La cultura bajo la cual fuimos educados -para bien o para mal, cada quién- por lo regular nos insta a sentirnos culpables cada que nos salimos del molde. En cuanto a relaciones, el molde indica que no debemos ser infieles ni con la mente, ni a través de una fantasía. Evocar sexualmente a alguien o sentirnos terriblemente atraídos hacia una persona tendrá como resultante esa sensación de ‘soy una mala, malísima persona’ y para quienes suelen ser muy racionales, un indicativo de análisis profundo sobre su relación. Comienzan a preguntarse ‘¿Qué me está haciendo falta con mi pareja?’, ‘¿Estaremos viviendo en la rutina?’, ¿Comienzo a aburrirme?’. La complicación del punto es que todo lo anterior puede ser cierto, real. Puede ser que algo que nos falte o nos hiera, asuste, canse de con quien compartimos una relación amororsa pero igualmente puede ser que simplemente nos sintamos atraídos, en ebullición química por ese tercero o tercera sin que eso implique que algo anda mal en nuestro noviazgo/concubinato/matrimonio. Somos seres humanos. El tener pareja no nos exime de sentir atracción por otros, incluso de fantasear. No es necesaria la inútil culpa (porque que alguien me diga cuando la culpa le ha servido de algo). Eso sí, hay una enorme, abismal, abismalisisisisísma diferencia enre fantasear y ponerse nervioso cuando vemos al incauto(a) que comenzar a abrir la ventanita para que esa persona que nos atrae lo note y se arme la peligrosa tensión sexual. Ahí se cruza la delgadísima línea entre ‘derecho natural porque se poseen hormonas y feromonas’ y el ser infiel, o más bien dicho, potencialmente infiel.

¿Se han sentido culpables por fantasear con ese vecino nuevo, chica recién llegada a la oficina, etc? Nadie niega que es horrible. Sentimos que todos lo notan, pero peor aún, que la pareja está por notarlo. ¿Se debe decir esto a la pareja? Hablemos mijos.

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