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Cuentos de Ultracama Presenta ‘Relatividad’ Gran Final
Roberto bajó del taxi con las manos temblorosas. Cuarenta y cinco minutos de trayecto desde el aeropuerto le habían dejado claro que todos esos relatos sobre lo caótica que es la Ciudad de México eran ciertos. Se sentía como un alfiler en medio de una madeja enorme. Temió que el taxista no lo dejara en la dirección que Gladys le había dictado por el teléfono. No sabía ni siquiera dónde dormiría esa noche. Tenía hambre, con sólo los cacahuates y la cerveza que le habían dado en el avión trataría de sobrevivir al menos hasta que viera a Kitty y la convenciera de regresar con él a Guaymas. No tenía tiempo de ir a comer, de buscar dónde comer. Estaba frente al portón de los departamentos. Timbró y la misma voz del teléfono contestó el interfono.
Kitty vaciaba su bolsa tratando de encontrar una toalla húmeda para limpiarse. Se sentía pegajosa, imaginaba su vagina totalmente embadurnada. Siempre odió esa sensación de humedad después del sexo. Desnuda y sin decir nada revolvía su bolsa y comenzaba a arrepentirse de estar ahí. Nunca antes había estado en un motel. Matías observaba fijamente sus pechos pequeños y se dio cuenta que no los recordaba. Volver a verlos, y volver a tocar su cadera, sus pantorrillas, sus nalgas habían sido un redescubrimiento. Kitty salió del baño y comenzó a buscar su ropa tirada desde los escalones hasta el pie de la cama, donde Matías, todavía desnudo, no se movía.
- No te vistas
- Ya vámonos Matías. Ya es de noche.
- Quiero quedarme aquí a dormir contigo.
- Mi mamá se va a preocupar si no llego a dormir.
- ¡Eres mi esposa! ¿No le puedes decir que estás con tu marido?
- Es más complicado que eso.
- No hables de complicaciones. Gladys apenas se mudó conmigo hace dos días y no tengo ganas de llegar a dormir con ella. ¿Y tú dices que tienes complicaciones?
Matías se aceptaba vencido por los años de espera, por la idealización que había creado alrededor de Kitty. A pesar de que cuarenta y ocho horas antes la había tratado peor que a una puta cuando la vio esperándolo fuera de su oficina, la frase ‘Sólo hazme el amor y te vas a dar cuenta que podemos regresar’ fue suficiente tentación para que esas mismas cuarenta y ocho horas se convenciera a sí mismo de que era la único que deseaba.
- Es horrible cuando tu boca dice una cosa y tu cuerpo quiere otra.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque desde que regresaste me he pasado diciendo que te odio, que no voy a permitir que veas a Esperanza, que no quiero volver a verte. Lo he repetido tantas veces frente a mi mamá, a Gladys, a mis compañeros del trabajo que pensé que podía volverlo realidad. Pero no pude. Aquí estoy.
Kitty no supo si sentía ternura o sólo el ego alimentado pero escuchar eso la hizo nuevamente lanzarse sobre el colchón y buscar las manos de Matías, nuevamente estaba debajo de su cuerpo dejándose besar. Recordó la última plática que había tenido con su madre, la seguridad con la que había dicho ‘Vine a recuperar a mi familia y como sea voy a convencer a Matías de que regresemos’ cuando en su interior ni siquiera sabía a qué había vuelto. No le causaba nada sentirse nuevamente penetrada ni estimulada por él. Comenzaba a sentir comezón, exceso de saliva en su cuerpo, una especie de asco muy callado la empezó a invadir, pero sonreía y dejaba sus caderas moverse al vaivén de los movimientos de Matías. Se imaginaba dejándose violar, haciendo un esfuerzo por recuperar a su hija como esas mártires maternales de la historia. Pensó en ella al tiempo que reconoció que no la conocía que no tenía razones para quererla. ‘Tal vez es cierta la afirmación de que a un hijo no se le puede querer por el hecho de que sea tu hijo, necesitas conocerlo para amarlo’. ¿Para qué quería recuperar la vida de la que había huido?
- Se llama culpa.
- ¿Qué?
Matías salió de su perfecto orgasmo para escuchar a Kitty.
- Estoy aquí por culpa. Porque no podía vivir sin pensar que los había dejado a ti y a Esperanza.
- Pero ¿me amas?
La gran pregunta. Un zumbido le atacó los oídos y le hormigueaban las manos. Tenía ganas de decir ‘Claro que no. Sólo quería demostrarme que podía tenerte otra vez y chingar a la perra de Gladys pero no sé qué hago aquí’. No obstante contestó un ‘Sí’ casi susurrado y un beso terminó la frase.
- Mañana voy a hablar con Gladys. Sé que no se lo merece pero lo mejor es pedirle que nos separemos. Quiero que nos mudemos a otro lado, los tres. Tenemos que pensar cómo vamos a plantearle las cosas a Esperanza para que poco a poco te vaya aceptando. Y también creo que debemos ir a terapia los dos, tú y yo. Tenemos mucho que perdonarnos pero estoy seguro que vamos a poder recomenzar y…
Kitty dejó de escuchar. Su mente se fue a Guaymas, añoró sus caminatas por la playa, atender el restaurante, la sensación de ser otra persona, a Roberto. ‘Quiero estar en ambas partes, vivir las dos vidas y al mismo tiempo no quiero ninguna. Quiero volver a tener dieciséis años y no embarazarme’. Declaró Kitty a una mujer que sin querer se había puesto a platicar con ella en una librería a la que entró cuando salió del motel. Matías la había dejado en la esquina de su casa una vez que resolvieron que no podrían pasar la noche juntos (lo cual relajó a Kitty) pero sintió ganas de caminar para acomodar en su cabeza todo lo que Matías le ofrecía y en vez de tomar rumbo hacia su casa, fue hacia el parque. La lluvia la empujó hasta la librería. Almudena, encargada de la sección de libros esotéricos la vio sentada en el escalón del baño y se ofreció a escucharla. Le parecía obvio que una niña con esa expresión necesitaba ayuda. ‘En una ciudad como esta es imposible encontrar a alguien que nos escuche cuando lo necesitamos. Parece que tú lo necesitas. ¿Estás bien?’, fue su modo de acercarse. A pesar de la renuencia de Kitty, esuchó confesión tras confesión media hora después. Una desconocida terminó por ayudarle a aclarar lo que realmente quería y la instó a dejar de revolver la vida de los demás. Nunca la volvió a ver pero cada que necesita un consejo imagina que Almudena la encuentra y le regala su sabiduría.
Gladys, cansada de marcar inútilmente el celular de Matías, le pide a Roberto vuelva al otro día. El aún hambriento hombre ha pasado la tarde entera relatándole con toda minuciosidad todo tipo de armas que puede usar para alejar a Kitty de su nueva vida. Ya sabe lo que estuvo haciendo esos años, hasta que se hizo pasar por otra persona pero desea como nada que Matías lo escuche.
- Ya es tarde y tengo que acostar a mi hija… a la hija de Kitty y mañana tengo que trabajar temprano. Matías debe estar en alguna junta y seguro va a llegar muy noche. Además tienes que buscar un hotel donde quedarte. ¿Quieres que te pida un taxi?
A cambio de que vuelva, Gladys le promete a Roberto que le conseguirá la dirección de la madre de Kitty. La sabe de memoria pero necesita asegurarse de que Roberto regresará a dar fe de lo que ella cree que será el informe que dará la última estocada a Matías quien abre la puerta en ese instante. Todavía le cuesta disimular la sonrisa que le dejó su tarde con Kitty. Al escuchar cómo gira el picaporte de la entrada a su vida real recuerda que necesita crear un discurso, lo menos dañino posible para terminar con Gladys. Cuando la ve sentada en la sala se da cuenta que no tiene el corazón para hacerlo pero un hombre que la acompaña distrae su atención.
- Él es Roberto. Es el hombre con el que Kitty vivió todos estos años. Vino a pedirnos que lo ayudemos a localizarla. Tienes que escucharlo.
- ¿Para qué tengo que escucharlo?
- Para que te des cuenta de que no podemos dejar que se acerque a Esperanza. Por si aún te quedaba una duda.
Si las emociones pudieran expresarse visualmente, Matías hubiera visto su corazón diluirse y escurrírsele por el pecho, completamente ensangrentado mientras escuchaba a Roberto. Finalmente estaba frente a otro imbécil igual a él que tenía la esperanza de volver a verla. Sintió lástima por ambos y un odio irrepetible hacia Kitty, la Cristina del tal Roberto. Le dio la dirección donde podría encontrarla como símbolo de su propia renuncia a ella y le pidió que se fuera.
- No entiendo para qué la quieres de vuelta en tu vida. Pero si quieres ve a buscarla. Te lo digo por experiencia, no confíes en ella.
- Sólo quiero que me explique. A diferencia de ti, yo todavía la quiero y sé que me quiere pero necesitaba venir a buscar a su hija y yo le hice tan difíciles los últimos días que dejó de confiar en mí y por eso se escapó. Pero una vez que vea que su hija está bien va a regresar conmigo.
Gladys detectó los celos de Matías al escuchar a Roberto. Podía olerlos y se asustó. Estaba claro que todavía le importaba Kitty. No supo cómo, pero empezó a llorar, harta de tener miedo de ella. Y explotó, sintió cómo la garganta se le abría en un grito y se rindió.
- Quédate con ella. ¿Crees que no me doy cuenta? ¿Dónde estuviste hoy? ¿Por qué no te pude localizar? ¡Estabas con Kitty!… ¡Qué pendejo eres!
- Gladys, no quiero lastimarte. Te quiero muchísimo pero entiéndeme. Ya sé que soy un pendejo pero ¿qué hago? No la pude olvidar todos estos años.
- ¡Dale en la madre a tu hija y a tu vida! ¡Haz lo que quieras cabrón, ya no puedo más! Acabas de escuchar cómo le vio la cara al tipo ese y todavía no te convences de que es una basura. ¡No lo puedo creer! Eres un completo pendejete.
- Gladys, tienes veintiún años. ¡Tenemos veintiún años! Deberías estar disfrutando, saliendo con tus amigos, conociendo gente ¿para qué te quieres amarrar a mí y a una niña?
- ¡Porque te amo ojete! ¡Por eso! ¡Porque soy una idiota!
Gladys cerró los ojos y se imaginó estrangulando a Kitty, lentamente, dejándola sin aire hasta que las cuencas de sus ojos enrojecidas quedaban suspendidas, sin movimiento. Saboreó esa escena en su cabeza, le hubiera gustado ser capaz de realizarla. Tomó su bolsa y caminó hacia la puerta.
- Mañana mando por mis cosas. Espero que al menos tengas los huevos de defender a tu hija. Ella no tiene la culpa de nada.
Matías se quedó dormido al fin a las tres y media de la mañana con toda la carga de culpa posible en su espalda. Soñó con Kitty, la veía acercarse a su cama mientras él dormía y decirle al oído ‘Sólo vengo a despedirme. Cuando quieras verme, sueña conmigo’. Despertó de golpe y sintió un miedo deplorable, angustia de que el sueño fuera real y nuevamente se fuera, desapareciera. No le importó la hora, eran las cinco para las cinco de la mañana pero necesitaba hablar con ella, cerciorarse de que no se había ido otra vez y llamó a casa de su mamá quien a pesar de la hora contestó apurada.
- Señora, soy Matías.
- ¿Dónde está Kitty? ¿Qué le pasó a mi hija?
- ¿Cómo? ¿No sabe dónde está?
- No vino a dormir. Me dijo que te iba a ir a buscar y es hora que no regresa.
Como un dèja vú, una serie de escenas idénticas se vieron de nuevo Matías y la madre de Kitty buscándola en delegaciones y hospitales, exactamente igual que la primera vez que se fue. Nuevamente no hubo rastro de ella. Roberto apareció por la noche en casa de la madre de Kitty. Matías y ella regresaban de levantar un acta por su desaparición. Se encontraron los tres en la puerta y lo enteraron de todo.
- Por favor Roberto, si mi hija se fue de regreso a Guaymas hágamelo saber. Sólo para tener la seguridad de que está bien.
Roberto se encaminó al aeropuerto. Tenía la ilusión de llegar a su casa y ver a Kitty esperándolo, convencida de que ese era el lugar donde debía estar pero tampoco la encontró ahí. Desde esa noche comenzó a soñarla exactamente como le sucedía a Matías. Platicaban y ella le decía que estaba bien, una noche pudo sentir su olor con claridad cuando despertó. Nunca creyó en esos cuentos de los viajes astrales de los que Kitty siempre platicaba. Comienza a pensar que son ciertos y que es visitado por ella incluso tres años después, cuando ya vive con Amber, una americana que conoció en su restaurante y a la que enamoró y convenció de dejar Columbia por Guaymas.
Esperanza celebra su cumpleaños número siete. Gladys, la vieja amiga de su padre, como cada año, le regaló el pastel ya que su esposo tiene una cadena de pastelerías. Su vientre ya luce más de cinco meses de embarazo. Matías y ella se abrazan al despedirse. La fiesta termina. Matías se acuesta, ha pasado el día preparando la casa para los invitados, desea soñar de nuevo con Kitty, hace una semana que no la ve, al menos no lo recuerda. Nuevamente esa noche no sucede. Kitty ha estado demasiado ocupada, su hijo Matías ha estado enfermo de neumonía. Para animarlo le promete llevarlo a México a conocer a su papá y a su hermana Esperanza. El niño duerme. Kitty tendrá tiempo de avisarle a Matías que está por volver.
10 Comentarios a “Cuentos de Ultracama Presenta ‘Relatividad’ Gran Final”
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Gulp, que final, me gusto. es como creo que debio ser. yo si creo en los viajes astrales
Snif Snif…eso son circulos viciosos y no jaladas.
Excelente final, mucho drama suspenso…m perdi un poco n lo d la viejita con kitty,pero l final s inmensamente genial.
Gracias por semejante historia.
Espero algun dia la pongas completa.
D nuevo, soy fan d la historia,muy real,casi siento q m paso
WAAA!!
Que buena!!
Esperé mucho tiempo para que terminara… Y me dejo satisfecha.
Ese Matías nunca falla, donde pone el ojo, pone la bala. XD
Sinceramente no me gusto el final.
Sinceramente a mi tampoco, quedo en lo mismo, en que se paso de lanza la morra. Peeeeero, ya espero ansioso el próximo cuento jojo. Buena vibra
Todo era una buena historia, no un melodrama, pero sí un telenovelezco nudo de gente tóxica, TODOS… Histriónico y novelezco, como dije, pero me mantuvo entretenido; no así el final, que no es que no me haya gustado, es que no lo entendí… pareciera una especie de sueño intermitente, esa Kitty resulta un cúmulo de patologías, jaja, anyways… Si ese es el nuevo estilo de los Cuentos, habrá que ver el siguiente y cómo se desarrolla.
Saludos y gracias por su tiempo/Creatividad, M.E.
woow!
como siempre nos dejas con un excelente sabor de boca.
para cuando el proximo?
no tardes!! muero x leer mas!
Me encantó. Estrujante historia… me siento como ella, toda segura de que si decidiera regrasar a la vida de algunas personas, caerían sin problema. Pero no quiero. Tóxica como yo x.x
Roberto… Kitty… Guaymas.. ay ca’on!
Elsy como estas?
bueno pues aqui ando visitando tu página nuevamente.
Queria decirte que ya extraño los cuentos de ultracama
jejeje haber cuando nos sorprendes con alguno
saludos y felices fiestas!!