Hay mujeres cansadas y hartas de haber buscado todo tipo de lubricantes, posturas sexuales y hasta remedios de la bruja del mercado que no dejan de sentir dolor durante las relaciones sexuales, en ese vaivén del pene dentro de su vagina que les prometieron desde adolescentes que sería un delicioso festín y que ven como el momento del horror. Dichas mujeres se excitan tranquilamente, sienten deseo, realmente quieren que su hombre entre en su cuerpo pero por más que tratan, el dolor termina por robarles las ganas.

Y no se imaginan la cantidad de chicas, señoras y señoronas que lo viven. Algunas de plano ya se acostumbraron, dicen que se enfocan a disfrutar de los escarceos, de los estímulos manuales u orales al clítoris, logran el orgasmo y que ya cuando llega el momento de la penetración se auto promueven un black out. Y ‘regalan’ ese momento a su pareja para que él disfrute una vez que ellas ya gozaron. Esta dinámica, evidentemente le carcome a cualquiera el corazón. Y no debe ser.

A esto se le denomina dispareunia. Antes de explicarles, le pido a nuestras lectoras recién estrenadas en las artes amatorias que no confundan. Una mujer que tiene poco tiempo, digamos no más de diez relaciones sexuales completas (coitales) en su haber y aún sienten dolor al momento de que el buen pene llega a su hermosa vagina, es poco posible que sufra de dispareunia. Su asunto es que -como ya les he dicho antes- los músculos de una virgen están atrofiados, por eso se perciben tensos, más con la práctica y los ejercicios Kegel, por ejemplo, poco a poco se va ejercitando el suelo pélvico y los músculos pubococcígeos; y el dolor desaparece.

No obstante hay mujeres que ya llevan una lagra ‘carrera’ y que el dolor sigue siendo su pan de cada noche. Si el dolor aparece al principio de la penetración, esta dispareunia se llama superficial. Si el dolor sólo viene durante una penetración profunda, se dice de la dispareunia que es profunda. Una dispareunia profunda es más veces de origen orgánico, que una dispareunia superficial.

Las causas pueden ser lesiones vulvo-vaginales, infecciosas, traumáticas o tróficas, o afecciones del perineo y de la pelvis.

Ya que sería fastidioso enumerar con todos los detalles las causas de las dispareunias, me limitaré a indicar las causas más frecuentes :

– Las micosis vaginales de repetición.

– Las infecciones del cuello uterino.

– La atrofia vulvo-vaginal post menopausia.

– Los desgarramientos del perineo (muy pocas veces las episiotomías) después del parto.

– Los quistes de ovario.

– La endometriosis.

– La retroversión del útero es también muchas veces resposable de una dispareunia profunda, pero sólo en ciertas posturas sexuales.

-Por fin, a veces, el punto de partida de la dispareunia es de origen psicológico, expresión somática de un conflicto con la pareja.

Y ahí es donde se pone la cosa complicadona. Hay tratamiento, sí pero debe estar debidamente enfocado hacia la parte psicológica. Claro, una vez que la situación médica (si es que la hubo) está resuleta. No obstante, después del tratamiento médico de la causa de la dispareunia, puede permanecer un fenómeno de condicionamiento al dolor. Tal cual si fuéramos ratones de Pavlov. Ya tenemos muy arraigado en el cerebro que sexo=dolor.

Este condicionamiento al dolor, durante cada acto sexual, hace que la mujer tema la penetración, lo que provoca una contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina, y entonces la penetración se vuelve dolorosa. Entonces la mujer entra en una espiral de fracaso que acarrea un dolor ¡que deja de ser orgánico para ser psicológico ! El ejemplo más frecuente encontrado es el de mujeres que, tras tener micosis vaginales de repetición (infecciones responsables de dolores durante la penetración), siguen sintiendo dolor, aunque estén curadas al nivel médico.

Como ven lo primero es descartar cualquier asunto ginecológico y luego echarnos el clavado hacia las emociones.

¿Dudas sobre relaciones con dolor? ¿Ocasional, persistente? ¿A qué otras cosas se puede atribuir? Échenlas, que yo vuelvo

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