Suena paradójico, mezclar dolor con placer. Pero (sin llegar a parafilias) hay ciertas caricias pasaditas de intensidad que suelen ser agradables… sí, agradables. Extraño o masoquismo inconciente. Aún no lo sabemos, hay opiniones sobre esos mordiscos, chupetes al cuello (claro, no al cuello uterino jiji), pellizquitos o el clásico nalgueo o spanking y algunos especialistas dirán que aquel que goza con cierto dolor está demente y otros que afirmen que e es parte de la naturaleza.
Así es, hay un enorme compendio de estudios al respecto y algo coincidente es que la mente humana es un intrincado universo. Las causas pueden provenir de la infancia ya que desde entonces estamos ‘programados’ a reaccionar ante el dolor y la utopía de la vida perfecta nos aburre, nos insensibiliza. También se nos ha instado a creer que ante el dolor y el esfuerzo siempre llega un ‘premio’ que nos consolará, en este caso el orgasmo. El psicólogo Hernán Cancio López del Hospital Universitario La Paz en España, afirma “En nuestra sociedad cada vez se desea más el placer, pero al placer te acostumbras rápido, y para mantener la intensidad tienes que reforzar el estímulo, y hay gente que acaba buscando el dolor como única manera de sentir algo” No obstante, no es un asunto actual, desde inicios de la humanidad, parece que las sociedades buscan el sufrimiento para sentir que están vivos y el impulso sexual puede requerir de ciertas prácticas que ayudan a perpetuar el ‘dolor necesario’ como los mordiscos, la asfixia, los rasguños, que de alguna forma son más perceptibles de respuesta nerviosa que un beso suave o una caricia.

¿Estamos perdiendo sensibilidad al grado de necesitar dolor? No suena muy incongruente. ¿Han disfrutado con algo de dolorcito (digo sin llegar a la sangre y los moretes)?

Y por cierto, miren la burrada que encontré. ¿Para qué quiere uno un chupetón fake?

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