La piel de los labios mayores, el tejido de los labios menores, la entrada vaginal, el perineo, etc. puede ‘romperse’, rasgarse o llagarse -aunque no sea perceptible a primera vista- durante el contacto sexual cuando no se está bien lubricada o si la cosa está tan animada que llega a lastimar. El punto es que a las pocas horas del encuentro la zona se siente rozada, arde o incluso pica, da comezón. Y esto suele confundirse fácilmente con una infección vaginal. Entonces, pensamos que quizás debido al sexo se nos desató una infección bacteriana o micótica y ahí vamos a la farmacia, compramos una pomada y nos la ponemos. El resultado: debido a que no había ningún hongo ahí haciendo fiesta ni la flora vaginal estaba afectada , la afectamos y entonces sí se puede (no siempre) crear una infección. Cosa mala y bastante incómoda. Y claro, ahora necesitaremos algo más fuerte.

Lo más recomendable es que cuando nos sintamos irritadas o con comezón tras un coito, lavemos muy bien la zona y la tratemos de mantener fresca. Si en un par de días no mejora, podemos comenzar a pensar que hay alguna infección y entonces LLAMAMOS AL GINECÓLOGO (no a su amiga chuchis que les recomienda pomadas) para que él determine qué pueden utilizar. A veces sólo se necesita dejar descansar a la pobrecilla ‘venus’ y mantenerla relajada. En eso sí tengan precaución, nunca falta la que siente aquello que parece que se untó chile habanero y aún así, si la cosa se pone jocosa, le entran al aquelarre; y obvio, les queda la vagina como falda de hawaiana. Evítenlo.

¿Estamos? ¿Dudas?

Share Button