Parece que el podcast ‘Desmitificando al hombre’, ha causado algunas introspecciones muy interesantes que me han compartido vía mail. Una en particular me llamó mucho la atención. Una mujer de veintiocho años que se sentía hecha un nudo con respecto a la concepción de que cada ser humano debemos responsabilizarnos de nuestro placer y compartir ese disfrute personal con la pateja en la construcción de una relación sexual plena. Me comentaba que le parecía egoísta. Este pensamiento, hay que aclarar, no consiste en convertirnos en unos egoístas verdugos en búsqueda del propio placer por encima del otro, sino de permitirnos conocernos, al tiempo que ejercemos una buena comunicación sexual en donde indiscutiblemente plantearemos nuestro derecho a gozar, a ser respetados en nuestra integridad y a expresar lo que deseamos y lo que no. En tanto nuestra pareja hace lo mismo por él o ella. Es entonces donde surge una verdadera comunión sexual, no hay ‘deberes’ ni ‘obligaciones’.

Así como no debemos –sobre todo en el caso de las mujeres- cargar de toda la responsabilidad de MI placer a la pareja, esperando que me ‘enseñe’, me dé gusto, me haga sentir, tampoco podemos -ninguno de los dos géneros independientemente de orientaciones- permitirle al otro que ‘en su búsqueda de placer’ nos lastime ya sea física o emocionalmente. Porque nunca falta quien ‘responsabilizado de su disfrute’, promueve alguna práctica que al otro le resulta dolorosa. Un ejemplo recurrente es el del sexo anal: mientras él está pero que hasta gime, a ella no le queda más que morder la almohada y lagrimear, porque sabe que si le dice a él que le duele le dirá que es una ‘apretada’ (y miren que queda al dedo este adjetivo), o bien, que le pedirá casi cariñosamente ‘Aguántate tantito nena, ya casi termino’.

En ocasiones llegar al justo medio o al equilibrio como cada pareja lo concibe es todo un arte. Porque podemos saltar al otro lado de la raya, donde  pretextando la demanda de respeto tampoco nos abrimos a experimentar. Muchas personas no encuentran el modo de que su pareja acceda a alguna nueva experiencia no sólo inofensiva sino que podría ofrecerles todo un abanico de nuevas posibilidades juntos. Es fácil a sabiendas de esto disfrazar el miedo a descubrir, incluso a sentir placer con una solicitud de respeto. Complejos solemos ser.

Ahora, otro mail con respecto al mismo tema decía algo como ‘Los hombres son unos conchudos, y si encima se les dice que nosotras somos responsables de nuestro placer, menos harán porque la pasemos bien’. Comentaba que todas las parejas sexuales en su haber, habían sido poco delicados y desinteresados en que ella estuviera desde cómoda hasta excitada, en sus palabras ‘Nomás con tal de meterlo cuando se les antoja’. Volvemos a lo mismo. En definitiva, nosotros no estamos para ‘educarlos’ como amantes, sin embargo, si una persona decide quedarse con alguien que en ningún momento procura su bienestar en cualquier sentido –no se diga en el sexual- sí está fomentando que crea que esa es la dinámica, que es lo común y que sus derechos pueden estar encima de los ajenos. Se le está maleducando.

La fórmula de ‘responsabilizarse del propio placer’ implica por obviedad el promover que el otro disfrute, es un proceso de dar pero sin espejismos como ‘él me tiene que enseñar’, ‘ella tiene que estar dispuesta cuando a mí se me pare’, etc. Si se toma en sentido puro entonces únicamente nos reuniríamos a masturbarnos en la presencia del otro. ¿No creen?
¿Les ha sucedido? ¿Han tenido parejas (hombres o mujeres) que han aplicado el ‘pos mientras yo tenga un orgasmo, el otro que reviente’?

Share Button