo. Consecuencias hay. En ocasiones en la elección de la persona con quien se inicia este maravilloso camino. Ni qué decir de aquellos cuyos padres irrespetuosos e imbéciles llevaron a estrenar con una sexo servidora sin el menor consentimiento. Para ellos por lo regular la visión del sexo viene acompañada de una sensación de descarga, de uso de la otra parte, incluso de demostración de virilidad. Y hay casos, créanme, de hombres que nunca se han podido quitar ese sentido del sexo mal comprendido. Es por eso que se le pide esperar a un adolescente porque en esa maraña de cabeza que dada la época que vive, tiene, es muy probable comprender el acto sexual y muchas de sus implicaciones de manera ya no digamos errónea sino que puede transfigurar su plenitud. Pero bueno, sigamos.

La prisa es factor.  A veces parece que algo les pica por ya dejar atrás la virginidad, la quintez, la ‘inocencia’. Y comienzan esa búsqueda, ya no por crear un vínculo emocional sino simplemente por saber ‘a qué sabe tener sexo’, relaciones sexuales completas, coitales, porque muchos (lo cual es benéfico) pasan lapsos considerables previos en acercamientos eróticos, toques, faje, etc. Pero llega el día, diversos puntos te llevaron a decidirte, el enamoramiento, la calentura, la presión, etc. y de pronto te ves semidesnudo frente ¿a quién? Un casi desconocido, un amigo o amiga con quien ‘te ganó la risa’, el novio o novia con quien llevas ya un rato y que amas (o crees amar), con quien te gusta pero no sientes ni el menor lazo emocional, con una mujer mayor que parece que te enseñará las mieles prometidas, con quien terminaste accediendo porque crees que ya es el momento aunque no la persona (y luego te das cuenta que terminaste ‘dándosela’ a quien menos debías), a aquel que sabes que no te está tomando en serio pero -caray- cómo te gusta (maldita sea!), con quien siempre esperaste… ¿Con quién?

Viene la pregunta casi científica, o bueno, científica ¿Es mejor/recomendable/beneficioso que sea con alquien que amas? ¿Qué opinan? Evidentemente cualquier rama humanística dice un claro SÍ.

¿Con quién fue la suya? ¿Resultados? ¿Arrepentimientos? ¿Celebración?

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