Quítense los guantes de box y aprendan a convertir sus discusiones de pareja en acuerdos que alimenten su relación.

>  Sean honestos. A menos que seas un verdadero cerrazónico radical, bien sabes cuando has fallado o actuado mal. Comienza por acatar tu responsabilidad. Ya eres adulto. Deshacerte de esa vieja costumbre de ‘lavarte las manos’ o buscar pretextos no sólo mejorará tu relación, cambiará tu mundo. Y el de todos.

> Toma la batuta. Sabes que ya tienen un ‘patrón de peleas’: ella te culpa, tú a él, hacen un recuento de los últimos 100 errores de cada uno, gritan, ella llora, se amenazan, pierden el control…un tango digno de Gardel. Opta por cambiar la estrategia y poner la primera piedra de un nuevo cimiento en sus hábitos de discutir.

> Comienza con tu actitud. Para hacerle saber que deseas cambiar su estrategia, no es necesario decirlo. Los actos son más poderosos que las palabras. La siguiente vez que ‘te huela a pelea’, siéntate tranquilo(a) e intenta asertividad: pídele que te explique porqué está molesta o molesto y escucha sin interrumpir. No importa que la sangre comience a hervirte, aguanta hasta que termine.

> Sé todo oídos. Una vez que termine su ‘letanía’, expón tus argumentos. Con seguridad las primeras veces te interrumpirá. Calla y déjala seguir discutiendo (con ella misma) cuando nuevamente termine, dile ‘espero que esta vez me des la oportunidad de explicarme y te pido que no me interrumpas como yo lo hice’. Ese era el fin de que aguantaras callado.

> Evita revirar. No saques a colación sus errores por defenderte. Sé más maduro que ella. Utilizar el ‘sí hice, pero tú también y más’ es una táctica infantil e inútil. No los llevará más que a herirse y encender más su ira.

> Detecta el ego. Casi siempre es lo que te orilla a ‘regresar la pelota’, porque la mayoría mamamos socialmente la costumbre de salir por la tangente y buscar la forma de compartir con alguien más la responsabilidad de nuestras acciones. Porque odias sentirte culpable. Ocúpate de tus actos y cambiarás el panorama.

> Focaliza. Una vez que te deje argumentar, no subas el tono de tu voz o des puñetazos a la pared. Las primeras veces costará trabajo pero sé que puedes. Tu explicación debe ser lógica y recuerda ‘no te laves las manos’, acepta cuando hayas errado en algo. Eres humano, es normal. ¿Por qué pretender que eres perfecto? (Claro, estoy hablando de errores comunes, no de borracheras cada ocho días, infidelidades o violencia física o emocional).

> Discúlpate. Nada la dejará más muda que un ‘Está bien, tienes razón. Discúlpame’. Expón que tienes el propósito de sacarle provecho a la discusión, de llegar a acuerdos y encontrar alternativas, no de lastimarla o permitirle lastimarte. Ya tuvieron suficiente de eso juntos y/o en otras relaciones.

> Invítala al juego. Con seguridad tendrás algo que comentar sobre su parte en el conflicto. Insta a tu pareja a que  también asuma. Y siempre y cuando tus argumentos sean reales, no inventados para no dejarla ir ‘sin mancha’. Exterioriza de manera clara. Si te interrumpe para pretextar (también tiene ese mal hábito), muéstrale cómo has manejado esa discusión hasta el momento y pídele que te ayude a continuar con ese rumbo.

> Crea un debate sano. Para esas alturas los aires deben estar más tranquilos (a menos que estés con una neurótica o psicótico). Ahora, provoca que cambien de postura, en todos los sentidos. Muévanse de lugar, siéntense en otra habitación (los lugares u objetos que hemos estado viendo al estar molestos, contribuyen a que no podamos cambiar de enfoque), cambien de aires, pónganse más cómodos y  hasta sirve unas cervezas para ambos.

> Afina tus impulsos. Cuando la otra parte es la que falló. Es humano como tú y comete errores que te molestan. Siempre y cuando no hablemos de que se acostó con otro mientras estabas de viaje o te hizo perder el empleo, sabes que quieres y puedes disculparla. Si deseas fomentar este nuevo estilo de discusiones con provecho, no llegues a amedrentarla y gritarle. Será el peor comienzo.

> Enfríate. Si sientes que sale lumbre por tu boca y que podrías freírlo en aceite en ese momento, toma distancia o tómate tiempo para relajarte. Si están juntos y ella o él insiste en discutir en ese momento, explícale sin gritar que si no te permite ese ‘tiempo fuera’ las cosas se pondrán muy mal y no quieres ofender. Cuando estés listo, háblale como te gustaría que te hablara a ti si tú hubieras cometido la falta.

> Dale continuidad. Pídele que lea esto y compártanlo. Puede que en ocasiones les falle el nuevo hábito pero dense oportunidad. Con el tiempo y la práctica, en su diccionario no existirá la palabra conflicto, sólo retroalimentación.

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