Hace tiempo un lector me escribió diciendo que Dios le había quitado a su novia. En cuanto leí ese subject pensé inmediatamente en que la chica en cuestión había muerto y sentí una pena enorme. En el cuerpo del mail descubrí que él se refería a otro tipo de ‘robo’. Me dejó pensando demasiado. Él comentaba que su chava era una devota testigo de Jehová. Como es natural y bilógicamente correcto, con la convivencia y dada la relación de amor, el contacto y la edad, un día se vieron envueltos en el erotismo y tuvieron ciertos juegos sexuales. Manoseo, faje, como gusten llamarlo. No llegaron al coito pero sí hubo excitación sexual -obviamente- de por medio. La chica después no soportaba la culpa, le dijo que se sentía obligada según sus creencias a decírselo a sus padres y guías espirituales. El resultado sería, y así fue, que le prohibirían volver a ver a ese ‘mal muchacho’ que la tentó (de tentación) y la hizo pecar. Me pedía que le diera mi opinión. Un verdadero problema para mí, ya que si algo me hace enojar, entristecer y desesperar es ver la crueldad con la que muchas religiones ‘dirigen’ a sus adeptos: con base en el miedo. Los resultados que desean provocar en sus feligreses o creyentes -que no dudo que sean en pro de su bienestar- no lo fomentan con base en una fe certera y pacífica sino en el tormento. En la típica ‘creación de conciencia’ basada en ‘si no haces lo que nosotros decimos que está bien, serás castigado por el Creador’.

La sexualidad es uno de los puntos más finos abordados con ese ‘método’, y en ningún momento creo y repito, creo, ha logrado que un ser humano viva una sexualidad plena y resposable. Porque no instan a las personas a asumir que su sexualidad es un modo más de estar en contacto consigo mismos -y con el Dios como ellos lo conciben- al contrario, lo manjean como una tentación, un pecado, una manera de dejarse seducir por el demonio o las fuerzas oscuras. Entonces la gente vive teniendo miedo de su naturaleza, de su cuerpo y de las sensaciones que llegan a él. Cuando sus instintos hacen lo suyo y tal como ésta chica, viven un momento sexual, la culpa los hiere y les causa un peso imposible de soportar. La sexualidad plena es un concepto personal pero de alguna manera todos tenemos absoluta conciencia de aquellas cosas que pueden terminar por dañarnos en cualquier aspecto. Y es decisión de cada uno. No obstante, una mala decisión no provocará que baje un arcángel a atravesarnos con su espada. Las consecuencias las tendremos que pagar por nosotros mismos y esa será la manera de darnos cuenta que esa no era la vía. Pero muchas religiones no fomentan esa conciencia por libre albedrío, por amor propio y por una búsqueda de la plenitud. Utilizan el miedo como instrumento, creando verdaderas hecatombes emocionales y esprituales en las personas. Ellos hablan de fe. ¿Cuál fe? Si tuvieran tantita fe en el Ser Humano, confiarían en que cada uno tenemos la capacidad de crear conciencia y amarnos. Entonces, no utilizarían su vieja estrategia.

Finalmente, como le recomendé al lector, debemos respetar. Él no va a acambiar lo que ella ha mamado desde niña. Y así debemos mantenernos, respetuosos. Pero si tenemos la oportunidad de abrir los ojos, hacerlo.

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