El sexo nos da poder. Por desgracia, hay quienes trasladan ese dominio a la podredumbre de sus mentes. No hablo de la satisfacción personal vivida tras un encuentro sexual. Más bien de las bestias que lo utilizan como una herramienta de control, venganza y sometimiento. Desde violadores hasta simples esposos cuyos métodos de ‘darse a valer’ van de la mano a la cópula de manera brutal.
A lo largo de la historia hemos visto que es común que los conquistadores violen a las mujeres del pueblo vencido. Es como la cereza del pastel de mierda. No sólo habían dejado devastadas las ciudades, incendiado, robado, en fin; encima, dejaban una huella espantosa e imborrable en sus mujeres. En todas las guerras desde las más antiguas hasta la de Vietnam, la de los Balcanes, Palestina y las de hoy en día, se ha utilizado como una táctica militar generalizada.
Desde la retórica de la mitología griega, el rapto de mujeres significaba el dominio sobre el pueblo, la violación de la madre divina que originaba el debilitamiento de sus dioses y su población. Por ejemplo, cuentan los mitos que Zeus abusó y embarazó a Dánae, princesa de Argos; a Leda, princesa de Esparta; a Antíope, princesa de Lebas  y a muchas otras. Salvo cuando su celosa esposa Hera lo impedía él hacía lo que le venía en gana. Hera en vez de vengarse de él, lo hacía sobre las cabezas de las violadas. De esta forma, Zeus se convirtió en el padre de todas las naciones, al dejar su huella genética en todas las dinastías existentes y establecía el derecho de sus sucesores a gobernar. ¿No les suena conocida esta historia en la actualidad?
Nuestro mestizaje en gran parte es producto de las violaciones a las mujeres indígenas de los diferentes grupos étnicos. Aquellos hijos que nacían de tales abusos eran vistos –en muchas ocasiones- con el mismo valor de un perro. En México la raza de perros en aquel entonces eran los Xoloescuintles o escuincles. Cuando un niño producto de violación no era querido, se le llamaba así ‘escuincle’ porque buscaría su comida entre las sobras y andaría por las calles. Hasta le fecha se usa este término pero ya no es tan despectivo hacia los niños, es un modismo.
El sexo nos puede traer grandes beneficios pero como seres humanos ‘para variar’ le hemos dado un sentido asqueroso a las cosas más bellas de la naturaleza. El sexo como un arte de horrorizar, de hundir, de infectar. Esperemos que algún día tengamos la capacidad de recordar nuestra calidad humana y nos libremos de estas atrocidades. Amnistía Internacional hace esfuerzos a diario pero, como todo, las enseñanzas empiezan en casa. Jamás permitan que sus hijos vean como una posibilidad el abuso a una mujer para alimentar su hombría o sentir poder.

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