Un lector de Men’s Health me dejó pensando. Él tiene novia, está feliz, ama a la chava, etc. Dice no tener queja y no querer para nada dejarla, lasimarla, ser infiel, etc. No obstante, dice sentir una atracción brutal por una chava de su trabajo. Cosa que siente no poder controlar. Obvio, fantasea con la compañerita de la chamba todo el día, sueña con ella por las noches y durante el día, se la imagina en múltiples posiciones y -como siempre- siente culpa con su novia cuando la ve y se da cuenta de lo mucho que la ama. No ha hecho nada, no ha caído en la fiebre del espejismo calenturil y no ha sido infiel. Pero dice estar harto de sus ensoñaciones eróticas, de verla y desear arrancarle la ropa ahí mismo y sufrir tal antojo como perro afuera de una carnicería. Lo peor, es que ella no fomenta dicha atracción, no coquetea ni le anda meneando el trasero; simplemente es ella misma.

Pues la cosa está compleja. Antes que nada, porque callar al cerebro, al ego que nos dice ‘Ya, vas. Pos total’, no es nada fácil. Hay una lucha entre la ética de pareja y la hormona. Y claro, la respuesta del psicólogo sería ‘Analiza qué mueve en ti esa persona y qué espacio vacío dentro de ti está llenando esa atracción’, la del terapeuta sería ‘Valora tu relación y aprende a vivir con el deseo’. La del sacerdote, ‘No te dejes tentar por el demonio, controla tus deseos y ofrécele tu sufrimiento a Dios’ la de los amigos ‘Ya güey, cójetela’. La mía ‘Fantasear no daña a nadie pero hay una línea muy delgada entre las fantasías y el querer llevarlas a la realidad así que ten cuidado. Valorar a alguien no significa no sentirse atraído por otros, no sientas culpa. Pero sobre todo, no alimentes más ese deseo. Distráete, relájate y quítale poder. La mente puede callarse cuando nos situamos en el aquí y el ahora’. ¿La de ustedes?

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