Mi semana laboral acabará hasta el domingo y ha estado bastante demandante, no me quejo. He estado entre el programa, ensayos de la obra, ayer tuve llamado de una serie que se llama ‘Adictos’, en fin. No me quejo. La cosa es que se ha juntado perramente la chamba de las revistas, el blog y sus mails. Santa Cachucha, hay muchas dudas señores míos. Ya terminaré. Me funciona bastante encontrar un hilo conductor o coincidencias en los mails y postear el tema, mato muchos pájaros de un tiro. Y en esta ‘tanda’ de lectura de sus dudas y agobios, me encuentro con que parece que varios lectores andan en crisis sexuales: parejas que sienten que el deseo sexual anda muy bajo, que sienten que ya no se entienden como antes entre sábanas, o que ven que su contraparte ya no busca tan seguido un encuentro para echar el ‘retozón’. Y bueno, todo se traduce a insatisfacción. La palabra crisis está tan de moda, que a veces no sé si nosotros nos buscamos el pretexto para caer en ella.

Las crisis sexuales casi siempre se derivan de falta de comunicación, de dejar callados una serie de descontentos (sean o no sexuales) que poco a poco nos van carcomiendo hasta que un día los señores genitales parecen no superarlos. Son unos magníficos indicadores. Y claro, la libido baja, o uno puede sentir esas terribles ganas pero cuando recuerda la última trastada, dice ‘Ni madres, ¿ahora hasta premio le voy a dar?, brincos diera’ y así comienzan a pasar días, meses; lapsos en que no se habla claro hasta que uno se atreve a aceptar ‘estamos en crisis sexual’. Y obvio, el entorno nos alcanza. Si estamos en crisis laboral económica o familiar, casi siempre dejamos al sexo para cuando ‘creamos que nos sentiiremos mejor, dadas las condiciones’.

A veces sólo se trata de atreverse. Un poco de forzarse, sí de forzarse. Si las cosas no andan bien con la pareja forzarse a hablar, a decir qué demonios nos está pasando. No queda más. Hablar con toda honestidad y buscar soluciones. Nadie niega que siendo un ‘rubro’ vulnerable, no debamos tratar de encontrar palabras adecuadas y ser lo más sensible posible con la otra parte, pero de ahí ¿a quedarse callado? Y cuando las cosas no andan mal, es decir, simplemente no hay ganas, no hay nada que nos encienda, forzarse a comenzar, a encender la mecha. A veces el deseo no llega solo. A todos nos ha pasado que pensamos ‘¡Bolas, hace ya x cantidad de días que nomás ni un beso bien nos damos!’ pero entre la decidia y los quehaceres, terminamos por decir ‘Ya mañana’. Yo les aseguro que cuando estén en medio de una etapa clásica de ‘ando lo más anti cachondo que hay’, y en serio se propongan tener un encuentro, buscar un pretexto, seducir, dejarse seducir y empezar el juego aunque sea inicialmente de broma, sus hormonas comenzarán a responder. No son de palo. ¿El otro se niega? ¡Sean seductores!, acérquense, convenzan. ¿Sigue negándose? Hablen. Punto. Tampoco hay que caer en la rogonería, así que pregunten. Y tomen decisiones.

Siempre he creído que las crisis nos invaden cuando de verdad tenemos ganas de caer en ellas. Esas etapas no son más que cambios, depende de cada quién hacia dónde llevarlas. A veces marcan el término de algo, a veces un renacimiento, a veces ajustes simples, pero siempre tienen un motivo. Lo único perenne es el cambio y si no nos adaptamos a él y lo bautizamos como ‘crisis’, vamos a vivir en ella de aquí a que la ‘huesuda’ pase por nuestro paquete.

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