Para que no les vaya a pasar como a mi Pedrito Fernández con sus ‘Vacaciones de Terror’, aquí les pego un informa bastante interesante que me enviaron de una de las muchas agencias de PR que me contactan. Echen ojo, porque a veces esos días de descanso no son lo que aparentan o nos causan peores efectos que el trabajo.

psiquiatra.com
El psiquiatra Miguel Verdeguer señala que la “depresión de la tumbona, la hamaca, o la silla de playa,” se origina por querer aprovechar demasiado el tiempo, intentar hacer muchas cosas y organizar mal las vacaciones.
Estados de ánimo que parecen incompatibles con el periodo de descanso, como la ansiedad, la irascibilidad o el abatimiento, pero que pueden aparecer al producirse un cambio brusco entre un periodo de gran actividad y el inicio de unas vacaciones en las que se han depositado unas expectativas demasiado elevadas, pueden arruinar el esperado tiempo de recreo.

Así es como explica el psiquiatra Miguel Verdeguer el fenómeno de la depresión de la tumbona. Una patología que la clínica psiquiátrica austriaca Wagner-Jauregg ha puesto de relieve recientemente. Organizar un viaje acorde a todos los miembros de la familia, conflictos del hogar latentes, empezar el periodo estival estresado, querer hacer muchas cosas en un lapso de tiempo bastante limitado o pequeños problemas como un atasco o el retraso de un avión son circunstancias que pueden desencadenar esta patología. Pero también, “plantearse unos objetivos irreales, no programar bien las vacaciones o poner unos plazos límites para acabarlo todo puede provocar estrés vacacional y ser una fuente de conflicto”, según indica José Gil Martínez, psicólogo y profesor de la Universidad de Valencia.

El doctor Verdeguer añade que es un error irse de viaje nada más empezar las vacaciones. “Habría que permanecer unos días antes y después de la partida en el domicilio para adaptarse al nuevo ritmo de vida y arreglar los últimos detalles”, puntualiza el psiquiatra. “Cada vez más, la gente busca ser diferente y original en sus viajes y luego se encuentra con que no lo ha pasado bien”, comenta Verdeguer, que añade que no se puede pretender librarse del estrés de un año en sólo unas semanas. La obsesión por conseguir unas vacaciones excepcionales puede generar conflictos con el resto de la familia, explican los expertos.

Verdeguer explica que no es un problema grave. Aunque ante casos extremos apuesta por un tratamiento pluridisciplinar que lime ‘‘algunos rasgos de la personalidad, disminuir la ansiedad y el estado de ánimo más bajo de lo habitual a través de la visita al psicólogo y el psiquiatra”. La clave para evitar el problema es reducir poco a poco el ritmo de trabajo.

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