Anoche en mi clase de cine, estábamos analizando una escena que un par de compañeros actores tienen que preparar sobre un par de tipos, que cenan juntos. Uno de ellos, gay, refinado y ‘de mundo’, se pasa la velada enviándole mensajes de ligue y presionando a un típico hombre casado que viene a la ciudad a trabajar. Conforme se desarrolla la escena, el gay va poniendo más y más al otro contra la espada y la pared, intimidándolo. Entonces comienza el trabajo del actor que interprete al provinciano, de descubrir si su personaje es gay de clóset o simplemente se ha ido incomodando pero la interrogante es ¿qué es lo que no lo ha hecho salir de ahí o ponerle un alto al gay, que es obvio que está en pleno flirting?

Entonces yo dije ‘Bueno, si es gay de clóset, el actor que actúe al gay abierto, debe actuar como todo un desclosetador profesional, encantador y experto’. Y causó mucho risa mi término ‘desclosetador’. Y es que en verdad creo que existe esta categoría.

Eso sí, detesto cuando alguien (casi siempre homofóbico) se atreve a decir que alguien ‘volvió gay a otro’. Me parece un absurda estupidez retrógrada y menos que pusilánime. ¿Volver gay? Nadie se ‘vuelve’ gay. Esas personas que juran que por la vida hay ‘pervertidos’ convirtiendo a los tipos en gays, necesitan una poca más de neurona. Fuera de aquellos h.e.p. (abreviación de
hijoeputas, perdón, no la quería decir) que abusan de niños o púberes, creo que la gran mayoría de las personas por jóvenes que sean, saben y notan con toda claridad cuando una persona de su mismo sexo le está haciendo una propuesta o tirando el calzón y de cada quién es responsabilidad cómo actuará al respecto (espero que con respeto). Pero de eso de que esa persona ‘lo volvió o la volvió gay’, no existe.

Puede ser que por dicha influencia una persona se atreva a tener una experiencia con alguien de su mismo sexo, por curiosidad pero aquí hay algo claro, un antecedente: la curiosidad, una sensación que le hizo decir ‘vale hagámoslo o besémonos o qué se yo’. Y eso, no necesariamente determina su orientación, simplemente fue una (UNA) experiencia (ya cuando van más de 20 ‘experiencias’ ya estamos hablando de una preferencia, tal vez no orientación, pero sí preferencia). Y según algunos estudios, más de las personas que nos imaginamos han tenido agún tipo de acercamiento romántico o erótico con tintes gays. No obstante, es imprescindible aceptar la responsabilidad y no ir por la vida -debido a la culpa que los carcome porque socialmente el hecho está reprobado- diciendo ‘Tal guey o chava me hizo gay, yo no quería’. ¡Por favor!Y aquel que ‘comenzó por curiosidad, peo ahí se quedó’, me perdonarán pero no ‘lo vilvieron’, ya era.

Pero volviendo al tema de los ‘desclosetadores’, les diré que ellos, porque los he visto ‘en acción’, simplemente detectan cuando alguien está en el clóset y fomentan (porque se sienten atraídos) que esa persona se de cuenta de que lo es. Casi siempre el closetero (sin ofender, sólo para nombrar), si lo es, se sentirá perturbado, amenazado u ofendidísimo. Y comenzará un doble juego bastante complicado y poco sano. No obstante, creo que ‘el trabajo de desclosetador’ es bastante irrespetuoso y vulgar. Cada quien, sea cual sea su orientación, tiene el dercho personal e inalienable de ‘salir del clóset’ en SU MOMENTO; sin presiones.

Porque hay de desclosetadores a desclosetadores, aquellos que simplemente coquetean y envían miraditas o hacen invitaciones relajadas y que de alguna manera hacen reaccionar a quien se SIENTE y SABE en el clóset pero es que hay algunos, ¡que ah jijo! y eso no tiene nada que ver con la orientación (mis queridos discriminadores), se pueden comparar con esos hombres o mujeres heterosexuales que acosan, persiguen, joden y hasta amenazan jurando que están ‘ligando’.

Simplemente, cuando una persona de su mismo sexo ande sobre sus huesos, digo si no lo son, ¿por qué molestarse? Sólo se aclara la propia orientación y se acabó. Con respeto, sin esas jodederas de ‘¿Qué te pasa puto? o ¿Qué te creíste lencha cochina? ¡Yo no soy gay!’. Digo, cualquiera puede confundirse. Y eso sí, pedir respeto, para pararle el alto y evitar (si es un acosador) ciertas incomodidades. Lo que sí me da risa es cuando alguien que ha recibido flirteos de un gay, se comience a preguntar ¿Soy gay o parezco? Jajaja ¿Les ha pasado?

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