Después de los 35 años, las probabilidades de dar a luz un bebé con algún daño congénito relacionado con los cromosomas, aumentan. El Síndrome de Down es el más común junto con anomalías o defectos físicos así como el retraso mental. Una mujer de 25 años tiene una posibilidad de 1 en 1,250 casos mientras que una de 45 tiene 1 en 30 y una de 49, 1 en 10. Por otro lado, aumentan los riesgos de aborto espontáneo, si tienes alguna afección o enfermedad crónica puede exacerbarse y la posibilidad de complicaciones como la diabetes gestacional, problemas con la placenta, parto prematuro y nacimiento sin vida aumenta significativamente. Además, antes de decidirte debes someterte a un chequeo integral exhaustivo para establecer tus propios riesgos, desde una química sanguínea hasta ultrasonidos de todos los órganos que entran en juego (casi todos) cuando un bebé crece en tu vientre.

No obstante hay muchos casos de éxito. Pero se requiere de mucho monitoreo médico.

Quizás el riesgo ‘práctico’ de tener un hijo a los cuarenta y tantos es la falta de energía que muchas mujeres experimentan a esa edad para criar y convivir con un niño de acuerdo a sus requerimientos. Por decir así, cuando sea adolescente, tenga 16 años, por ejemplo, su madre tendrá 56 si no es que 60. Y a esa edad, no siempre se tiene la paciencia para darle la atención que necesita un adolescente. En toda etapa un hijo necesita toda la atención del mundo. Ummm, ¿estaremos tardando mucho las que ya rebasamos los treinta y no tenemos ni para cuando planear?

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