El gran problema de genitalizar el sexo, es decir de centrar toda la dinámica en la penetración y la estimulación del pene, vagina, clítoris, se encuentra en que la mayoría de las relaciones se vuelven monótonas y regularizadas. Solemos focalizar el placer sólo en esta pequeña –claro poderosa, pero pequeña- zona. De pronto podemos mostrar originalidad en estímulos genitales pero tarde o temprano requeriremos de utilizar el resto del cuerpo para evitar esa sensación de ‘ya lo probamos todo, ¿qué sigue?’. Realmente podemos amarnos con todo el cuerpo, tenemos la piel, muchos, muchos centímetros constituyen al órgano sexual más grande del cuerpo.
Por lo regular le damos un estatus de ‘juego previo’ o ‘faje’ o ‘lo que viene antes de que se ponga la cosa buena’, a la utilización del cuerpo entero como base del erotismo. Por el contrario, cuando sabemos que la verdadera relación sexual está en cada paso y en cada caricia, donde la penetración es sólo la cereza del pastel, cambiarán muchas de nuestras concepciones del sexo. Incluso, se le quitará esa carga –muchas veces insoportable- al pene y su rendimiento. Y claro, los problemas que surgen de ese falocentrismo como el temor por eyacular antes de tiempo, perder la erección, etc.

Limitarnos a vivir el sexo sólo por presencia de coito es desaprovecharnos en un 70%, al menos. Puntualicemos en nuestras relaciones que ‘lo bueno’ está desde el comienzo, y explotémonos como amantes, todo ese potencial.

Debido a que tenemos ya ese patrón, por así llamarlo, será común que cuando nos decidamos a darle su lugar e importancia a los juegos de dedos y lengua no genitalizados, sintamos –dada la excitación que provocarán los estímulos- urgencia porque esa manita o lengua se vaya hacia nuestra vulva o pene, porque de ese modo estamos acostumbrados a traducir la respuesta sexual. Es normal, ténganse paciencia. Y, cuanto más tiempo le den al toque genital, más intensas serán las sensaciones. No se trata de ‘aguantar’ o sufrirlas sino de enfocarse a sentir, a gozarse en cada pedacito de su cuerpo.

Para este placer pueden utilizar aceites de masaje. El aroma es importante, debe gustarle a ambos. Dedíquense a acariciar, y con esto no sugiero que se imaginen una escena lenta y excesivamente rosa. Hay de caricias a caricias, tóquense al tiempo que se besan y masajean con la lengua y succionan diversas zonas desde los dedos de los pies hasta la nuca. Hay personas que centradas en esas caricias pueden llegar al orgasmo, realmente sentir un éxtasis sin que sus genitales estén en juego.

Cuando sientan que ya es momento de pasar a los otros estímulos, ya sea al sexo oral o a las caricias en genitales, no olviden el lubricante, el Soft Lube que mejor les acomode. En este caso, el aceite de masaje no es nada recomendable. Primeramente porque algunos de éstos contienen sustancias minerales que pueden alterar la flora vaginal, hay casos de alergias, porque recuerden que no es piel, piel son mucosas y en el caso del pene, igualmente puede afectar, quedarse entre los pliegues del prepucio y causar humedad (en el caso de los no circuncisos), sin olvidar que degradará el condón cuando ya estén listos para el coito.

Ahora, si entre caricia y caricia, no pudieron evitar que el aceite con el que se han masajeado llegue a la vulva o al pene, pueden tener a la mano unas Sex & Clean, son toallitas húmedas de Sico, que tienen este propósito particular, además de que son de lo más útiles cuando el momento nos agarra después de un día un poco sudoroso (digo, siempre se agradecen unos genitales limpios sobre todo para las labores orales). Y, además de que retirarán el aceite, evitando dañar el látex del condón, también podrán darle rienda suelta a los estímulos orales sin sentir la lengua oleaginosa ni con sabor a perfume como sucede con otras toallas húmedas.


Pero regresando al punto de los dedos y lengua por toda, todita su anatomía, ¿Qué tal que nos compartimos ideas de zonas nuevas a estimular? Comiencen por ‘Me encantaría (o encanta) que me tocaran, besaran o lamieran…’. Esto nos dará un gran diccionario de zonas.
Mis favoritas, la unión entre un dedo y otro de las manos, el nacimiento del cabello, cóccix, tobillos, ombligo y rodillas. Y que me dibujen con la lengua las líneas de la palma de la mano (ay!).

¿Las de ustedes? Venga, que le pueden cambiar la percepción a muchos con sus recomendaciones.

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