Bastante común cuando se comienza una vida sexual coital (porque hay que dejar claro que comenzar en los andares sexuales no sucede hasta que se da una penetración pene-vagina), es común que haya un par de encuentros (o más) en que intentan tener relaciones pero no se logra. Por lo regular todo esto está abundantemente roceado de nervios y frustración. Muchos no se explican qué es lo que sucede, han realizado juegos previos, se sienten seguros ambos, parece ella estar aparentemente lubricada, él luce una erección adecuada pero el pene sencillamente no logra entrar. Justo cuando el pene se encuentra en el vestíbulo vaginal, a ella le duele un mundanal o -algunos hombres comentan- sienten como si su pene chocara contra algo duro, como un hueso. Luego, se empiezan a desesperar y la excitación se acaba. Vienen preguntas como ‘¿Debemos hacerlo?’ ‘¿Soy normal?’.

Bueno, antes que nada hay que comprender que es perfectamente común dicha situación. No todos lo logran a la primera. Termina uno tembloroso, angustiado, al tiempo aliviado, y aquello se convierte en un reto monstruoso. Lo primero que deben tomar en cuenta es: himen posiblemente rígido, tensión pélvica obvia, vagina tensa, falta de lubricación, nervios a chorros.

Requerirán de un masaje previo, que claro puede formar parte de los prolegómenos porque no se trata de hacerlo mecánicamente. Realmente tras la ejecución del mismo la cuestión se vuelve mucho menos compleja. Claro, no podemos olvidarnos de mujeres cuyos casos de dispareunia (extremo dolor al intentar se penetradas) o vaginismo (tensión muy intensa en los músculos pélvicos y vaginales causados la gran mayoría de las veces por cuestiones emocionales). Dichas mujeres por lo regular requieren de terapia sexual, hay algunas que después de años, a-ños, de matrimonio no logran hacer el amor o no lo logran sin un dolor extremo.

Pero en términos generales, y lejos de dichos trastornos, pueden probar el masaje antes citado. Es simple, ya preparado el terreno, besos, caricias, confianza, estimulación en zonas erógenas, etc. Y -muy importante- esto debe hacerse una vez que ella está excitada a través de estimulación clitoridea. Él deberá colocar en sus dedos anular e índice una cantidad más o menos copiosa de lubricante artificial, base de agua por favor, mi recomendación Soft Lube. No se les ocurra utilizar otras sustancias. Luego, con dichos dedos debe masajear la zona en que los labios menores se unen al vestíbulo vaginal. Y ahí, alrededor de dicho ‘orificio’, generar círculos al tiempo que va dejando en dicha zona el lubricante. Aquí están las glándulas de Bartolini, responsables de que lubriquemos de manera natural. Así fomentarán dicho proceso. Esto relajará la entrada y la sensación será placentera. Además, la lubricará. No hay que esperar hasta que el lubricante se torne escaso, se ponen más si es necesario. Posteriormente y también con una cantidad de Soft Lube en los mismos dedos, los van a introducir poco a poco, muy poquito a poco con las yemas de los dedos apuntando hacia el perineo o ano. Y una vez que estén un par de falanges dentro (no más), presionen levemente hacia el perineo como si bajaran. Esto relaja los músculos pélvicos y ella de paso puede buscar apretar esos dedos con sus músculos pubococcígeos como si hiciera Kegels. Eso igualmente relajará dichos músculos. La zona ya estará más que húmeda debido al lubricante y a la lubricación natural que surgió a través del estímulo de las glándulas de Bartolini.

Poco a poco se dilatará esta entrada al maravilloso mundo vaginal y cuando se sientan listos (porque puede ser que en el teje y maneje él pierda un poco el grado de firmeza), procedan a la penetración. Será mucho más simple, cómodo, relajado y ¡lo lograrán! Lo prometo.

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