Suceso realmente común, atemorizador y frustrante. La cosa está así, el chamaco, hombre, señor o sea, humano del sexo masculino, comienza una racha en la que por más que quiere, una vez que comienza el aquelarre, no logra una erección. Y no estamos hablando de Disfunción Eréctil, dado que él amanece constantemente con el pene en erección, a solas y súbitamente le llegan varias. De hecho uno de los síntomas de la DE (que finalmente es otro síntoma, no una enfermedad), es que por lapsos de al menos dos meses no se tenga una erección involuntaria. Esto puede indicar diabetes, hipertensión arterial, etc. Por eso reitero que la DE no es una enfermedad, es un síntoma. También, una consecuencia del uso de ciertos fármacos o el abuso de sustancias.

Bueno, la cosa es que el hombre está sano pero de pronto un día por cansancio, estrés o porque se puso muy nervioso, el Sr. Pen pues no quiso cooperar. Y eso le generó angustia, obvio. La cosa no queda ahí, al poco tiempo, nuevamente no quiso y así comenzó la racha. Los hombres suelen angustiarse y hasta interrogarse sobre sus preferencias, porque solos sí pueden, pero cuando están con su chava, no.

Antes de que generen un verdadero conflicto personal y de pareja, tomen este ejercicio. Por lo regular el asunto se acrecenta, porque la chava pareja del mismo, también empieza a echar a andar su cabecita. Puede cuestionarse si ya no le gusta, si de plano ya no lo sabe motivar, etc. Y ya por ahí de la segunda o tercera vez, comenzará a externarlo. Y claro, a frustrarse, porque a ninguna nos gusta quedarnos a medias y después de un buen rato sin penetración, por bueno y maravilloso que esté el sexo oral o la estimulación manual, terminaremos diciendo ‘¿qué demonios te pasa?’. Y nunca falta la sin-tacto que sí se avienta reclamos y mayor presión. Todo el conjunto genera que se le otorgue un poder y al mismo tiempo responsabilidad funesta a la erección. Por ende, la siguiente vez que la cosa se empiece a poner fogosa, ¿creen que el pobre humano sexo masculino no empezará a rezarse el ave maría y a pedirle a San Juditas de las erecciones que acuda a su ayuda? Y como saben, eso precisamente eso, hará que nuevamente no funcione. ¿Ven?

Pero vamos con el ejercicio. Fácil y rico, como hot cakes… ¿?, olviden la comparación. Bueno, fácil y rico. Tómense unas buenas horas, una tarde entera o un día a solas en un lugar cómodo, có-mo-do. O sea, un motel si no viven juntos y si sí y tienen niños, mándenlos a casa de quien quieran. Y con cómodo me refiero a buena temperatura y confort, la parte de atrás de la camioneta de su papá no aplica. Bueno, ese día, pasen horas y horas de observación y manoseo mutuo. Besos y jueguitos y todo lo que se les ocurra sin presionarse por ‘ya es momento de penetración’. De hecho, se trata de jugar al erotismo sin penetración. No funcionará si se estimulan y etc. pero con el fin y la mentalidad de ‘que ya se pare por favor’. No se trata de eso, justo es quitarle toda la carga que la erección tiene en el asunto. Y permitirle comodidad (y paz) mental al hombre para que deje de angustiarse cada que de repente el asunto no funciona. Verán que solito, solito lo logra. Y ya que si gustan, aprovechen o dejen pasar esa erección, interrumpan para comer, bañarse o ver una peli y luego siguen con más prácticas eróticas. De verdad funciona, la mente es así de caprichosa. En cuanto uno dice ‘Ay ya, si no pasa tal cosa, me vale’, pasa. Prueben y no se me angustien ni frustren.

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