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Cuentos de Ultracama Presenta ‘Olfato’ Gran Final
Regina no olía a duraznos esta vez. Se había puesto un perfume picante, demasiado aseñorado, que mermaba su humor natural. Se acercó a besar la mejilla de Hugo y éste apenas encontró un ligero atractivo en su olor.
- Necesito explicarme.
- No hace falta.
- Por favor.
Los nervios hacían a Regina restregar sus manos contra su falda de futura aeromoza, fruncir la manga de su camisa. Hablaba agitadamente. Hacía pausas para fumar, cosa que al Diablo le pareció extraña ya que nunca había sabido de su gusto por el cigarro, explicó como una confesión a un sacerdote que Elisa le había propuesto un juego, que la había manejado como a una niña idiota y que cuando logró excitarla, se había aprovechado.
- No digas esas estupideces. Eres mayor que Elisa, no quieras pintarla como la lesbiana que anda en busca de niñas tontas qué atacar. La conozco mejor que tú. No es por defenderla pero ella nunca hubiera buscado hacerte algo con maña.
Regina entonces aceptó para sí misma que no había sido manipulada. Se sintió irresponsable y patética tratando de fingirse víctima. Lo aceptó para ella, reconoció que había estado dispuesta. Con menor nerviosismo continuó. Planteó esta vez una situación en la que el alcohol y las bromas habían llevado a ambas a besarse.
- Entonces no sé qué pasó. Empezamos besándonos con pena, riéndonos y luego, el beso se hizo más largo. La risa se nos acabó y empezamos a sentirlo. No supe cómo… no… sí sé como… de pronto el beso nos llevó a abrazarnos y Elisa me empezó a tocar y yo a ella, en las piernas, en los brazos y sentí ganas de quitarle la blusa y…
- ¡Ya! No tengo que escuchar más.
- Déjame terminar, es importante.
Regina le narró cómo pasaron de quitarse la blusa a besarse el vientre y lamerse las orejas hasta que ella misma tomó la mano de Elisa y la colocó entre sus piernas. Reconocía que en ese momento Elisa se había incomodado pero ella misma la había animado a tocarla debajo de los calzones y que en seguida en la estaba masturbando.
- No sé si fueron los tragos o el momento pero llegué al orgasmo en segundos…
- ¡Ya cállate!
- ¡Y en segundos también sentí una culpa asquerosa! Y le dije que se fuera de mi casa y ella se ofendió y se puso la blusa casi llorando. Pero yo sólo quería que se fuera, entonces tocaste tú y abrí y cuando te vi, sólo quería que tú me tocaras porque quería asegurarme, demostrarme que me gustaban los hombres y que no era una lesbiana.
- Dices lesbiana como si fuera una ofensa.
- Para mis papás lo sería, para toda la gente que conozco. Mi papá ha dicho que prefiere hijas putas que lesbianas.
- O sea, no sales del clóset por miedo a tu familia.
- ¡No soy gay!
La plática se cerró con el escepticismo de Hugo, con sus pocas ganas de escucharla. Y Regina subió las escaleras sabiendo que no se verían de nuevo. Pero una semana después, precisamente un día antes de su primer vuelo de práctica, Hugo tocó a su puerta. Llevaba en las manos una caja con bizcochos de durazno. Esa tarde se había cansado demasiado temprano de trabajar en su terraza y de esperar escuchar que Regina volvía a su casa y oír los tacones llegar hasta la recámara, donde los aventaba para ponerse unas pantuflas o quedar descalza. Y entonces, dejar de escuchar sus pasos y escudriñar en sí mismo si se atrevería a subir a verla o a llamarle. De planear subir en media hora y no encontrar el valor para hacerlo al término de ese lapso. A veces veía el reloj y se decía ‘Cuando la manecilla grande esté en el seis, subo’. Y una vez que la manecilla ya pasaba el número, notaba que no se atrevía. A veces fantaseaba, para mal, que escuchaba otros pasos además de los de ella y subía y la encontraba con otro hombre o con otra mujer y se imaginaba llorando por eso. Se descubría enamorado de ella y estupidizado. Cansado y asomado a la ventana, sintió un olor profundo, eran duraznos cocidos, tiernos, calientes. Se puso unas chanclas y salió a la calle en busca de ese olor, un olor a Regina, un olor cocinado a Regina, con canela. Notó que en la esquina de su departamento habían abierto una pastelería. Entró preguntando qué olía a durazno. La dueña no entendía, hacía más de media hora que había sacado los bizcochos del horno y no percibía ya ningún olor.
- Son bizcochos, pero todavía están calientes y no los he empacado.
Hugo se llevó una docena, aún calientes. La dueña tuvo que ponerlos rápidamente en una caja donde envolvía chocolates, dada la prisa y la necedad de comprárselos. Caminando de regreso, tomó uno y se lo metió entero a la boca; los olía, eran perfectos y el azúcar se deshacía entre su lengua, los pedazos tibios y dulces se deslizaban por su garganta. Encontró que era su sabor preferido y subió las escaleras esperando colocar uno de esos bizcochos en el vientre de Regina y comerlo, ensalivando su ombligo.
- Hola. ¿Qué pasó?
- Te traje esto
Regina tomó con un par de dedos una de las galletas, la mordió y lamió sus dedos llenos de azúcar. Hugo sintió claramente una erección ante una simple mordida que Regina le regaló al pan. Se doblegó. La tomó de la cintura y se acurrucó en su cuello mientras ella aún masticaba y se retiraba las migajas de la boca con la lengua.
- Te extrañé.
- No había bajado porque pensé que seguías enojado. Y a veces me enojaba que estuvieras enojado, porque decía ‘Bueno y a él qué le importa lo que pasó, ni siquiera es mi novio’.
Una semana después, lo eran. Como parte de las cursilerías comunes de Regina, estipularon que exactamente el día 8 de marzo habían comenzado a ser novios, a pesar de que dos días antes ya habían tenido sexo en el baño, en la sala de Hugo y en el estacionamiento del edificio. No habían hablado de Elisa, no esa semana. La noche que Regina bajó con una tarta de duraznos -comprada en la misma panadería de donde Hugo había traído los bizcochos esa vez -para festejar que cumplían una semana, el teléfono en casa de Hugo sonó.
- Hola, soy yo.
Elisa prácticamente jadeaba al otro lado de la línea, jadeaba de nervios y de una sensación que odiaba, esa que la hacía tragarse su orgullo porque el cariño la atormentaba. Sabiendo que no tendría porqué llamar al Diablo, lo hizo, sentía que había pasado demasiado tiempo sin respirar. Hugo se quedó callado, viendo la tarta en la mesa y a Regina acomodarse las calcetas que se le habían resbalado hasta los tobillos.
- ¿Qué pasó?
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- ¿Te agarré ocupado?
- Algo
- Ábreme
- ¿Cómo?
- Estoy afuera, ¿puedo pasar? Quiero platicar.
Pocas veces la incomodidad de un momento había hecho que Hugo sintiera cómo le atacaba la gastritis. No le había quedado más remedio que abrirle a Elisa, quien encontró a Regina sentada en el comedor acomodando dos tazas de café que pensaba que acompañarían perfecto la tarta. Se saludaron como si nada y Elisa se sentó en el sofá, esperando que el Diablo, su viejo amigo el Diablo, a quien le conocía todo, se sentara con ella y le contara lo que había hecho esas dos semanas en que no se habían visto. Desde que la había corrido. Pero Hugo se quedó parado, recargado contra el cristal del ventanal de la sala.
- Íbamos a partir esta tarta. Estamos festejando- Advirtió Regina cuando la vio a punto de instalarse.
- ¿Ah sí? ¿Qué festejan?
- Que hoy cumplimos una semana de novios.
Elisa sonrió, fue una reacción que su cuerpo envió naturalmente como alerta para sustituirla por lágrimas de fracaso, de enojo, de cansancio. Y los felicitó. Los tres hicieron de cuenta que esa noche en que Elisa y Regina habían casi tenido sexo, no había sucedido. Elisa se dijo feliz de compartir el festejo y se sentó a la mesa con ambos a comer la tarta más amarga que Hugo había probado en su vida, pese a que estaba perfectamente endulzada y especiada. Elisa les contó que estaba viviendo con una amiga del trabajo que se acababa de divorciar. Sólo había pasado cuatro noches en un motel y enviado sus muebles a casa de sus padres cuando su amiga Gabriela le dijo que le encantaría que compartieran la renta. A pesar del aparente bienestar actual de Elisa, al Diablo le cundía una culpa que casi le dolía. Imaginar a Elisa esos cuatro días en el motel, sola, llorando por lo que había pasado, lo hacía sentir que no podría perdonarse a sí mismo su falta de lealtad. Después de todo era la única amiga que había estado con él cuando la enfermedad de su madre. La plática se fue hacia el entrenamiento de Regina, quien comentó que en unos días comenzaría a trabajar de planta en la aerolínea. Viajaría seis días a la semana y descansaría uno. Habló de las rutas que le tocarían y de lo poco que podría estar en el DF. Elisa le deseó suerte casi a punto de despedirse. Cuando estaba por levantarse de la silla, sintió una mano en su muslo, una caricia obvia y franca. Volteó hacia Regina y la descubrió sonriéndole y dejando casi claro que ese toque en su muslo era un coqueteo.
Las semanas de Hugo se hicieron largas. Contaba los días para que Regina volviera, todos los días le llamaba para contarle en qué provincia estaba, si hacía calor o llovía o si había encontrado un perfume baratísimo en un duty free pero nunca preguntaba por él. No obstante, él la recibía con flores y la cama llena de pétalos, con un baño caliente con sales olor a menta o con una cena de mariscos. Hugo empezaba a sentir que algo no estaba haciendo bien. Pocas veces notaba que Regina llegaba al orgasmo cuando se acostaban. Estaba seguro que más de una vez en esos cinco meses de relación, ella había fingido tener uno. Hugo se esforzaba, incluso no se permitía el quedarse por horas oliéndola para no distraerse de la acción y se dedicaba sólo a besarla y acariciarla y penetrarla y a encontrar nuevas posiciones y mejores lugares, había comprado cojines de plumas donde ella pudiera recostarse y sentirse flotar. Pero Regina cada vez era más fría, en una de esas ocasiones, descubrió que se había inventado una infección vaginal para no tener sexo, pues su ropa no olía a pomada medicinal. Ya vivían juntos y Hugo podía olfatear cada una de sus prendas sucias. A los tres meses, bajo el pretexto de que no tenía caso pagar una renta por un solo día a la semana en México, Regina había cancelado su contrato con el casero, vendido sus muebles e instalado en casa del Diablo. Nuevamente, el lunes por la mañana Regina salió con destino a más de cuatro ciudades. Hugo se sintió solo. Se dio cuenta que sus días ahora consistían en trabajar, ver de vez en cuando a sus amigos de la universidad, quienes tampoco veían nunca a Elisa, y planear la llegada de Regina. Sintió compasión por él. Recordó las tardes y noches de plática interminable con Elisa, sus juegos de Xbox juntos, las idas a los bares de trova que a ella le encantaban, las obras de teatro musicales que él odiaba pero que terminaba disfrutando con ella. Entonces le llamó, una voz decía que su celular había sido cambiado. La última noche que la había visto, aquella del festejo con la tarta de duraznos, no le había pedido el teléfono de su casa. Llamó a su oficina y una voz desconocida contestó su extensión.
- ¿Elisa? Ya no trabaja aquí. No, no sé dónde trabaja ahora. Sólo sé que viaja mucho pero no sé a qué compañía se fue.
Hugo recordó que había contado que vivía con una amiga de su trabajo y preguntó a la voz desconocida si ella sabría quién era y si se la podría comunicar. Lo comunicó con Gabriela.
- Sí, sigue viviendo conmigo aunque ahora trabaja por su cuenta.
- ¿Por su cuenta? Me dijo tu compañera que viaja mucho, ¿es por su trabajo?
- No… ¿quién dijo que habla?
- Hugo
Gabriela colgó. Hugo volvió a llamar pero nunca le contestó de nuevo. Pensó que le había perdido la pista para siempre a su mejor amiga. Sintió remordimiento. Llamó a seis amigos de la universidad y nadie tenía sus nuevos teléfonos. Llamó nuevamente a Gabriela y ella le dijo que no le podía dar el celular de Elisa ya que ella se lo había prohibido. Hugo pensó que Elisa lo odiaba, quizás no le perdonaría nunca que le dejara de hablar, que la corriera y que anduviera con Regina. Pasó tres días tratando de conseguir su teléfono sin suerte. Entonces se dio cuenta que ya faltaba poco para el regreso de cada semana de Regina y lo distrajo la planeación de la sorpresa con la que ésta vez la recibiría. Pero un día antes, llamó para decirle que estaba en Cozumel. Aprovecharía que le habían dado dos días de descanso para quedarse en la isla. El olfato de Hugo le advirtió algo. A veces pensaba que su don no sólo le permitía descubrir cosas físicas sino también abstractas. Regina le dio el teléfono del hotel en el que estaba y su número de habitación. Al colgar con ella, marcó de vuelta y se dio cuenta de que no mentía, estaba hospedada ahí y en la habitación dicha. Hizo una maleta pequeña, con apenas un traje de baño, unos jeans y dos playeras. Tomó un taxi hacia el aeropuerto y esperó dos horas y media hasta que el siguiente vuelo a Cozumel salió. En el transcurso, en el aire, y sobre tierra, en el taxi se imaginaba las diferentes reacciones de Regina. Tal vez lo recibiría con un gusto enorme y lo besaría cuando él la fuera a encontrar a la alberca, donde sola, se asolearía y leería una de esas revistas de chismes europeos que le encantaban. O tal vez la encontraría ahí mismo con otro hombre, con un capitán quizás, o con uno de los técnicos de vuelo y él saldría de ahí destrozado, pero sabiendo la causa de su frialdad.
El calor era intenso, fustigante, no había pensado en eso y se había subido al avión con una camisa de tela grues. Bajándose del taxi, en la entrada del lobby del hotel, sentía que las gotas de sudor escurrían por su espalda. Nadie le preguntó nada. Podía llevar a todos lados su pequeña maleta y salió hacia la playa, vio la alberca que parecía gritarle que se zambullera en ella, el calor lo agobiaba. Caminó hasta la playa, casi desierta en esa temporada no vacacional. Caminó buscando a Regina, pensándola en la playa, tal vez remojándose los pies con el vaivén de las olas. Sintió cómo la arena se empezaba a meter en sus tenis y los calcetines sudados creaban una masa que le lastimaba los pies. Sus ojos por sí solos, voltearon hacia una palapa, donde dos pares de pechos desnudos estaban tendidos sobre un camastro doble. Dos mujeres recostadas juntas, con grandes sombreros y lentes de sol. Le pareció una ensoñación que de adolescente le habría servido para tener un buen relato con sus amigos de la secundaria. No fue el morbo ni su naturaleza lo que lo hizo acercarse, el camino de la playa lo llevaba inevitablemente hacia ellas. Reaccionó y recordó lo que lo hacía estar ahí y se enfocó de nuevo en buscar a Regina, entonces escuchó su nombre, casi llegando a un metro de ese par de mujeres topless. Era una voz conocida la que lo pronunciaba, en un tono juguetón, ‘Regina, ya. Deja de echarme hielos en la espalda’. Ambas se reían. Hugo se quitó el sudor de la frente, que ya escurría hacia sus ojos, cegándolos. Dio unos pasos más para descubrir que ese par de mujeres topless se besaban en un beso largo, ensalivado; sus pechos desnudos se rozaban y finalizaban en un abrazo. Frente a ambas, los lentes de sol y los grandes sombreros de ala ancha no podían seguir escondiendo sus caras. Eran ellas.
Hugo, jamás había tomado dos vuelos en un mismo día. Aún empapado en sudor, el aire acondicionado del aeropuerto secaba su cuerpo y su ropa. Pensó que se agriparía, los cambios de temperatura eran drásticos. Tomó el vuelo de la noche hacia la Ciudad de México. Pasó la tarde en el aeropuerto, apenas comió en un Mc Donald’s y caminó, recorrió como cuarenta veces el pequeño aeropuerto. Llegó a su casa y sin ni siquiera entrar al baño o tomar un vaso de agua, se dirigió a la recámara, tomó toda la ropa de Regina, sus cosméticos, sus cosas del baño y la cocina, y sin envolver, los dejó en la portería. El portero se quejó de que le dejara ese tiradero pero Hugo no hizo caso. Dos días después Regina se encontró en la reja del edificio con Hugo, ella volvía bronceada y feliz de su par de días de descanso, le sonrió. Trató de besarlo y Hugo volteó la cara. Entonces él la tomó con fuerza, con una sola mano apretó sus mejillas, hundiendo sus dedos y sintiendo sus muelas debajo de la piel. Regina, sin entender, trataba de hablar para preguntar qué sucedía, pero la mano de Hugo apenas la dejaba mover la boca.
- Tus cosas las tiene el portero. Llámale a tu novia Elisa para que te lleve a vivir con ella, porque ya se te acabó tu pendejo. Pinche lesbiana asquerosa. Supongo que vendrás muy bien servida de tu viaje. Te vi en la playa casi encuerada besuqueándote con ella. Dile a Elisa que tiene razón, siempre supo hacer las cosas mejor que yo, en este caso, enredarse con una perra como tú.
Se cerró la puerta del edificio de Hugo. Tardó meses en sacar el olor a durazno de su casa.
29 Comentarios a “Cuentos de Ultracama Presenta ‘Olfato’ Gran Final”
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La primera sin un final feliz o cómodo.
Muy fuerte Elsy, podía imaginar el final, pero no lo violento en la reacción de Hugo.
Aplausos.
Wuaw que final tan cruel, hahahaha esta muy bien el tema de los olores y fragancias que identifican a cada persona que despiertan los mas bajos instintos y esta mas cañon la infidelidad, que te la bajen a tu nena, tu mejor amigo o peor que te lo baje tu amiga hahaha. Elsy esparare impacientemente el proximo cuento, ya que aparte de que nos deslumbras con tu belleza, tambien lo haces con tu imaginacion senxual.
jejeje saludos
Lo que mas me sorprende no es el lesbianismo si no por que se juega una doble vida? por la sociedad, por la familia todo estaría bien sin que se lastime a nadie, pero este cuento sucede con mucha frecuencia desafortunadamente es muy común estos juegos dobles por que se aferran a una vida que no les satisface y yerren a otros en el camino
ouch :S todo lo que una mujer puede hacer por celos… y lo que termina pasando.. a mi no me hacen mensa (bueno a veces) pero Regina ya era lesbiana .. bueno asi me lo imagine yo anyway gran cuento Elsy!!
me gusto bastante sobre todo por que el final no fue feliz como bien dijo Nayid.
Como dijo Dianarl: Ouch!!!….. la historia muy buena, excelente…. diré que no me gustó como quedo el Hugo, pero solo es una historia, aunque hoy día hay cosas que no me sorprenderían el que sucediesen. La reacción al final hubiese sido el de cualquiera o la de cualquiera por una infidelidad y falta de honestidad sobre una relación moribunda en el caso de Hugo y las dos chicas. sobre el asunto del olor a Durazno…. pues … no sé que opinar…
Abrazos Elsy….
Vaya final… este “the end” no quedo como de tvnovela con final feliz y todos se amaron…
Elisa que en los otros capitulos se veia que quedaria sola y sin amor le salio mejor la estrategia… se quedo con Regina… jejeje… buena venganza…
Saludos!!1
wow wow wow
me encantò este final!!!
ahh muy buen final, bueno para mi los mejores finales son los k salen de lo trivial de todos juntos y felices
y este es en verdad muy bueno!
y el hugo d las dos tortas….
jaja
sera el Hugo de las dos tortillas???
wua
genial
impresionante
superduperrecontraqueguau
inimaginable
besos Elsy
Muy bueno Elsy
saludos…
¡Está muy bueno el cuento Elsy! ¡Buen final! Felicitaciones!
Muy buena historia, aunque se me hizo algo corto, mi opinion se abocara a lo de los olores, que horrible es que cuando se acaba la relasion noviera: el olor a tu pareja sigue presente, ya sea en tu cama, si durmieron juntos; en tu casa si vivio a tu lado o peor aun cuando en la calle te encuentras a alguien que lleva el perfume que tu viejo amor siempre se ponia, se te detiene un poquito tu mundo al evocar viejos recuerdos junto a tu pareja.
Buen final. Me gusto, el final si era predecible pero gusto, bien bien
Estuvo bien para cuando el otro sigue as
Bueno el final, aunque mejor se hubiera zumbado a las dos….
Woww!! Ahora sí que ni pensando este final…
Y para el olor a durazno que lave con cloro!! jajjaa
Zas! pero dónde quedó todo el amor de Elisa hacia Hugo??? Se desvaneció así como así??? o más bien nunca fue amor… pobres de los 3, llenos de culpas y cosas
Me encantó que no sea el típico final Feliz, Excelente cuento Elsy, me latió bastante
GUAUUUU !!!
Buen final, quien iba a pensar que el bato se quedara solo, y las chavas se unieran amorosamente.
cuando el proximo cuento??? yaaaaaa !!!!
Que buen final, que poca madre que Regina de no batearlo desde un inicio, pero bueno, cayeron solitas, lástima de lo que gastó Hugo en los boletos, pero le sirvió para quitarse la venda….saludos Elsy! sigue así
pobrecito hugo, pero bueno menos mal que se dio cuenta de lo que pasaba. excelente historia!
ESPERABA UN POCO MAS. PERO ESTUBO BUENO!!!!
Que idiota es el Hugo, mejor se hubiera llevado a vivir a las dos viejas para aventarse un threesome diario.
De todos modos, si tiene la lana para ir a Cozumel y regresar, pues ni modo que no le alcanzara para tener su miniharem bien equipado.
Bueno este final, un poquito cargado y por lo tanto, algo lento a la mitad, pero me agradó; ya era hora de ver un final no feliz, al menos para el protagonista, porque las nenas seguirán dándose sus agasajadas.
JAJAJA ESTE HA SIDO EL MEJOR DE TODOS ELSY JAJAJA
me gustó, realmente me gustó, sólo sentí un poquito apesurado el final, pues esperaba una parte más, aunque me gustó.
qué mal plan por el cuate, le aplicaron eso de “sólo una mujer sabe lo que una mujer quiere”.
y ahora a esperar con ansias el proximo cuento.
wow k bien el diablo reacciono muy viceral no crees, pero igual estubo muy muy chido, cuando termine con una relacion laaaaaarga lo primero(a las 2 hrs) k hice fue comprar un perfume nuevo jajaj casi no funciono mejor seria lavar todo con legia jeje bueno gracias por el cuento
Mendiga Elisa.
Y porque no intentó un trio el Diablo??