Las profesionales del sexo servicio tienen un poder impresionante sobre ciertos hombres. Específicamente en aquellos vulnerables a sentir demasiada afinidad (y un poco de compasión mal comprendida), e igualmente sobre aquellos que no gozan de una vida sexual muy apasionante o que no la perciben como plena. Nadie niega que ellas, como todo ser humano, pueden generar reacciones emocionales hacia alguno de sus clientes, pero también ya están más que curtidas y con el colmillo requete afilado para detectarlos; para saber claramente qué cliente es de ‘esos que se enamoran’ o que creen que mágicamente se ha creado un vínculo. Tienen claro que esos especímenes tienen su alma de Richard Gere en Pretty Woman. Y obvio, saben cómo aprovecharse de ello, tienen una táctica efectivísima para que la reacción de dichos hombres se les traduzca en más ceros en su cuenta, regalos, etc. y saben capotearlos contestándoles que igualmente sienten algo por ellos o que se sienten atraídas. Y el buen muchachón se lo cree. Estas profesionales, como toda variedad de calidades éticas hay en el ser humano, tienen la suya. Algunas se mostrarán verdaderamente ojaldras y no pararán de exprimir al hombre que quedó prendado de sus carnes y/o estrategias cojedoras (aquí no aplica lo de amatorias) pero otras, como una escort que me ha escrito, sí comienzan a sentir a su conciencia calarse.

Ella, me comenta en el mail que uno de los chavos que atendió recientemente en su despedida de soltero, la contactó días después para verla y que la invitó a cenar y bailar. Ella aceptó, cobrándole claro, y evidentemente tuvieron sexo de nuevo, los mensajitos al celular continuaron y ella siguió dejándose contratar. Ella se sentía contratada, pero en dichas salidas ya comenzaron a hablar sobre cuestiones personales (gran error) y aunque siempre hubo intercambio monetario de por medio, su relación tomó otros tintes. Inlcuso, ella canceló otras citas por verlo. Él, anoche, le llamó y se vieron. Una vez acabado el merengue, le dijo que acababa de cancelar su boda porque estaba enamorado de ella y le pide que deje su chamba para estar juntos. Dado eso ella no le cobró (gran segundo error) y se despidieron, con la promesa de que iba a pensar las cosas. Ahora siente enorme culpa, no puede dejar de pensar en la novia que acaba de ser casi plantada y tampoco se siente enamorada del cliente pero no sabe cómo parar la situación, si debe simplemente ya no contestarle el teléfono o desencantarlo y ser honesta.

Bueno, estamos ante el caso de una con cierta ética pero no siempre las hay y creo que debido a que cada vez se hace más común contratar este tipo de servicios y la demanda aumenta, es necesario que todo cliente tenga claro el intercambio que se está dando: no es una chica que conoció y que se fue a la cama con él por el mero placer, ella no lo eligió, es parte de su trabajo. Y aunque algunas se pueden dar el lujo de decir ‘este sí, este no’, la mayoría no se asegura de que le parezca apetitoso. Por Dios, niños, no se cieguen. No transfieran los vacíos emocionales o hasta carnales hacia una mujer que está ahí como una de las múltiples ocasiones que ha estado con otros. Respeten el trabajo y la integridad de estas proveedoras de servicios pero tengan en la cabezota bien claro a lo que van. Digo, en este caso, si él canceló la boda por esta razón, es igual, iba a encontrar otra; sólo necesitaba un pretexto porque con seguridad no era lo que realmente quería. Está literalmente enculado y eso también se le va a pasar pero por lo pronto ya se armó un novelón que bueno, ni de Yolanda Vargas Dulché o La Colorina.

¿Han sabido de otros casos? Yo tuve un amigo hace años que llevó a una chica escort a un fin de semana a la playa al que fuimos varias parejas. Nadie sabíamos que ella era profesional. Y no lo notamos, parecían una pareja que estaba saliendo muy contentita, ella una chica que se veía como cualquier otra, guapa y buen cuerpo y cero facha exuberante. En una de esas noches en que las copas corrieron y el amigo en cuestión se puso hasta sus manos, no sé qué fue lo que le dijo o hizo y ella se enojó. Se escuchaba que discutían en una de las recámaras de la casa que rentamos. Minutos después él regresó a la terraza donde estábamos todos y al poco rato ella llegó con maleta hecha y le gritó ‘¡Págame porque ya me voy! Son tres noches, la comisión y en lo que quedamos’. Madres! Nos quedamos helados. Él en su peda se levantó, fue por su cartera y le dio el dinero (que seguro ya llevaba preparado). No dijimos una palabra. Claro, frente a él porque en cuanto se durmió por supuesto que chismeamos como locos. No lo podíamos creer y al otro día, él deprimidísimo le llamó una y otra vez y ella ya no le contestó. Nos confesó estar enamorado. Y bueno, no lo culpo al menos en el viaje parecía una chava muy cool ¿Ven?

Share Button