jaja, la imagen es sólo para amenizar, pero lean y pongámonos serios.

Soy una gran promotora del uso del condón, y lo saben. No obstante, cuando ya estamos dentro de una relación medianamente larga, No nos hagamos, cada vez se van haciendo más asiduas las relaciones sexuales, y con esto, la petición masculina o mutua de no usar condón más. Obvio, los inteligentes y previsores, comienzan a analizar qué anticonceptivo les convendría. Que si pastillas o parches o inyección o DIU, etc. Lo que claro, todos sabemos es que dichos métodos contraceptivos no protegen contra ninguna enfermedad de transmisión sexual y ahí comienzan las preguntas a solas o en pareja. Siendo ortodoxos, y claramente, muy amantes de su cuerpo, la idea sería antes que nada ir ambos a un chequeo ginecológico y urológico antes de tomar la decisión. Porque obvio, siempre pensamos que nuestro amorcito jamás podría estar infectado de VPH  o VIH y otras. Como que el amor, la convivencia y la confianza que se van creando, hagan de cuenta que les sana el ‘ahí’ al instante. Y su historial queda borrado (sin contar con aquellos que mienten sobre sus ex parejas sexuales y agarrones de una noche). Entonces la mayoría se avienta siemplemente a usar un anticonceptivo que la amiga chuchis les recomendó y que le ha salido muy bueno y fin del asunto, adiós condón y que viva la confianza. El resultado en cuantiosas ocasiones es que claro, de repente resulta que ambos tienen VPH o aún peor VIH. Así de fácil. ¿Quién contagió a quién? ‘¿Ella? Noooo, ella dice que nunca había tenido sexo o que siempre lo había hecho con condón, y ¿El?, él dice que con ella era la primera vez que no usaba protección…’ ¿Entonces?

No se trata de volverse paranóicos pero sí concientes. El hombre o la mujer que tanto amas y que se ha robado tu corazón en dos meses tuvo pasado al igual que tú y pudo tener momentos en que le valió un cacahuate y no exigió o se puso el méndigo capuchón salva vidas. Lo mejor en la mayoría de los casos es primeramente, si ya han analizado la posibilidad de botar el condón, que
ella acuda al gineólogo, en primer lugar para que tras un papanicolau y una colposcopía se determine su estado de salud y en segunda para que el doctor le recomiende el mejor anticonceptivo para su caso. No son dulces, no pueden andar tomándose o inyectándose ‘tal cosa’ nada más porque sus amiguis los usan y no les pasó nada. Y después, que él haga exactamente lo mismo con el urólogo. Ni modo, a ustedes les cuesta más trabajo tomar la decisión de ir con el señor que les ve el pirrín pero así es la cosa. Es una manera importantísima de demostrarle a la pareja que se le ama y hay una preocupación y conciencia por su salud y  SU VIDA. Y una vez realizado lo anterior, ¡chan cha cha chan!, hacerse una prueba de sangre juntos. ¿Da miedo? Más les dará cuando la sintomatología se desate. Hay que estar seguros del VIH y la hepatitis. No hay más. ¿Les suena demasiado? Hay historias, miles de ellas, que hubieran sido de otro modo si se hubieran tomado dichas molestias.

Ahora, ya hecho todo lo anterior viene un punto que a nadie nos gusta tocar. ¡Las infidelidades! Sí, conocí un caso muy cercano de una chava que siempre había salido bien en sus colposcopías, una vez andando con su novio, nuevamente salió bien. Pero el siguiente año, resultó que había presencia de VPH en su cérvix. Ella no había sido infiel, ¿cómo pudo llegar el virus a ella? Es simple, ¿no creen? El doctor y mis búsquedas de información le hicieron pensar que había una pequeña posibilidad de que, ya fuera ella o él, habían pescado el virus mucho tiempo antes de andar y que se desencadenó en ese lapso. No obstante, no es común. Es prácticamente seguro que a las pocas semanas de haberte expuesto al virus, se refleje en tu papanicolau y/o colposcopía. Lo más certero era pensar que él había sido infiel y se armó el circo que terminó en separación, una vez que él ratificó sus agarrones con una tipa de su oficina. No sólo es una cerdada máxima el no estar seguro de tu salud y exponer a quien dices que amas, andar de cola pronta fuera de tu relación también puede provocar que lleves virus y mengambreas a la cama de tu pareja; quien sin deberla ni temerla va a pagar los platos rotos.

No es fácil tomar la decisión de mandar al diablo al condón, de verdad. Piénsenlo mucho. El amor suele cegarnos y le creemos todo al dueño o dueña de nuestras quincenas. Pero la realidad es turbia. Un gran índice de VPH y VIH en amas de casa proviene de las escapaditas de sus maridos. Y muchos jóvenes fueron contagiados en línea directa por tipos que ni conocen. Échenle cerebro.

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